Dos semanas de euforia deportiva llegaron a su fin el domingo 12 de agosto. El cierre de la justa se caracterizó por minimizar la ceremonia de los discursos para dar mayor realce al espectáculo. Éste fue muy inglés, estrictamente popular en el marco de las actuaciones, relevantes estrellas del rock y del pop en sus muy variadas vertientes. Los últimos 50 años de la industria musical fueron vertidos al centro del estadio de Wembley, cuyas calzadas y pasarelas semejaron las rayas de la bandera británica.
La cita fue para los más sonados de entre la música, sin que privara orden cronológico de aparición, tampoco estilos o corrientes, escogidos –sin duda estuvieron menos de los que son– aunque todos reconocidos. Algunos con mayor fama nacional, otros ya internacionalizados. ¿Quién no ha escuchado canciones de The Beatles, se ha reído con Monty Python, alegrado con las Spice Girls, sacudido sus recuerdos al compás de Pink Floyd, Queen o The Who?
De manera alegórica, como puente entre un bloque de canciones y otro, se presentaron monjas en patines, hindúes con trajes típicos en coreografía, un grupo de hombres y mujeres vestidos a la usanza de comienzos del siglo XX, entre otros, suponemos con el fin de puntualizar un momento de la historia del imperio británico. La tecnología de punta se dejó ver cual si fuera un personaje con guión y parlamento: luces sincronizadas, sonido perfecto, chorros de fuegos artificiales.
Casi para terminar, los próximos anfitriones mostraron, en tres piezas, de lo que son capaces en ritmo, colorido y alegría, un cuadro que contrastó con la flema británica, presente aún en los números estridentes o bien en su muy peculiar humor. Brasil promete unos juegos en 2016 en pauta de samba, temperaturas cálidas, sol y mar. Río de Janeiro será el escenario para que los atletas vuelvan a intentarlo: “más alto, más lejos, más fuerte”.
Cuando ya se había declarado la clausura, el pebetero se abrió como una flor con sus pistilos de fuego que irían extinguiéndose poco a poco, la fiesta siguió para dejarnos escuchar la última de la noche a cargo de The Who.
Además de la alegría de los medallistas, quedó flotando en el aire la frase de una melodía: “Siempre buscando el lado brillante de la vida” (“always looking on the bright side of life”). Transmitida la clausura por cable, la narración fue correcta: los presentadores se limitaron a dar los nombres de los integrantes del show, a traducir las palabras del alcalde de Londres y del presidente del Comité Olímpico. De vez en vez algún comentario breve. Ni gritos ni reiteraciones de lo que ya se observaba en pantalla, dejaron al público disfrutar en silencio de la música y las actuaciones.








