Chávez Castañeda gana en Cuba el Premio Cortázar

La Habana, CUBA.- Con Ladrón de niños, el escritor mexicano Ricardo Chávez Castañeda (de la Generación del Crack) ganó el Premio Iberoamericano de Cuento Julio Cortázar (iniciado desde 2002 en el onomástico del autor de Rayuela), y expresa:

“Un premio de cuento cuando el género está tan maltratado, un premio de cuento que lleva el nombre de Julio Cortázar, un premio de cuento convocado por un país hermano (Cuba), un premio de cuento en donde participaron más de trescientos autoras y autores de todo nuestro continente lingüístico, un premio de cuento donde hubo la oportunidad maravillosa de ser el abanderado de nuestro país y hacerlo bien. Estoy muy feliz por todo eso.”

Fue en el Centro Cultural Dulce María Loynaz, donde cerca de 150 intelectuales de Cuba se reunieron  para conocer el resultado de este concurso, cuyo reconocimiento está dotado por mil 500 dólares, además de la publicación del libro –en el que se incluirán los cuentos que recibieron mención honorífica: Matadero de Dazra  Novak Cuba),  Los  sonetos  de Álvaro Castillo Granada (Colombia); Al fondo, muy al fondo de Tobías Ovares Gutiérrez (Costa Rica) y Catorce meses Namibe de Ernesto Pérez Castillo (Cuba)– el cual será presentado en febrero de 2013 en la Feria del Libro de La Habana.

Chávez Castañeda no pudo asistir a la ceremonia, pero envió su agradecimiento por el lauro. Los jurados fueron la italiana Alexandra Riccio y los cubanos Arturo Arango y Luisa Campuzano.

El creador de los libros La conspiración idiota, El final de las nubes, Estación de la vergüenza, Georgia, La última epidemia de risa y El libro del silencio, entre otros, narra a Proceso que Ladrón de niños es un cuento que siempre lo ha acompañado y que ha brotado infinidad de veces en infinidad de historias suyas:

“Como su nombre lo dice, es la historia de la desaparición de niños. En este caso un escritor afamado, digno del premio Nobel, acaba de descubrir un libro que viene firmado con su nombre pero que él no escribió, Ladrón de niños. Nadie está preparado para un hecho por completo opuesto al plagio: no te han robado una historia que te pertenece sino que de pronto recibes ‘de regalo’, un relato al que no quieres pertenecer: la historia de una gradual sustracción de niños y el misterio de quién se los está llevando.

“Estructuralmente el cuento fue un dolor de cabeza para mí. La singularidad de este tratamiento está concentrada en una palabra, ‘hubiera’. La historia conduce a una ramificación del escritor en diferentes universos paralelos –Si él no hubiera recibido la llamada de la editorial, habría salido de casa y entonces la noticia de ese libro que él no escribió pero viene firmado con su nombre habría venido de una nota de periódico o de un encuentro casual: algo por el estilo– en donde vamos siguiendo los constantes desdoblamientos existenciales de este escritor según las múltiples reacciones con las cuales va echando a andar todas las secuencias de la perplejidad que en ocasiones coinciden perpendicularmente pero que casi siempre se mantienen paralelas y por eso ajenas las unas de las otras. Al mismo tiempo, muy cortazarianamente dentro de este abanico de probabilidades, a cada uno de los posibles escritores comienza a sucederles un acontecimiento común: la gradual sustracción de su mundo.”

–Cómo fue para usted crear una atmósfera inquietante?

–Todos los escritores tenemos debilidades pero también fortalezas, acaso sean las mismas, y lo mío precisamente es la creación de atmósferas. Creo que el arte es el templo del sentimiento (como existen templos del pensamiento en las bibliotecas y las escuelas, como existen templos de la oración en los templos e iglesias, como existen templos para el cuerpo o para la expresión del cuerpo en estadios, y gimnasios., como existen…) y que la literatura que cuenta historias es en realidad una manera de encerrar a un lector en una situación para inundarlo sensorial y afectivamente con una vivencia, de modo que indirectamente, de manera vicaria, extraiga sabiduría de vivir lo que en realidad no vivió: Ladrón de niños es entonces un viaje pesadillesco hacia la amenaza que sufre la niñez en nuestro mundo.

El escritor, amante de la niñez nacido en la Ciudad de México en 1961, habla de lo que significa para él Julio Cortazar:

“Amo a Rulfo y amo a Onetti, pero yo soy cuentista por Cortázar. Para muchos fue Gabriel García Márquez el autor que nos permitió recobrar la imaginación de la niñez, para mí fue Cortázar quien realmente mostró el sustrato maravilloso pero también aterrador de lo que llamamos fantasía, y que no es sino el mundo de donde todos y cada uno de nosotros venimos: la niñez. Ver mi nombre unido al de Julio Cortázar es estremecedor.”

–Usted pertenece a la Generación del Crack (Ignacio Padilla, Pedro Ángel Palou, Jorge Volpi, Eloy Urroz…), ¿qué ha pasado con esta corriente de jóvenes escritores?

–Lo que tenía que pasar: cerrar la boca y poner manos en la obra que es  donde  de verdad se hace una propuesta.

–Su obra ha sido reconocida con un sinnúmero de premios… ¿En qué etapa se encuentra como escritor?

–He madurado y eso significa que han madurado las pretensiones, las propuestas, los desafíos, y por lo mismo han madurado las debilidades y los posibles fracasos.

Y concluye:

“Estoy entonces feliz porque realmente creo que el cuento se merece esta oportunidad de ser leído. El premio es para Ladrón de niños, no para mí, pero yo como buenamadrepadre celebro.”