MADRID.- Por la cercanía cultural, las oportunidades que da su mercado y por ser la puerta de entrada a una amplia región comercial, México es uno de los destinos preferidos de los inversionistas españoles. Pero algunos de ellos mencionan los obstáculos para la implantación o el desarrollo de sus negocios en este país: ineficiente funcionamiento de la administración pública, excesivos trámites burocráticos, corrupción e inseguridad, entre otros.
Incluyen además problemas aduanales, trabas fiscales –se les vigila más que a sus competidores nacionales– y el proteccionismo en ciertos sectores de la economía, como en las telecomunicaciones.
Con más de 3 mil 600 empresas y una inversión acumulada de 40 mil millones de dólares, la inversión española es la más importante en México después de la estadunidense. Y podría crecer, pues la recesión española obliga a las firmas pequeñas y medianas a voltear a México como una alternativa “natural y estratégica”.
Estas son algunas conclusiones del capítulo elaborado por Carlos Poza Lara, profesor de análisis económico, y Patricia Mateo Rivero, profesora de métodos cuantitativos de la Universidad Nebrija, para el libro México: un destino natural y estratégico, presentado en junio último.
Dicha publicación estudia las posibilidades de inversión en el país por su estabilidad macroeconómica, sus avances en el marco jurídico y los buenos resultados obtenidos hasta hoy por inversionistas españoles e incluye las críticas e inconvenientes que han enfrentado algunos inversionistas en México.
En un ensayo incluido en el libro, José Ángel Gurría, secretario general de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), destaca que para México llegó la “hora de levar anclas” para iniciar las reformas estructurales que le permitan ser más competitivo y potenciar sus oportunidades.
Para ello, sostiene, “México debe dotarse de un nuevo sistema de generación de acuerdos políticos para diseñar y aplicar reformas estructurales en campos cruciales para su desarrollo. De entre todas las reformas que le hacen falta a México quizá la más urgente es la reforma de su sistema de creación e implementación de reformas, para evitar que los poderes fácticos y los intereses electorales de corto plazo frenen la evolución de sus marcos regulatorios, de su economía y de su sociedad”.
Inconvenientes
Poza y Mateo señalan que entre los principales obstáculos están los “trámites burocráticos y el funcionamiento de la administración pública, misma conclusión a la que llega el World Economic Forum (2011) al elaborar el indicador de competitividad global.
“Según esta institución, el mayor problema que tiene México para hacer negocios es la ineficiencia del gobierno derivada de la burocracia. Las garantías jurídicas, la cualificación de la mano de obra y la fiscalidad son otros factores que, según las empresas, obstaculizaron su proceso de instalación.”
Algunos empresarios españoles consultados para el estudio coinciden en que “el crimen, el robo y la corrupción son algunos de los mayores problemas de la economía mexicana”. Poza y Mateo recuerdan que en 2011 Transparencia Internacional situó a México “en la posición 100 (de 182 países) en el índice de percepción de la corrupción”.
En cuanto a “la voraz competencia del mercado mexicano”, 10% de las empresas españolas encuestadas indican que han experimentado “situaciones de competencia desleal, donde algunas empresas mexicanas no cumplen con la legislación vigente (pago de seguridad social y de impuestos, salario mínimo interprofesional) y donde las empresas extranjeras sufren una mayor fiscalización por parte de las instituciones públicas”, apunta el resultado de la encuesta aplicada a 42 empresas, de un universo de 306 de las que operan en México, cuya facturación es superior al millón de euros.
Una de cada cuatro empresas españolas –señalan– ha tenido problemas con el ordenamiento jurídico, fiscal o laboral y una de cada cinco con el sistema aduanero.
Juan Antonio Abellán Ríos, consejero delegado de Telefónica México, es uno de los más críticos al señalar que “tuvimos que aprender a ser el retador ante un incumbente muy poderoso. El mercado de telecomunicaciones mexicano, en comparación al resto de nuestras operaciones en América Latina, es uno de los más complejos” por ser un “sector estratégico con limitaciones a la participación extranjera lo que ha propiciado una competencia imperfecta y facilita la existencia de un operador dominante que cuenta con 69.8% del mercado de telefonía móvil”.
Gonzalo Pérez, director del Grupo Iberdrola en México, sostiene que “en general el sistema jurídico mexicano, aunque todavía es demasiado burocrático, es considerado seguro y fiable”.
Para Marco Madureira, director de comunicación de la División América de Banco Santander, “un reto importante para lograr un avance más claro de la economía mexicana radica en fortalecer su grado de formalización; es decir, en la inserción de individuos y empresas en todo el proceso de desarrollo”.
Maximiliano Zurita, director general de CAF México, dice que han detectado “un margen de mejora” en la coordinación entre instituciones gubernamentales así como en el funcionamiento de la administración pública, la “distribución partidista del país” y la “alta dependencia política” que tienen los proyectos de gran envergadura, como el sector ferroviario, en el que participa esta empresa. También la “complejidad” y “falta de continuidad en la política tributaria son consideradas un problema serio, ya que dificulta diseñar planes de largo plazo”.
Reformas
Gurría sostiene que “México aún no ha sido capaz de generar un crecimiento endógeno vigoroso, redistributivo y de largo plazo. La principal razón es que el país sigue enfrentando una serie de desafíos estructurales pendientes que limitan su nivel de competitividad, su productividad y su capacidad de desarrollo equitativo. Esto no le permite avanzar con velocidad y lo sigue haciendo vulnerable y, en ocasiones, disfuncional”.
En el capítulo “Un vistazo a la economía mexicana” Gurría sostiene que es básico que se acometa una “reforma de fondo en su sistema fiscal. Los ingresos fiscales de México son los más bajos de los países de la OCDE y uno de los más bajos de América Latina. Si bien las reformas de 2007 y 2009 han ayudado a incrementar estos ingresos, cerca de una tercera parte del presupuesto del gobierno sigue dependiendo de los ingresos petroleros en un contexto de veloz agotamiento de estos recursos energéticos.
“El sistema fiscal de un país refleja la calidad de su pacto social. A México le urge transformar su estructura fiscal en un instrumento de desarrollo y para ello tiene que incrementar la capacidad de recaudación del Estado mexicano, así como la calidad del gasto público”.
Otra es la reforma al sistema educativo porque “en pleno siglo XXI el sistema educativo mexicano produce estudiantes en desventaja” y alude al último examen PISA, que valora que “los estudiantes mexicanos volvieron a quedar en el último lugar de la OCDE, por debajo inclusive de otras economías emergentes”.
La reforma laboral, porque el esquema actual “es obsoleto y le resta competitividad; le impide generar inversiones, crecimiento y empleos de calidad. México necesita un mercado laboral más eficiente, y sobre todo más incluyente. Actualmente cerca de la mitad de los jóvenes mexicanos entre 15 y 19 años no estudia ni trabaja. Mientras que tan sólo 43% de las mujeres en edad de trabajar está en la fuerza laboral. Al seguir obstaculizando una reforma laboral seria México se obstaculiza a sí mismo”.
Gurría hace un análisis crítico de los intercambios comerciales entre México y España, donde si bien advierte que hay un aumento a una tasa anual promedio de 7% entre 2000 y 2009, “aún representan una fracción muy pequeña de los intercambios totales de cada país en el exterior”.
Para México las exportaciones a España representan cerca de 1% de sus exportaciones totales, mientras que para España las ventas al mercado mexicano representan cerca de 1.5% de sus exportaciones.








