“Yo los mando matar a todos”

BOGOTÁ.- Pablo Escobar no lo sabe pero son los últimos momentos de su vida.

A cuadro aparece una casa de dos pisos con tejado y se escucha la voz en off del narcotraficante, amenazante en medio del acoso: “Que a mí nunca en la gran puta vida me van a coger, y que yo desde la selva los mando matar a todos y a la larga los que van a perder van a ser ellos”.

Es la tarde del 2 de diciembre de 1993 en Medellín y el narcotraficante más buscado del mundo aparece por primera vez en escena. Camina de un lado a otro en una pequeña habitación con un antiguo teléfono inalámbrico en la mano. Se ve ansioso, sofocado, con una gran barba, mientras intenta convencer a una recepcionista del otro lado de la línea que lo comunique a la habitación de su hijo Emilio, quien se encuentra con la esposa del capo, María Victoria Henao, y su pequeña hija Manuela, en el hotel Tequendama de Bogotá.

Un equipo de la policía tiene interceptada la llamada y rastrea el lugar desde donde se emite la señal mientras el jefe del Cártel de Medellín logra comunicarse con su hijo. Comienza a dictarle un comunicado para distribuir a los medios, pero escucha ruidos fuera de la casa.

“Te dejo porque aquí está pasando algo muy raro”, le dice a su hijo adolescente y corta la llamada.

Luego empieza una secuencia de dos minutos y medio en la que Escobar dicta sentencias de muerte y sus sicarios ejecutan al ministro de Justicia, Rodrigo Lara Bonilla (30 de abril de 1984); al director del diario El Espectador, Guillermo Cano (17 de diciembre de 1986), y al candidato presidencial del Partido Liberal, Luis Carlos Galán (18 de agosto de 1989).

La secuencia no finaliza ahí. Escobar aparece con una pistola automática en la mano; hay un corte a dos atentados explosivos que acaban con la sede de El Espectador (2 de septiembre de 1989) y con la fachada de la sede del Departamento Administrativo de Seguridad, donde mueren más de 50 personas, y enseguida se observan los escombros de un avión de Avianca que cubría la ruta Bogotá-Cali y que fue derribado por una bomba el 27 de noviembre de 1989 con saldo de 110 muertos.

En 150 segundos tres asesinatos y tres atentados terroristas que dejaron más de 160 muertos.

Así comienza el primer capítulo de la telenovela colombiana Escobar, el patrón del mal, la más costosa producción en la historia de Caracol, principal televisora colombiana, junto con RCN Televisión. La serie, que lleva tres meses al aire, es grabada en formato de cine en varias regiones del país y en Miami.

 

Antes que Hollywood

 

Según el portal Dinero.com la teleserie, que también transmite en Estados Unidos la cadena en español Telemundo desde el pasado 9 de julio, podría dejar a Caracol una utilidad de 6.3 millones de dólares por el alto rating y la tarifa publicitaria en esa franja estelar de media hora diaria entre semana, la cual asciende a unos 12 mil dólares los 30 segundos.

Se trata de una producción meticulosa y de buena manufactura en la que participan unos mil 300 actores encabezados por Andrés Parra, quien interpreta de manera muy convincente a Pablo Escobar, no sólo por el cercano parecido físico sino porque apuesta a una actuación contenida, de matices. Habla con el timbre de voz del capo y con el acento paisa (de la región de Antioquia) que caracteriza, por el pronunciamiento labiodental de la eses, a los oriundos de esa zona montañosa de Colombia.

La bella actriz Angie Zepeda desarrolla el papel de una modelo y presentadora de televisión que fue amante de Escobar. En la serie se le presenta con el nombre de Regina Parejo, pero todo el país cree que se trata en realidad de Virginia Vallejo, quien en 2007 presentó el libro Amando a Pablo, odiando a Escobar.

El académico colombiano Sergio de Zubiría, maestro en políticas culturales por la Universidad de Girona, España, con estudios de doctorado en filosofía política, sostiene que la importancia mediática y social que ha adquirido la telenovela sobre la vida de Escobar responde a la eficaz combinación de varios factores: el guión, la dirección, la producción y el elenco.

“Todo esto ha podido crear la percepción de que lo que está en juego es ‘la verdad’”, indica De Zubiría.

La teleserie está a cargo de Juana Uribe, productora general y vicepresidenta de Programación de Caracol Televisión, y tiene como productor a Camilo Cano. El guión lo hizo Juan Camilo Ferrand, un conocido libretista, quien se basó en el libro La parábola de Pablo del periodista, escritor y político Alonso Salazar.

Uribe considera que fue una decisión acertada abordar la vida de Pablo Escobar con una serie en Colombia “antes de que se nos adelantara Hollywood; eso hubiera sido ofensivo. Para Hollywood Cuernavaca es lo mismo que Envigado (municipio en el área conurbada de Medellín), y antes de que la cuenten ellos preferimos contarla nosotros”.

Algunos personajes son mencionados en la serie con seudónimos, como Regina Parejo, ya que los productores optaron por utilizar los nombres reales cuando tuvieran autorización expresa de los involucrados o de sus familiares, en el caso de los que murieron por orden del narcotraficante, como Rodrigo Lara Bonilla, Guillermo Cano y Luis Carlos Galán.

Juan Manuel Galán, hijo de Luis Carlos Galán y hoy senador, ha elogiado la serie al considerar que reivindica la verdad histórica y contribuye a la memoria como una forma de hacer justicia.

Eso lo dijo luego de que en un capítulo Escobar hizo alusión al padre del senador en estos términos: “Ese es el tipo de personas que valen la pena. Por eso toca matarlo”.

Escobar no lo sabe pero en esa escena inicial del primer capítulo está a punto de morir. En algún momento arrojará el teléfono, tratará de huir por el tejado, pero un policía del Bloque de Búsqueda que lo persigue desde hace meses lo dará de baja con tres disparos que penetrarán en la parte superior del pabellón auricular derecho, en el maxilar y en el muslo izquierdo, según la necropsia.