Cataluña hierve de nacionalismo

El próximo 25 de noviembre habrá elecciones para renovar el parlamento catalán y los independentistas tienen puestas sus esperanzas en que ese cuerpo colegiado convoque a una consulta para decidir sobre la independencia de Cataluña. El tema no es nuevo, pero el fervor con el que ahora se manifiesta sí. Los separatistas ahora ventilan abiertamente su sentir e incluso 554 ayuntamientos hicieron consultas populares entre 2009 y 2011. Más de un millón de ciudadanos de esa comunidad autónoma votó por separarse de España, a la que consideran una metrópoli impositiva y castrante.

BARCELONA, ESPAÑA.- Anna Arqué, portavoz de la Asociación por la Independencia Europea (European Partnership for Independence, EPI), que promueve la autodeterminación de Escocia, Flandes y Cataluña, acepta ser entrevistada en español aunque regularmente sólo habla en catalán o inglés. “Cuando seamos un Estado independiente tendremos menos problema con el español; ahora es una cuestión política”, dice con sorna.

Todos los comunicados de la EPI a los que este semanario ha tenido acceso están redactados en esos idiomas. Nunca en español.

La vocera de la EPI tomó parte en la organización de las primeras consultas municipales en torno a la posibilidad de independencia, iniciadas en Cataluña en septiembre de 2009. La más simbólica fue en el ayuntamiento Arenys de Munt, a 45 kilómetros de Barcelona, una población de más de 6 mil habitantes donde 41% de ellos acudió a votar y 96% de los participantes de esa consulta ciudadana no vinculante votó por el “sí” a la independencia.

Arqué explica: “Hubo entonces un efecto contagio y otros ayuntamientos catalanes se sumaron a estas consultas por la autodeterminación”, apoyados en un protocolo creado por una coordinadora  nacional  en  la  que  participaba  ella.

Al final 554 ayuntamientos hicieron la consulta. El último fue Barcelona, el 10 de abril de 2011 con una participación de más de 257 mil ciudadanos, es decir 21% del padrón electoral. De éstos, 89.7% se pronunció por la independencia, 8.9% en contra y el resto fueron votos en blanco o nulos. En total más de un millón de catalanes se manifestaron en las urnas.

“Yo voté aquí en Barcelona; por supuesto, a favor de la independencia”, dice Josep Antoni Lara, encargado de un restaurante en el barrio de Eixample. “Mis hermanos participaron en la organización, dedicaron largas horas en reuniones de preparación y puesta en marcha de esa consulta; iban y venían en sus coches, llevaban vecinos también involucrados, preparaban comida para varios. Fue una fiesta colectiva”, añade.

La organización corrió a cargo de los ciudadanos. No hubo partidos políticos ni gobiernos detrás de la iniciativa. Aunque luego casi todos los ayuntamientos asumieron formalmente el resultado de dicha consulta y hasta ahora 79 municipios se han declarado “territorio catalán libre y soberano”.

El 13 de septiembre, luego de que el pleno municipal de Arenys de Munt aprobara la moción para declararse libre y soberano, el alcalde Josep Manel Ximenis envió cartas a Martin Schulz, presidente del Parlamento Europeo, y a José Manuel Durao Barroso, presidente de la Comisión Europea, pidiendo un encuentro para iniciar conversaciones sobre la voluntad del pueblo catalán de convertirse en un Estado independiente.

Este proceso en los ayuntamientos sirvió de preámbulo para que días después, el pasado 27 de septiembre el Parlament de Catalunya aprobara por mayoría la realización de una consulta soberanista (Proceso 1874).

Pero esta resolución es opuesta a otra en la cual todos los partidos representados en el Parlament rechazaron “una Iniciativa Legislativa Popular (ILP) que varias organizaciones presentaron en mayo de 2009”, dice Arqué y añade: “Ésta surgió tras una importante manifestación de 8 mil catalanes en Bruselas, en febrero de ese año, a la que convocó deumil.cat y que se conoció como el ‘independentismo de corbata’, porque el portavoz de ese movimiento era el catedrático universitario Enric Canela”.

“Por ello, tras el rechazo del Parlament, esa propuesta se derivó a los ayuntamientos”, apunta.

“La nueva resolución del Parlament de convocar a una consulta ciudadana es muy importante para las asociaciones civiles que participamos en las consultas municipales, la recibimos con alegría y con una sensación de victoria porque el punto central de nuestra coordinadora exigía un referéndum por la independencia; fue un proceso de muchos años sin la ayuda de los partidos. Éramos los ciudadanos los que asumimos toda la organización, los movimientos sociales estuvimos por delante de los partidos políticos y ahora parece que como mínimo estamos los unos al lado de los otros”, dice.

“Esto ha servido para normalizar la palabra independencia. Dejó de ser un objetivo político de un solo grupo o un deseo personal para convertirse en una voluntad colectiva.”

De cara a las elecciones catalanas del 25 de noviembre, de donde surgirá el nuevo Parlament que convoque a la consulta ciudadana “prioritariamente” en la próxima legislatura, es decir, en los próximos cuatro años, Arqué es cautelosa: “Debemos tener en cuenta lo que los partidos propongan en sus programas electorales, porque la declaración parlamentaria dice que se hará una consulta, no dice un referéndum por la independencia, por tanto seremos observadores y castigaremos la ambigüedad o el eufemismo de los partidos”.

“O eres independentista o no lo eres; no queremos eufemismos como ‘soberanía’ o ‘estados propios’. Por ello esperamos que todo esto no sean fuegos de artificio electorales, esperamos que (dicha propuesta) tenga cuerpo real y se plasme sin ambigüedades, que ofrezcan un programa y un calendario para llegar a ese fin.”

“Esperamos”, dice, que Convergencia i Unió (CiU) –partido del presidente Artur Mas, al que una encuesta del diario La Vanguardia augura estaría cerca de conseguir la mayoría relativa el 25 de noviembre–, “defina su posición con firmeza, porque los ciudadanos tenemos derecho a ir a votar sabiendo perfectamente qué plantean”.

 

Bandera estelada

 

Albert Salamé, fotógrafo del diario El Punt Avui (El Punto de Hoy) despliega sobre un escritorio la edición del 12 de septiembre, un día después de la multitudinaria marcha de la Diada (día nacional de Cataluña), donde millón y medio de catalanes se manifestaron en las calles de esta ciudad reivindicando la autodeterminación.

El encabezado dice “Vía libre” sobre una fotografía panorámica de la marcha con un semáforo con luz verde en primer plano; el tabloide desplegó en 34 páginas la información de la marcha.

“Esta marea humana fue una demostración de que perdimos el miedo a hablar y debatir abiertamente sobre la independencia de Cataluña”, dice Salamé, quien en su juventud formó parte de movimientos de la izquierda independentista.

Muestra las decenas de imágenes publicadas en las que sobresalen miles de ciudadanos empuñando sus banderas esteladas (estrelladas, en catalán), que es la bandera no oficial utilizada por los partidos y ciudadanos independentistas, mismas que semanas después de la marcha todavía cuelgan de los balcones en los principales barrios de este puerto mediterráneo. Una estelada de grandes proporciones estuvo colgada durante días de las torres de la Sagrada Familia, la monumental obra de Antoni Gaudí.

“Fue la mayor demostración de alegría, la gente se mostraba feliz. En los últimos tiempos en el bar, en la oficina o en la carnicería se habla sin tapujos de la independencia”,  recuerda  el   fotógrafo.

Relata un hecho que se ha repetido en todos los actos reivindicativos, desde la gran marcha del 10 de junio de 2010 en repudio al fallo contra el Estatut Catalán que emitió el Tribunal Constitucional. “En las manifestaciones se adoptó la canción de un programa infantil del canal Super3, que dice –mientras la canta en catalán– ‘no tengo miedo’, ‘ser valiente es mucho mejor que tener la fuerza’”.

Esta canción, explica, “contrasta con el discurso demasiado frontal hacia Cataluña que viene de Madrid; históricamente ha sido muy agresivo, muy franquista, porque al parecer en la derecha española no hubo una purga, a veces se sigue sintiendo ese tufo de odio que Franco le tenía a Cataluña”.

En ello coincide Eulalia Reguant, entrevistada por separado, quien luego de hacer un amplio repaso histórico sobre las relaciones entre Madrid y Cataluña trae a colación una anécdota: “En la época de Franco, en Barcelona no podía haber más coches que en Madrid”, dice.

Entrevistada en las oficinas de Justicia y Paz, organización que desde 1968 trabaja a favor de los procesos de desarme en el mundo, Reguant considera que “el franquismo es el que más alimentó la pugna con Barcelona”.

“En ese entonces estaba prohibido aquí hablar catalán. Pero ese constante y permanente ataque a esta cultura ha propiciado que históricamente seamos un pueblo que siempre ha resistido y que pese a todo es el que mejor conserva su cultura y su lengua de entre los Estados no reconocidos.”

Por ello, prosigue, mientras “Franco insiste en aplastar culturalmente, aquí es la cuna de importantes movimientos de resistencia antifranquista donde nacen el Partido Socialista Unificado de Cataluña (PSUC) y también las Comisiones Obreras (CCOO)”.

Reguant no desconoce que hay dificultades económicas y un déficit fiscal en esta comunidad autónoma, pero considera que “socialmente existe una sensación de abandono y de olvido por parte de España, para que Cataluña no sea más que el resto; pero ese abandono y esa necesidad ahora ha eclosionado”.

–¿Qué viene? –se le pregunta.

–No veo claro qué acabe pasando. El 26 de noviembre no seremos independientes ni se logrará en tres meses, pero sí ha cambiado la perspectiva. Una cosa es la voluntad y otra es cómo lo haces realmente.

Recuerda el caso de la provincia canadiense de Quebec, que desde hace 20 años tiene una declaratoria de independencia que hasta ahora no se ha concretado.

En el caso de Cataluña, añade, en CiU “hay gente que les cree; otros ven que (Mas) se montó al carro y lo ven con cierto recelo. Me gusta lo que está diciendo pero no tengo muy claro si es real lo que propone. Me da miedo que si ganan el 25 de noviembre todo se diluya y se olvide por completo”.

 

Barça-Madrid

 

Otro de los rasgos de disputa permanente entre el catalanismo y la capital de España es la rivalidad entre los equipos de futbol Real Madrid y Barça.

Para Salamé y Reguant es parte del mismo proceso de disputa hacia lo catalán y lo que representa España. “A veces ese aspecto político o de identidad se refleja en el contencioso entre los dos equipos”, dice Salamé. Reguant considera que hay incluso una proclividad a que “el Madrid siempre fichara a los mejores jugadores”.

El periodista Emilio Pérez de Rozas explica que “dicho contencioso es muy grande y es real”; no obstante aclara que es resultado de que el Barça “nunca ha renegado de su vinculación catalana, aunque no propiamente independentista”.

“El Barça es una entidad que representa, más allá de lo deportivo, a un pueblo que tiene sus características, su lengua, su literatura, su historia de república independiente. Es por las ansias de un país de sentirse identificado, no de sentirse independiente”.

Reportero y columnista de El Periódico, de Cataluña, Pérez dice que esto viene de lejos, cuando durante el franquismo los equipos catalanes como el Barça, el Orfeo, el Montserrat y el Liceo entre otros, “se mantuvieron firmes, a la defensiva, siendo una versión de esa visión catalana; identificados con el país frente a la identificación que el Real Madrid tuvo con el régimen franquista”.

Aclara que en el Barça caben todos: “En la masa de seguidores del club hay toda la representación posible, los independentistas, los catalanistas, los españolistas. Creo que el punto de identificación con la señera es enorme y la identificación con la estelada, que representa la independencia, es menor, porque en la masa social hay de todo”.

“Pero no hay duda de que el binomio Barça y el catalanismo es tremendamente real. Incluso miles de extranjeros instalados en Cataluña asumen su situación de catalanes por adopción a través de su comunión con el club.”

Pérez de Rozas reconoce sin embargo que “con el resurgimiento y consolidación  de  se  espíritu   independentista  el  Barça vuelve a cobrar un punto protagónico en el escenario, por eso el macrocartel para el próximo choque con el Madrid representará más a la Diada que al club o al futbol”.