Una de las obras más representativas de Dostoyevsky como El idiota, es traducida al teatro por la compañía Meno Fortas bajo la dirección del lituano Eimuntas Nekrosius, en la que logra una verdadera dramatización de la novela. No coloca el lenguaje narrativo en el teatro sino que traduce el mundo interno de los personajes, las situaciones que viven y la trama que se desarrolla al lenguaje netamente teatral. El resultado es una sorprendente puesta en escena llena de imágenes, acciones físicas y sonoridad propia.
La forma de trabajo de este director para llevar a escena esta novela fue convertir, a lo largo de los ensayos y las improvisaciones, cada cuadro desarrollado en la novela. El texto y la acción corren en paralelo y la acción no necesariamente responde a actitudes naturalistas; más bien, el lenguaje del cuerpo y el mundo simbólico se manifiestan en las acciones que evocan los diálogos de los personajes. Con un dejo dancístico a la manera de Pina Bausch, se repiten rutinas, se modifican tránsitos y se vuelcan sillas, para transmitirnos una sensación, comunicarnos el inconsciente y la emotividad de los personajes.
El espacio escénico diseñado por Maius Nekrosius está definido por los objetos que hay en él: un piano, una puerta colgante de dos hojas, unos sillones/cunas y muchas sillas, entre otras cosas. Los objetos y la interpretación de los actores son los que definen los espacios, y así como puede suceder el encuentro del Príncipe Muiskin con Rogoshin en el tren que va de Suiza a San Petersburgo, pueden quemar frente a una fogata “imaginaria” un puñado de rublos, o pedir la mano de Aglaya en la casa de verano de los Epanchin. Lo significativo es la belleza de las imágenes y los múltiples contenidos simbólicos que generan.
La música de Faustas Latenas constituye un elemento con vida propia que no busca adjetivizar o cargar emotivamente a las escenas sino que los sonidos y las melodías expresan un lenguaje propio para llevarnos por diversos estados de ánimo. La creación de atmósferas está apoyada por la iluminación de Dziugas Vakrinas, que entre claroscuros o momentos brillantes, más que ubicarnos en los espacios, nos transmite lo que vuela en el aire y que nosotros no vemos. El resultado es una obra de teatro poliédrica con lenguajes simultáneos enriquecedores para la experiencia teatral y de una calidad y perfeccionamiento espectacular.
El idiota es idiota en los conceptos superficiales con los que suelen catalogarse a las personas que no se comportan de acuerdo a la generalidad. Así, en el momento que se presenta a un personaje cuya definición parte de su inocencia, instinto y buena voluntad, las chispas del choque saltan a la vista. Lo aceptado se cuestiona y lo que se cuestiona puede estar más cerca de la verdad. A partir de esta dualidad del autor, la crítica social queda implícita.
El idiota, escrita con maestría por Fedor Dostoyevsky, permite conocer la complejidad de los sentimientos de los personajes y la profundidad de los conflictos con los que se enfrentan en una realidad ubicada en pleno siglo XIX. La puesta en escena de Meno Fortas visita el naturalismo y las imágenes oníricas y subraya el expresionismo como una manifestación perfecta en la experiencia teatral. Así, hacen valer el significado del nombre de la compañía: Fortaleza del arte.








