Urge proteger a paramédicos

El representante de la Asociación de Paramédicos, Héctor Topete, dice que su actividad se volvió muy peligrosa en la zona metropolitana. En su ímpetu homicida, los sicarios llegan a atacarlos con tal de rematar a sus víctimas, aprovechando que los trabajadores van desprotegidos. Por eso propone que se adopte un protocolo similar al que se aplica en Colombia y en Ciudad Juárez, donde los servicios de emergencia sólo acuden ahí donde la escena ya fue asegurada por fuerzas federales.

Como ha ocurrido en las ciudades más violentas del país, como Ciudad Juárez, en Jalisco los sicarios ya obstaculizan a los paramédicos y policías que atienden a los heridos y moribundos.
Héctor Topete Tovar, representante de la Asociación de Paramédicos y Técnicos en Urgencias Médicas de Occidente, indica que la presión del crimen organizado obliga a las autoridades a equipar mejor y dotar de chalecos antibalas a quienes atienden las emergencias en la vía pública.
El entrevistado menciona específicamente el caso de tres socorristas de Ocotlán que fueron encontrados muertos en Michoacán, a pocos kilómetros del límite con Jalisco.
De manera extraoficial se sabe que desde hace meses los agentes policiacos jaliscienses tienen la indicación de resguardar más a los paramédicos y a los periodistas, lo que constituye un reconocimiento tácito de las autoridades sobre los riesgos que enfrentan al realizar su trabajo. Un policía relata que ya se han registrado ataques al personal de emergencia en la zona metropolitana de Guadalajara:
“Apenas estábamos llegando diferentes corporaciones, elementos de periciales y los rescatistas. De repente vimos que un vehículo se regresaba a toda velocidad sobre la escena del crimen y desde su interior (unos sujetos) empezaron a rafaguear y disparar contra policías y personal de emergencias. Todo el mundo tuvo que salir corriendo.”
La noche del 10 de diciembre de 2010, en la plaza principal de Tecalitlán 11 cadáveres permanecieron tirados en el suelo varias horas, hasta la madrugada del siguiente día. Ningún cuerpo de rescate se atrevía a ir hasta allá por el temor a un nuevo ataque, ya que rápidamente se difundió que la matanza era parte de la disputa entre la banda del Chapo Guzmán y La Familia Michoacana.
Topete asegura que su organización, con más de 350 afiliados, está en alerta por sucesos como éstos. Dice que las autoridades de los municipios y del estado deben trabajar más en este sentido:
“Es de vital importancia que los paramédicos puedan contar con ese tipo de prendas para poder ofrecer una cobertura con mayor seguridad”, ya que le tocó ver en Colombia los niveles de riesgo que ahora corren los rescatistas en Guadalajara.
Desde hace más de un año este semanario ha publicado las denuncias del personal médico sobre la falta de materiales y de equipo en los servicios de urgencia de Guadalajara, y ha difundido cómo las autoridades presionan a quienes se inconforman, en vez de responder a los legítimos reclamos para mejorar su trabajo.
Por ejemplo, en marzo de 2011 Carmen Vázquez, enfermera de Servicio Médicos Municipales, fue agredida por policías de Guadalajara por denunciar la falta de material y equipo (Proceso Jalisco 333). En mayo de 2012 este semanario dio cuenta de que, lejos de mejorar la situación, se agravó la escasez de material de curación, suministros y presupuesto (Proceso Jalisco 393).
Entrevistado sobre esa situación que enfrentan los servicios de emergencia y la raquítica llegada de donativos a instituciones como la Cruz Roja o la Cruz Verde, el economista Enrique Cuevas, de la Universidad de Guadalajara, asegura que la disminución de las “aportaciones voluntarias” refleja que la verdadera crisis la padece la población que suele apoyar estos servicios de emergencia.
Ante ese escenario, dice, será difícil que se dé respuesta inmediata a los reclamos de los paramédicos, aunque se reconozcan los nuevos peligros que enfrentan.
Amenazas, balas, robos

El 2 de junio pasado, tres rescatistas y un extrabajador de los servicios de emergencia fueron asesinados en Vista Hermosa, municipio michoacano que colinda con Jalisco.
Topete Tovar aclara que las víctimas no pertenecían a su organización: “Realizaban su trabajo al servicio de la autopista (Guadalajara-México) y cubrían sus guardias de manera regular; el día del ataque gozaban de su día franco”.
Según los familiares, Cristian Iván Ceja Sánchez, de 18 años; los hermanos Brandon y Cristian Zúñiga Gómez, de 19 y 21, y David de Jesús Camarena Muñoz, de 23, desaparecieron desde el 31 de mayo. Se preparaban para ir de paseo a bordo de una camioneta Nissan Quest gris. Después los perdieron de vista y no volvieron a saber nada de ellos hasta que sus cuerpos fueron localizados en un sembradío de Vista Hermosa, a un costado del camino La Angostura-La Luz. Tenían huellas de tortura e impactos de bala.
En el lugar se hallaron 19 casquillos de fusil AK-47 y pistolas de .45 milímetros y 38 súper. Uno de los occisos recibió al menos 10 balazos en el tórax.
Varios medios publicaron que, semanas antes de su asesinato, los socorristas habían recibido amenazas y se les exigió que no acudieran a un servicio en la carretera. No obstante, el gobierno de Jalisco no ha informado sobre los motivos del asesinato múltiple.
Topete Tovar asegura que las autoridades deben brindar mayor equipamiento a los rescatistas, pues “todo mundo sabe que por la noche y la madrugada son muy peligrosas las salidas para la cobertura de servicios”.
También hacen falta protocolos de emergencia ante la posibilidad de un ataque contra paramédicos que trabajan en la calle, dice: “A mí me tocó asistir a Colombia con fines de capacitación y lo primero que observé es que el servicio de emergencias se ofrece después de que la policía informa que la escena ya fue asegurada y cuenta con el apoyo de personal armado”.
Esta medida se aplica también en Ciudad Juárez, donde los paramédicos no acuden a un servicio si el lugar de los hechos no ha sido acordonado por el Ejército o la Policía Federal. “Personal de seguridad llama a los paramédicos a través del sistema troncal y notifica que el área está libre de riesgos, por lo que pueden ingresar sin temor. Eso me tocó verlo también en la ciudad (colombiana) de Medellín”, comenta.
En un nivel de violencia similar percibe la situación actual de Guadalajara: “Hay veces que llegas a prestar el servicio y descubres que el lugar se encuentra todavía bajo fuego; el personal prehospitalario se ve plenamente expuesto y sin ninguna protección… Van preparados con sus conocimientos para atender situaciones de emergencia, portan su uniforme de socorrista y su botiquín, pero ahora se requiere de equipo especial para evitar riesgos”.
La razón: “La población en general sí entiende que el trabajo del rescatista es ayudar a salvar vidas, a nosotros no nos interesa si son de un grupo o del otro, pero eso no siempre es claro para los grupos en conflicto”.
Normalmente, dice Topete, las fechas en que más trabajo tienen los rescatistas son “los fines de semana o los días de quincena… porque hay más dinero circulando, mayor consumo de bebidas y estimulantes, lo que antecede a problemas como choques, volcaduras o enfrentamientos, baleados o heridos por arma blanca”.
Pero ahora, afirma, se han identificado zonas peligrosas para acudir en servicios de emergencias, como el barrio de Analco, San Juan de Dios, Santa Cecilia, El Sáuz, Miravalle, El Colli, Tala, Tequila, la ribera de Chapala, los límites con Zacatecas y la región sur, entre otras.
El entrevistado recuerda que ya en la década de los noventa los sicarios le arrebataban los pacientes a los paramédicos, aunque sucedía pocas veces: “Cuando yo estaba en activo en la unidad Leonardo Oliva llegó un grupo armado, apuntaron sus armas largas y por la fuerza se llevaron a un herido”.
Pero además de todo, “tenemos que cuidar en primer lugar la integridad del paciente, el riesgo al que se enfrentan los mirones o que no se acerquen demasiado a la víctima para no causar problemas… y tenemos que cuidar que no se pierda nada de nuestro maletín, porque lo tenemos abierto”.
Esta posibilidad no es remota: “Traemos ampolletas o medicamentos controlados. También tenemos que cuidar nuestra integridad y pertenencias, como relojes, carteras y billeteras, porque ya se han dado casos de robos a socorristas, una situación ajena a lo que ocurría hace cuatro o cinco años”.