Propaganda gubernamental

Una vez terminada la veda electoral, el gobierno volvió a desatar a sus feroces cruzados de autovalidación en la radio y los medios televisivos. Varias instancias vuelven a la carga con mensajes a cual más arbitrarios, falsos y carentes de verosimilitud. De esta política no se salvan ni los medios públicos (que no tendrían legalmente por qué difundirlos), pues ya terminó el periodo de campañas.

La más patética está conformada por las imágenes reiteradas de soldados armados para una guerra regular contra un ejército extranjero que, sin embargo, quieren hacerse pasar como defensores del pueblo ante los narcos. Involuntariamente señalan lo que sabemos: el país está militarizado y una parte de los habitantes vive el terror de saberse entre dos fuegos. Los spots dejan una estela amarga: entre líneas nos avisan de la necesidad de asumir la violencia como nueva forma de vida en México.

Dos campañas más hablan de cinismo y descomposición institucional: la primera es del IFE en su continuado esfuerzo porque los jóvenes acepten su proceder. Puestas en escenas ridículas, la madre de un muchacho desarma una lámpara de pie para usarla como micrófono y cantarle una canción de despedida, pues ya su niño creció y se dirige a sacar su credencial de elector.  La película mexicana Cuando los hijos se van rodada en los años cuarenta no era tan cursi.

La segunda es del Tribunal Federal Electoral que asegura que está para defender el voto de todos. Mejor haría en ocuparse de desentrañar las denuncias acerca de la inequidad, la falta de libertad, la compra de votos y el uso de dinero ilegítimo en la campaña, en lugar de querer convencer al público de su rectitud con anuncios. “El movimiento  se  demuestra  andando”.

El uso de los medios como instrumentos de la política repercuten en la sociedad negativamente de dos formas. Una de ellas atiende a distorsionar la percepción de lo que es el gobierno, de sus obligaciones y su fuente de legitimidad. Intentan crear en la ciudadanía versiones de la realidad inexistentes a base de repetir y cambiar el sentido de los hechos.

Por otro lado inciden en una política de gasto suntuario de parte del gobierno. La inversión en propaganda, a los precios marcados por los industriales, llevan al endeudamiento o bien a cortar el gasto en bienestar social.

Si bien no lo inventaron ellos, los gobiernos del PAN han exacerbado la televisiva autoproclama de sus logros, la cual se ve reflejada en el presupuesto. De 2006 a 2011 el gobierno actual erogó 21 mil millones de pesos para comunicación y difusión de mensajes en medios de comunicación; a esto debe agregarse los mil 108 millones dilapidados entre enero y marzo de 2012. Estas cifras rebasan los 16 mil millones que gastó en todo su sexenio Vicente Fox Quesada.