Claman por la aparición de Eva Alarcón y Marcial Bautista

Señor director:

En septiembre del 2011, la ecologista Eva Alarcón Ortiz, con una voz motivadora de tristeza y humildad, invitaba a todos los ciudadanos a unirse a la noble caravana de paz encabezado por el poeta Javier Sicilia en memoria de los desaparecidos y asesinados por el crimen organizado a consecuencia de la guerra de Felipe Calderón. En la tribuna ubicada en el corazón del puerto de Acapulco, junto al pacifista Javier Sicilia, enviaba su mensaje ante los miles de ciudadanos que se encontraban presentes, a quienes dijo que eran valientes al estar allí.
“Esta situación que está viviendo el país –expresó– nos debe llamar a  la reflexión. Soy representante de campesinos y ecologistas de la sierra de Petatlán y Coyuca de Catalán. A pesar de que la violencia rodeaba a nuestras comunidades y la costa donde vivimos durante años, estuvimos callados. Acerca de este tema no queríamos hablar. Queríamos esconder la cabeza, hacer como que no pasaba nada. Queríamos seguir sembrando lechugas, cuidando nuestros jaguares. Queríamos seguir viviendo como ambientalistas activos, hasta que llegó el momento en que no pudimos seguir callados.   Acapulco es muy grande. Hemos visto mítines con mucha más gente. Unámonos todos. Funcionarios públicos conocidos me dicen: ‘Hola, qué tal, ¿cómo estas? Cuídate…’, pero nadie quiere tocar el tema. Unámonos…”
No se imaginaba entonces la ecologista y activista Eva Alarcón que meses más tarde ella y su compañero de lucha, Marcial Bautista Valle, serían victimas del hampa que impera en el país con su desaparición a manos de grupos armados cuando se trasladaban a la Ciudad  de México, a una reunión con el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad…
Hasta hoy se desconoce su paradero, y en el mismo lugar donde ella emitía su mensaje de paz, su hija Coral Rojas Alarcón y la joven Victoria Bautista Bueno, hija de Marcial Bautista Valle, claman por justicia y piden la presentación viva de sus padres, portando fotos y los nombres de los valientes activistas.
Cuando personas como Eva y Marcial piden justicia, paz y bienestar para todos, alzando la voz y diciendo la verdad que muchos callamos a pesar de que estamos bajo la amenaza del hampa, suelen pagar un precio muy alto, con  su vida propia. Así le ocurrió también a la periodista Regina Martínez, quien incansablemente laboraba para el semanario Proceso destapando la corrupción desenfrenada que existe en la administración de Felipe Calderón y señalando a la gente sin escrúpulos del crimen organizado.
Con su paradigma, esas grandes personas nos invitan a no claudicar y a alzar la voz en nombre de nuestro querido México.

Atentamente
Joel Hernández Gómez
Colaborador del periódico
El Sol de Acapulco