El marchista Horacio Nava tendrá oportunidad de cumplir un anhelo acariciado desde niño: subir al podio olímpico. Luego de superar una grave afección cardiaca que lo condujo al quirófano y que parecía marcar el fin de su carrera deportiva, el andarín de 30 años se encuentra listo para acudir a su cita olímpica en la que buscará la gloria deportiva para él y para México en la prueba más larga de la caminata: los 50 kilómetros.
Horacio Nava era un niño de siete años cuando vio por televisión cómo Carlos Mercenario ganaba medalla de plata en la marcha de 50 kilómetros durante los Juegos Olímpicos de Barcelona 92.
El dramatismo del logro y el hecho de que fuera la primera y única presea obtenida por la delegación mexicana horas antes de caer el telón del evento marcó a Horacio para siempre. Desde entonces el pequeño se aficionó a la caminata, disciplina que ya practicaba esporádicamente con dos de sus hermanos.
Años después, la presencia de Mercenario en el podio olímpico resurgió como un relámpago en la memoria del adolescente, quien intentaba convertirse en uno de los referentes de la caminata del país. También tenía muy presente la imagen de otro andarín, Miguel Ángel Rodríguez, originario de su estado, Chihuahua, quien participó en la prueba de los 50 kilómetros en Barcelona 92 y entrenaba con los hermanos Nava.
Horacio decidió prepararse para los 50 kilómetros, la distancia más larga de la caminata, porque se trataba de la disciplina en la que Mercenario conquistó la presea tan anhelada por el pueblo mexicano. “Me dije: al igual que él también quiero representar a mi país, estar en unos Juegos Olímpicos y subirme al podio”, recuerda.
Durante 13 años Nava practicó la agobiante prueba y los resultados llegaron de manera paulatina, desde categoría infantil, preparatoria y nivel superior. Cuando era adolescente destacó en otras disciplinas deportivas, como basquetbol, voleibol y el futbol, que dejó de lado para dedicarse plenamente a la caminata.
Todo marchaba sin contratiempos en la ascendente vida deportiva de Horacio hasta que en 2005, a los 21 años, le detectaron una enfermedad congénita del corazón: el Síndrome de Wolf Parkinson White. Ese año representó a México en los Campeonatos Mundiales de Atletismo en la caminata de 50 kilómetros, en Finlandia, donde terminó en el noveno lugar.
Sin saberlo, durante años estuvo en riesgo de sufrir muerte súbita. El padecimiento se lo descubrieron durante un control médico realizado por la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte (Conade) como requisito para acceder a los beneficios del fideicomiso Compromiso Integral de México para sus Atletas (CIMA). “No sabía que sufría de ese mal e incluso el cardiólogo de la Conade me advirtió: ‘ya no sirves para nada y además representas un serio riesgo tanto para ti como para la institución’”.
La operación era necesaria y urgente. Los especialistas le explicaron que podría sufrir desde un desmayo hasta la muerte súbita y que el riesgo se incrementaba paulatinamente.
“Fue una situación difícil de digerir porque ya me habían retirado de la actividad deportiva apenas a los 21 años. Se esfumaban mis sueños de representar a México en competencias deportivas, participar en unos Juegos Olímpicos y subir al podio.”
En principio y debido al riesgo que implica toda intervención quirúrgica, Horacio no estaba convencido de que debía operarse y les decía a los médicos que no le veía sentido a pasar por el quirófano “porque en esas condiciones estoy dando resultados y en mi vida no he sentido nada anormal. En ocasiones sudaba y temblaba, pero siempre lo atribuía a que tenía mal pulso o a que era muy nervioso. Me explicaron que por la enfermedad uno puede temblar por las mismas taquicardias. Fueron momentos difíciles, y yo insistía: no a la operación; sigo hasta donde tope, ¿Cómo me voy a retirar si nunca me ha pasado nada? Ni siquiera he sufrido un desmayo”.
Altibajos
El joven prospecto que sólo pensaba en su sueño de entrenarse para llegar a unos Juegos Olímpicos no tuvo alternativa, sobre todo cuando el entonces director de la Conade, Nelson Vargas, y el responsable de Medicina y Ciencias Aplicadas del organismo, Juan Manuel Herrera, coincidieron en que el marchista estaba en buena edad para someterse a la operación: “primero que quede bien para llevar una vida normal alejada del deporte, que ahora queda en un segundo plano”, planteó Vargas.
–¿Te sentiste forzado a someterte a la intervención quirúrgica?
–Si quería seguir entrenando esa era mi última oportunidad, siempre y cuando saliera bien de la operación. El cardiólogo me decía que no pude haber elegido una mejor actividad física que una prueba de resistencia, y me advirtió que de haber optado por una disciplina como la velocidad, las pesas o algo de arranque hubiera sido complicado en ese momento, pero que practiqué una disciplina que me ayudó. De hecho ya nunca más podré dejar el deporte; tengo que hacer ejercicios de por vida, según la prescripción del especialista.
Ahora cada vez que Horacio se hace un electrocardiograma el estudio detecta esa vía eléctrica de más, pero ya completamente sin actividad. “Un cardiólogo sí se da cuenta que llegué a tener algo, pero ya no existe ningún riesgo ni de sufrir taquicardias, desmayos o muerte súbita. El porcentaje de muerte puede ser de 1 entre 100”.
Se interesó por conocer la vida deportiva y las lecciones de vida de los exmarchistas y medallistas olímpicos Raúl González, Ernesto Canto, el sargento José Pedraza y Daniel Bautista. En ellos encontró un común denominador: “Todos pasaron momentos difíciles, o más bien en cualquier disciplina hay momentos buenos y malos. Es lo que me gustó de ellos, que no siempre les fue bien, que recibieron muchas críticas y lograron sobreponerse por su perseverancia”.
Nacido en Chihuahua el 20 de enero de 1982, Horacio es el actual subcampeón de la copa mundial de 2010. A los 30 años asistirá a Londres por sus segundos Juegos Olímpicos, después de finalizar sexto en Beijing 2008.
“Sé que en los juegos nada está escrito y todos entrenamos para estar en el podio, mi sueño desde pequeño. El primer parámetro es mejorar el sexto lugar de Beijing. Ahora las cargas de entrenamientos son pesadas, arriba de 200 kilómetros a la semana. Físicamente tu cuerpo está muy golpeado por los mismos entrenamientos, pero la mente es lo que te mueve y la ilusión es estar en el podio.”
Para ello, el monarca de los Juegos Panamericanos de Guadalajara 2011 realiza cuatro entrenamientos diarios, que van de 15 a 48 kilómetros. “Hay días en que las distancias llegan a ser alrededor de 48 kilómetros en la sesión de la mañana. Es demasiado el desgaste, pero es la forma de preparar la competencia más difícil.
“Lo más complicado puede ser la preparación. Son casi cuatro horas de la prueba, en la que andas a un ritmo de menos a más, sobre todo los últimos 15 kilómetros, donde el cansancio se va acumulando y la temperatura puede subir. Si no llevaste una planeación de rehidratación y de alimentación, será difícil que llegues bien a los últimos kilómetros, cuando realmente empieza la competencia.”








