Partidero

Si el nuevo ayuntamiento de Zapopan que encabeza desde este lunes 1 de octubre Héctor Robles Peiro mantiene firme la determinación de su antecesor, Héctor Vielma, de apegarse a los planes parciales de urbanización que prohíben a la Villa Panamericana convertirse en un conjunto habitacional, dará un revés ejemplar a las desmedidas ambiciones de sus promotores –incluido el gobernador Emilio González Márquez– de hacer un gran negocio a costa de atentar contra el Bosque de la Primavera y de sacrificar la zona de captación de aguas subterráneas en El Bajío. Falta también una sentencia del Tribunal de lo Administrativo del Estado (TAE) que nulifique la licencia municipal y evite la comercialización del inmueble por violación a las leyes ambientales y de desarrollo urbano. Los edificios del complejo, de cuatro hasta 20 pisos, fueron construidos por asignación directa, con financiamiento de un organismo dedicado a la construcción de vivienda para personas de escasos recursos económicos: la Inmobiliaria y Promotora de Vivienda de Interés Público (Iprovipe), que aportó 400 millones. Además, el Instituto de Pensiones de Jalisco (Ipejal) hizo un préstamo de 340 millones de pesos para el levantamiento del conjunto. En otras palabras, al destinar esos 740 millones de pesos para las villas, se dejaron de financiar alrededor de 2 mil casas o departamentos de interés social. Y como la burocracia también resultó afectada por esta maniobra, ya hizo su reclamo ante los tribunales a través de la Federación de Sindicatos de Trabajadores al Servicio del Estado. La empresa beneficiaria de tales financiamientos fue Corey Integra, S.A. de C.V., cuyo presidente es Francisco Cornejo Reynoso. Con el apoyo oficial, concretamente del gobierno del estado, la inmobiliaria tenía planeado hacer cera y pabilo con la venta de los departamentos a gente de clase media y media alta al término de los XVI Juegos Panamericanos. Ahora, todo dependerá de la firmeza o no de las autoridades municipales para hacer cumplir los planes parciales de desarrollo urbano.

 

u u u

El Museo de Arte Sacro de Guadalajara (MASG), ubicado en la esquina sureste de la Catedral Metropolitana, parte posterior, abrió sus puertas hace tres meses, aunque parece incompleto. La sala capitular, por ejemplo, donde se encuentran los retratos al óleo de prácticamente de todos los jerarcas –obispos y arzobispos– que han pasado por ahí desde hace cerca de cinco siglos, aún está cerrada. Tampoco está a la vista el cuadro de la Asunción de la Virgen, de Murillo (se le puede observar a medias en la sacristía por unas rendijas desde la segunda planta), que sería uno de los principales atractivos. Además, aunque la iluminación es automática, tarda en encender y en algunos módulos parece insuficiente. No hay una guía o catálogo impreso que facilite al visitante su recorrido y, como colofón, el ciprés con sus cuatro evangelistas esculpidos en mármol de Carrara que fue desmontado del altar mayor en tiempos del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo, cuando se modificó el presbiterio, aunque está de nuevo en pie y se puede observar desde el ingreso, está incompleto y lleno de polvo. Los vigilantes aseguran que es por una cuestión meramente burocrática del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) que no han permitido sacudirlo ni colocar los nombres de Mateo, Marcos, Lucas y San Juan, ni otros complementos y adornos en bronce.

u u u

Por otro lado hay que reconocer que el museo, que se hizo por iniciativa del anterior arzobispo, Juan Sandoval Íñiguez, quien lo inauguró el 7 de febrero pasado, la víspera de que asumiera su sucesor, el cardenal José Francisco Robles, tiene piezas de gran valor que van desde la escultura hasta la fina orfebrería, pasando por la pintura con obras de maestros tan reconocidos como el propio Murillo, Diego de Cuentas, Miguel Cabrera, Francisco de León y Cristóbal de Villalpando. En suma, el MASG cuenta con unas 200 obras de los siglos XVII al XX, incluida orfebrería nacional y extranjera de oro y plata con incrustaciones de piedras preciosas y ornamentos muy valiosos, que a principios del siglo pasado fueron premiados en exposiciones de París, por ejemplo, que bien vale la pena ver, previo pago de 20 pesos.

 

fcobian@proceso.com.mx