Calderón y Zedillo “serán alcanzados por la justicia”

Señor director.

La iniciativa exitosa del gobierno de Felipe Calderón para lograr el reconocimiento por el gobierno estadunidense de la inmunidad para el expresidente Ernesto Zedillo, y así blindarlo ante la demanda por su responsabilidad como uno de los autores intelectuales de la masacre de Acteal, constituye una triple afrenta: para la justicia en México, en nuestra región y a escala internacional.

El efecto más inmediato pero oculto de esa determinación es que constituye un operativo tipo 2×1, pues procura la impunidad de Zedillo y del propio Calderón, al sentar un precedente que servirá a éste en caso de concretar su propio exilio dorado en ese país.

Dicha maniobra profundiza el triste posicionamiento de México como una excepción notoria de las corrientes a favor del cambio y de la justicia en América Latina durante las últimas décadas, que han incluido la detención y el procesamiento de exjefes de Estado y otros altos mandos responsables de crímenes de lesa humanidad y de guerra equivalentes a los de Acteal (y otros semejantes, como los de Aguas Blancas, El Charco y El Bosque, también atribuibles a Zedillo y sus cómplices), como Pinochet, Fujimori, Videla y Ríos Montt –desde Chile y Perú hasta Argentina y Guatemala–, a los que muy pronto seguirán otros, como Uribe en Colombia (por la masacre de Sucumbíos y mucho más).

Los casos de Zedillo y Uribe son además convergentes por referirse a su responsabilidad por acciones y omisiones relacionadas con el paramilitarismo como expresión del terror estatal.

El afán de Calderón para alcanzar la impunidad propia y conseguir la de Zedillo también vulnera el orden jurídico que se refleja en la normatividad y jurisprudencia del derecho internacional en general y, específicamente, del correspondiente a los derechos humanos, el derecho penal internacional y el derecho internacional humanitario, con su concreción en los principios emanados de los juicios de Nuremburg, las Convenciones de Ginebra y el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional, entre otras obligaciones incorporadas al derecho constitucional mexicano.

Pero será inútil. Tarde o temprano serán alcanzados los dos por la justicia que les espera, estén donde estén, a través de la conciencia movilizada de los pueblos que la seguirán persiguiendo incesantemente, sin fronteras, hasta que se obtenga, conjuntamente con el goce efectivo de los derechos a la verdad, la reparación integral individual y colectiva, y las garantías de no repetición de las conductas que nos han vulnerado.

 

Atentamente

Enrique González Ruiz, coordinador del Posgrado en Defensa y Promoción de los Derechos Humanos de la UACM, y Camilo Pérez Bustillo, profesor-investigador del mismo posgrado y miembro de la Comisión sobre Migración, Refugio y Desplazamiento Forzado del Capítulo México del Tribunal Permanente de los Pueblos