Ángel Rosas y su coreografía de la enfermedad

Ángel Rosas, director del Ensamble Lab se encuentra en temporada en el salón de ensayos de la Dirección de Danza de la UNAM. La suya, como ha venido mostrando desde hace más de un lustro, no es ni una propuesta convencional y complaciente y mucho menos optimista.

Anecdotario de inscripciones urbanas, multidisciplinaria –video, sonido, foto, impresos, escenografía, instalación–, a decir del creador, es un concepto que tiene como eje la belleza casi involuntaria existente en el caos, la decadencia urbana, la soledad, la pérdida, el horror y la enfermedad que configuran uno de los universos de la Ciudad de México.

Rosas explica a Proceso sus ideas sobre la investigación que viene desarrollando desde hace varios años al lado de Jacqueline López e Ismael Franco, un grupo de bailarines de la Compañía Nacional de Danza del INBA, el estudiante de técnicas de animación Balam Nájera y un singular grupo de amigos que diseñan luces lo mismo que activan máquinas de humo durante la ejecución de la serie coreográfica Fainted, Morbid Anatomy y Memoria Endémica.

“Mi o más bien nuestra intención era ir desde un proyecto gráfico hasta el foro bajo una sola unidad. La concepción de la escena para mí no sólo pertenece al espacio sino a la contundencia de una serie de experiencias de realidades paralelas que conviven en decadencia, en la trasgresión de límites autoimpuestos en las ruinas y en la incapacidad de aprehender la memoria de lo que en algún momento fuimos o somos.”

Para Ángel Rosas es resultado del análisis de su propia vida. Y no vista desde una perspectiva existencial, sino desde la llana realidad del cuerpo y el caos que puede reinar dentro de él. Hace unos años el coreógrafo fue víctima de una extraña enfermedad en la que una bacteria empezó a devorarlo literalmente. Perdió masa muscular de la espalda y algunos de sus órganos internos se lesionaron. Estuvo al borde de la muerte.

Se le controló, pero vive bajo la amenaza de recaer o tener complicaciones. De por vida está en rehabilitación física, y la bacteria lo atacará de nuevo.

“Por lo de mi espalda y la rehabilitación no quise brincar a otro mundo, coincidí con Jaquie en buscar reflejar un mundo contaminado ecléctico e híbrido como elemento totalizador. Hacer algo totalmente desencantado, irreductible e implacable.”

Y a la pregunta expresa de si la suya se trata de una decadencia burguesa, brinca y responde a quemarropa:

“Esto tiene que ver más con la condición humana en el sentido de la pérdida, de lo que deviene al perder la salud, la memoria, el momento, la perspectiva, la espiritualidad y caer en proclividad al subrayado destructor pesimista, pesimista, maloliente, obscuro. Es otra forma de concebir el cuerpo como algo brumoso no ligado directamente al individuo.”

En Morbid Anatomy, Begoña Bolaños habla de sí misma y explica paso a paso el horror de ser víctima de un bocio tóxico difuso, que se expresa como un hipertiroidismo que le impide dormir y la mantiene en un estado metabólico alterado y paroxístico que le hace temblar y vivir estados de ansiedad que modifican su manera de ver la vida.

“Y cómo regulas tus propias glándulas. La parte química, anatómica y hormonal es parte primaria de tu realidad. Por lo mismo, lo que hacemos en el salón de ensayos incluye sensaciones físicas para el espectador, impulsos sonoros, atmósferas virtuales. También hay ciertos elementos los cuales subrayan la sensación visual que quiero trasmitir, que es de texturas y experiencias táctiles.”

 

Apocalipsis

 

Rosas cuenta que estuvo casado con un noble durante 20 años. Lo conoció en Bélgica. Se mudaron a México y ahora la separación y el divorcio le han caído de peso, lo que por supuesto le ha afectado aún más en su visión nada optimista de la vida.

A pesar de ello, dice, el trabajo lo ha ayudado a exorcizar a sus demonios y lucha “para estar bien, reorganizarse y estabilizar el dolor que siente en el cuerpo y el alma.”

El impreso realizado por Ismael Franco pretendía originalmente ser una especie de prisma tridimensional en cuyas páginas el público podía incluirse con sus emociones. Jacqueline López aportó entonces sus fotografías intervenidas, cada una muestra una perspectiva distorsionada como si los planos fuesen vistos por cucarachas o ratas. La locación es el legendario edificio art decó “Ermita”, ubicado en el cruce de avenida Revolución y Jalisco –donde Rosas vive–. Ismael Franco repasó los diarios de Rosas para lograr la idea de un programa de mano intervenido.

Aparecen además elementos recurrentes del mundo simbólico de Rosas, que incluye conejos, insectos, alimañas, imágenes de luz y gran belleza.

Afuera del salón de la Dirección de Danza una hilera de sillas de diversos tipos esperan al público que entra gratuitamente al evento, se trata de crear un launch, y de las bodegas de la UNAM aparecieron todo tipo de sillas de viejas puestas en escena, desde las de Luis de Tavira hasta las de Alicia Sánchez. Sólo cincuenta personas entran y lo hacen caminando sobre una extraña y mullida alfombra de viruta que masajea los pies cuando se posan sobre ella. Rosas la consiguió en Baja California en dónde se trituran millones de neumáticos para su factura.

Las bailarinas son la propia Jacqueline López, Carmen Correa y Fernanda Cervantes, formadas estrictamente dentro del ballet, y que en algunos momentos aparecen semidesnudas:

“Me fascina el cuerpo femenino, estéticamente es más bello, me recuerda a las dunas de los desiertos del norte del país. Además me gustan las mujeres fuertes, de carácter, esas grandes amazonas, en cambio busco que los hombres sean más soñadores y sensibles. Eso sí, todos con dominio técnico de línea clásica y con gran fuerza de expresión. Fue una suerte que la Compañía Nacional de Danza me permitiera tener a los varones.”

Las imágenes de video y animaciones fueron intervenidas también:
“Son mundos que nacieron y crecieron de otras circunstancias como el segundo piso y el desarrollo vehicular hacia Ciudad Satélite, que para muchos es una pesadilla pero que a mi me fascina. Ese concepto de construcción caótico tiene su propio pulso.

“La Ciudad de México es mi gran universo. No hay nada predecible, siempre está esa sorpresa de vivir el día a día con sorpresas surrealistas. Esto no existe en ninguna parte del mundo. Por eso en la representación hay rechinidos, ruidos que sólo se oyen aquí.”