Algo queda vivo en la piedra
Hermana de las verdes alboradas
Tu silencio de manes
Escandaliza las tumbas reales.
Te hiere el corazón la piqueta indiferente
De un sabio de gafas aburridas
Y te golpea el rostro la procaz ofensa
Del estúpido “¡Oh!” de un gringo turista
Pero tienes algo vivo.
Yo no sé que es,
La selva te abraza un abrazo de troncos
Y aún la misericordia araña de sus raíces.
Un zoológico enorme muestra en alfiler
Donde prenderá tus templos para el trono
Y tú no mueres todavía.
¿Qué fuerza te mantiene,
más allá de los siglos,
viva y palpitante como en la juventud?
¿Qué dios sopla al final de la jornada
el hálito vital en tus estelas?
¿Será el sol jocundo de los trópicos?
¿Por qué no lo hace en Chichén Itzá?
Será el abrazo jovial de la floresta
o el canto melodioso de los pájaros?
¿Y por qué duerme más hondo a Quiriguá?
¿Será el tañir del manantial sonoro
golpeando entre los riscos de la sierra?
Los incas han muerto, sin embargo.
* Poema inédito hasta ahora en México. Fue publicado en El Che, desde la memoria (Editorial Ocean Sur, 2007), una editorial latinoamericana con sucursales en Cuba, El Salvador y Venezuela, y autorizado para su reproducción en Proceso gracias a la gentileza de la señora Aleida March y de su hija Aleida Guevara March. Ésta presentó el jueves 23 dos libros en la Universidad Nacional Autónoma de la Ciudad de México: Otra vez, volumen con documentos de su padre, Ernesto Che Guevara, y otro sobre la relación entre ambos escrito por ella, Evocación.








