¿Democracia o demagogia?

Aparte de las violaciones a lo formal, el conflicto poselectoral presente incide en otros aspectos esenciales de la vida nacional. Las impugnaciones de ahora no se centran en irregularidades del día de la jornada electoral, como hace seis años, sino en el andamiaje montado de inequidad, en las artimañas ilícitas que incluyen hasta lavado de dinero. Todo incide en el resultado final, no digamos los ilícitos. La impugnación, pues, tiene sentido. Debieron cuidar y realizar la tarea los IFEs, los Ttrifes y anexas. Pero no lo hicieron. Otra vez la carga de esta limpieza pesa sobre hombros ciudadanos. Y aún así, estos institutos nos van a salir con una y un pedazo. Ya lo veremos.

El hormiguero ciudadano no da muestras de fatiga. Una y otra vez nos hacen topillos, nos los vuelven a enjaretar y volvemos a levantar barricadas. Sin embargo, hay muchas cosas que van variando en el escenario. Por ejemplo, la bandera de la resistencia ahora sólo es izada por el flanco izquierdo. El PAN y otras organizaciones políticas, que antaño enarbolaron hasta con orgullo consignas y enseñas prestas para el repudio electoral, hogaño las mantienen plegadas en las estanterías. Desde Carlos Salinas de Gortari le empezaron a reconocer triunfos a Acción Nacional, entre ellos Jalisco. La suspicacia calificó su avance electoral como concertacesión y no como triunfo de la democracia.

La alternancia entre el PRI y el PAN en los puestos del gobierno pudiera explicar la ausencia reiterada del PAN en los foros y escenarios de resistencia contra los fraudes y los topillos electorales, nunca desaparecidos de entre nosotros. Se han refinado. Nos los aplican con más sutileza. Se han adecuado al avance de la tecnología. Pero los alimenta el mismo dínamo de chapuza, de trampa, de estafa a la voluntad popular. Ahora los panistas aparecen en este concierto alineados, modositos, conformes con los resultados expuestos, como si se tratara de torneos impolutos, de inmaculados ejercicios de consulta popular. El panismo ha perdido su vieja insignia prestigiosa de luchador por la democracia. Pero pareciera no dolerse de ello, sino de las suculentas tajadas pecuniarias que ya no llegarán a sus bolsillos, por ser desplazados de los puestos públicos. ¿Es alternancia arreglada la suya? Si es así, qué triste resulta constatar que les llegaron al precio con esta famosa concertacesión.

La parafernalia de la resistencia, ahora sin panistas, al insistir demasiado en los aspectos formales se anda quedando en la cáscara. Se señalan inversiones cuantiosas para construir perfiles inflados, cual si de vástagos del Olimpo se tratara. Nos hicieron tragar sin misericordia la monserga de sus maniquíes y de sus botargas de ocasión. Sobresalió de entre todas la imagen infatuada de Enrique Peña Nieto. Tan inyectada a fuerzas, que terminó generando el rechazo de los jóvenes. Ahí están las marchas, los plantones y los pronunciamientos de un movimiento nacional en su contra a lo largo y a lo ancho del país, con el que van a tener que lidiar este personaje y sus promotores.

Este apego de nuestras denuncias a lo meramente formal nos dice que seguimos sometidos a dinámicas reducidas, domésticas, limitados a los alcances del terruño. No es mala la atención a lo doméstico. Pero si sólo se reduce a estos alcances puede resultar paralizante. Ya que de resistir se trata, habrá que ir al fondo de las cosas, para poder enderezar desde la raíz lo que esté chueco. El atender los contenidos de fondo nos obliga a abrir los ojos y a revisar todo el modelo de nación con que nos avasallan.

En un análisis de esta naturaleza debe entrar necesariamente no sólo la revisión del contexto mundial, sino también del contexto regional al que pertenecemos. Otros países latinoamericanos nos ponen la muestra. El enfrentamiento del Mercosur a la batuta gringa lleva ya dos décadas. A nosotros, nuestros gobernantes nos tienen jugando del lado norteño. ¿De verdad es voluntad colectiva dar la espalda a nuestros hermanos del Cono Sur? Como nuestra oposición no se deslinda ni toma partido en contra de las acciones sumisas de nuestros gobiernos ante el imperio, éste es el mensaje que les enviamos. ¿Es un mensaje equívoco o correcto?

A Felipe Calderón le cargamos toda la responsabilidad de su malhadada guerra contra el narcotráfico. El costo social ha sido tan alto que nadie sale en su defensa. Sin embargo nos enteramos que en Cuernavaca, a finales de octubre de 2006, Karen Tandy, administradora general de la DEA, y David Gaddis, director para América del Norte y Centroamérica, le impusieron a nuestro gobierno esta línea de acción. Los personeros del gobierno, que encabezaba el panista Vicente Fox, fueron Eduardo Medina Mora y Genaro García Luna (El Universal, 26/I/2010). ¿La responsabilidad de Calderón reside sólo en no haber sabido oponerse al dictamen del imperio o también fue el precio a pagar por su usurpación?

Pocas voces se escuchan apuntando verdaderos motivos de fondo que otorguen consistencia a la resistencia. Por fortuna, no todo es algarada formalista. El pasado 14 de junio, dos semanas antes del escorrofio electoral presente, el Colegio Jalisciense de Filosofía organizó un foro titulado ¿Dónde se encuentra hoy la izquierda mexicana? Esteban Garaiz, candidato a senador por el Movimiento Ciudadano, fue ponente invitado. “Sí queremos hablar de democracia –dijo–, pero hablamos de democracia sin justicia, en un país como el nuestro donde ahora tenemos 58 millones de pobres, la democracia sin justicia se nos vuelve una pinche demagogia de costales de cemento, de láminas enchapopotadas, de tortas descompuestas, de billetes de 500 pesos comprando el voto.”

“Además [hay que denunciar] el control férreo del duopolio televisivo que nos quiere entorilar en el duopolio político. 70% de los hogares mexicanos que no tiene más apertura al mundo de lo que les diga Televisa o TV Azteca. Su única ventana al mundo es la televisión abierta, que ha monopolizado o duopolizado, como quieran ustedes decirlo, todo el espectro radioeléctrico. Ya ahí empieza una de las primeras perversiones del círculo vicioso, cerrado naturalmente, como conlleva un círculo, en que nos han metido. Duopolio televisivo que nos induce al duopolio político.”

Es necesario entonces hacer ruido en contra de la imposición que fraguan. Pero nuestras protestas han de apuntar sobre todo al rescate integral del país, para no dejar que terminen de sumirlo en el fondo de las mazmorras del imperio. No basta con quitarnos la venda del duopolio de los ojos, como afirma Garaiz, pero es necesario hacerlo. Es tiempo de ponerle freno a toda esta ignominia absurda y paralizante, o renunciar a nuestro sueño insustancial de nación soberana, con que tanto nos gusta regodearnos. ¿O qué queremos significar cuando gritamos: ¡Viva México, cabrones!?