El negocio de Jesús Bueno

Más que cementerio municipal, el Panteón Jardín de Guadalajara está convertido en un basurero, en particular la sección 1-16, en la zona sur, donde los escombros y restos sólidos forman montañas de las cuales emanan fétidos olores y en las que se encuentra de todo, incluidas osamentas y cráneos de animales.

Los familiares de Zenaida Sierra, Esteban Cárdenas y Roberto Mendoza se quejan porque, dicen, cuando van a visitar a sus muertos desde sus tumbas ni siquiera pueden apreciar la vista panorámica de la zona sur que ofrece el cerro de Santa María.

Cuando se le cuestiona a Javier, un empleado del área de administración, a qué se debe tanta suciedad y escombro en el panteón –cuya superficie es de 28 hectáreas y se ubica en las avenidas Laurel de la India y Ahuehuetes, colonia Torres España – sólo comenta que “están amontonando la basura… El por qué, no le sabría decir”.

Uno de sus compañeros, que viste playera y gorra roja con el logotipo del ayuntamiento, comenta: “Lo que pasa es que, quienes ganaron en este ayuntamiento (los priistas) despidieron mucho personal del cementerio y ya no contratan más gente. Por eso nos estamos atrasando en el trabajo.

“¡Imagínese! –dice–. Somos cinco personas para todo el cementerio. Tenemos que limpiar, fumigar, hacer exhumaciones, bajar muertos; todo lo hacemos nosotros.”

E intenta justificarse: “Yo sé que me va a decir que el gobierno les cobra impuestos pa’ mantener limpio el lugar; sí, pero nosotros no podemos hacer nada. Apenas estamos limpiando de allá para acá (de oriente a poniente), poco a poco. Pero para el Día de Muertos ya va a estar limpio”.

Funcionarios del Panteón Jardín admiten que los escombros fueron arrojados a la sección 1-16, precisamente en el Circuito de los Apóstoles, al menos desde hace dos años. Su declaración coincide con la de las personas que el domingo 16 visitaron las tumbas de sus familiares.

Negocios e irregularidades

 

Ante la falta de personal, el administrador del cementerio, Jesús Bueno, aceptó que gente externa al ayuntamiento –un anciano apodado El Bigotes y dos más– apoye a los trabajadores en sus faenas de barrido y acarreo de escombros. Asimismo, Bueno permitió que dentro del panteón se elaboren lápidas, floreros de cemento e implementos para las tumbas.

Los empleados aseguran a la reportera que el negocio se montó en la actual administración y su propietario también fabrica losas en el Panteón Guadalajara, aun cuando no tiene una concesión por escrito de la Dirección de Servicios Generales. Sin embargo, Bueno se lo permite porque recibe un porcentaje de las ganancias, dicen los entrevistados.

Se quejan también porque “los empleados del losero meten cervezas”, incluso muestran fotografías en las cuales se observan botellas de cerveza metidas entre las losas; además, el administrador permite que un camión de volteo rojo sin rótulo arroje escombro en el interior del panteón por lo menos una vez a la semana. Subrayan que el vehículo abandona el cementerio cargado de arena amarilla.

En un recorrido por el lugar, Proceso Jalisco detectó que a lo largo de la Calzada de los Muertos los botes de basura son insuficientes para contener los restos de flores que se retiran de las tumbas, mientras que el circuito está lleno de llantas, botellas de plástico y de vidrio, calzado, papel y restos orgánicos e inorgánicos.

El área de juegos, donde se ubican tres columpios y un bimbalete desoldados, se vuelve “peligrosa para los menores”. Junto a esa zona hay un gran contenedor que tiene como base dos tambos amarillos y un tripié metálico. Está lleno de basura y puede venirse abajo en cualquier momento, advierten los entrevistados.

El 14 de agosto último, a las 10:30 de la mañana, empleados del cementerio detectaron que la víspera se habían exhumado dos cuerpos, uno de ellos de manera ilegal. Relatan que aun cuando el reglamento interno indica que no se permiten las exhumaciones antes de seis años –uno de los cuerpos había sido sepultado apenas el año pasado–, los dos fueron trasladados de la cripta 1-27-10-14 a la 1-24-6-7.

En esa operación, dicen los entrevistados, participaron los sepultureros y el albañil del panteón, Alberto Gutiérrez. Declararon que sólo obedecieron órdenes del administrador, Jesús Bueno. El jefe de vigilancia, Idrimí Sánchez, argumentó que “ese hecho ya estaba arreglado, que eran familiares o amigos de Mauricio Gudiño, exsecretario de Servicios Municipales”.

Y aunque los testigos de la doble exhumación aseguran que las autoridades les pidieron no meterse en ese asunto, ellos insisten en “informar sobre esas anomalías” para desligarse de los hechos.