“Nos compraron a todos”

Varios de los enganchadores utilizados por el PRI durante el proceso electoral desmenuzan la forma en que operó el marketing político para la compra y coacción del voto. Durante semanas, un grupo de patrocinadores, enganchadores y movilizadores aceitaron la maquinaria para despejar el camino a los candidatos de ese partido. Al final, como dice una de las representantes de casilla, “todos nos dimos cuenta de que el fraude se hizo entre muchas manos y en medio de un hecho que todos quieren callar: que nos compraron a todos”.

Al estilo del mercadeo multinivel, los operadores del PRI trabajaron durante varias semanas los 20 distritos locales de Jalisco hasta armar una red de enganchadores y movilizadores para garantizar el triunfo de sus candidatos Jorge Aristóteles Sandoval Díaz y Enrique Peña Nieto.
Desde la cúspide de esa pirámide, los patrocinadores o jefes se encargaron de aceitar la máquina con un propósito definido: arrancarle la gubernatura al PAN después de tres administraciones. Cada uno invirtió 1, 2, 3 millones de pesos entre los representantes generales de casillas, de partido, así como entre los movilizadores y operadores el domingo 1, el mismo día de los comicios.
Entrevistados por el reportero, algunos de los implicados en este “trabajo de cooptación del voto” comentan que la consigna del PRI era distribuir apoyos en los 20 distritos electorales de la entidad y organizar la compraventa de votos entre simpatizantes de ese partido.
Reacios a dar su nombre por temor a represalias, describen que los patrocinadores entregaban los recursos a los enganchadores para que éstos los distribuyeran entre los votantes, sobre todo en las zonas más pobres. De esa manera, los beneficiarios nunca supieron quiénes eran los dadivosos patrocinadores.
De acuerdo con los entrevistados, el mecanismo comenzó a aplicarse en los barrios, colonias, pueblos y municipios; se extendió a las decenas de las secciones distritales, y de ahí a los distritos electorales.
Los movilizadores

Durante la jornada del domingo 1, en muchas de las mesas receptoras de votos los presidentes de casilla eran viejos militantes priistas o funcionarios “comprados” a mil 800 pesos y habilitados como representantes de partido.
Además, hubo cientos de movilizadores –entre ellos el gremio de los taxistas–, a los cuales se les pagó ese día entre 800 y mil 200 pesos para que acarrearan en sus vehículos a los votantes a las urnas.
En los seccionales, padrón en mano y la certeza de que los votantes emitirían su sufragio a favor del PRI, vecinos, parientes o familias enteras de las personas enganchadas con anterioridad coordinaron la “movilización ciudadana” hacia las urnas. Cada elector, según los entrevistados, recibió 500 pesos el día de los comicios.
Logrado el triunfo, sólo falta que el PRI y sus personeros cumplan las promesas de repartir plazas a partir del 1 de marzo de 2013, cuando Aristóteles Sandoval tome el poder. Lo mismo deberán hacer los alcaldes, senadores y diputados electos para pagar su deuda con las organizaciones territoriales y sindicatos corporativos, como la Confederación de Trabajadores de México y la Confederación Revolucionaria de Obreros y Campesinos.
Los movilizadores determinaron que los responsables de la campaña del aspirante presidencial Enrique Peña Nieto tenían la obligación de armar su propia red y a la vez de apoyar la campaña de Aristóteles Sandoval, mientras que los seguidores de éste tenían que promover al aspirante a la alcaldía de Guadalajara, Ramiro Hernández.
La víspera de los comicios los movilizadores recibieron el listado de personas y los lugares en los cuales debían recoger a los votantes el día de las elecciones. Uno de los cuarteles utilizados por los priistas fue el hotel Misión Carlton, ubicado sobre 16 de Septiembre y Niños Héroes, cerca de la zona centro de Guadalajara y muy próximo a la sede estatal del PRI.
Ahí, dicen al reportero los trabajadores del establecimiento, los priistas organizaron reuniones y conferencias durante semanas; algunas de ellas corrieron a cargo de Aristóteles. A cada encuentro asistían miles de personas.
Por lo que concierne a la cooptación del voto presidencial a favor del PRI, según los entrevistados, los seguidores de Peña Nieto entregaron tarjetas de la empresa Soriana, en las cuales se depositaba dinero electrónico a los potenciales votantes, así como tarjetas del banco Monex.
Las prácticas ilícitas fueron detectadas semanas antes de la jornada electoral. A principios de junio, el PAN demandó la intervención del Tribunal Electoral y la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Electorales (Fepade) con el propósito de que se congelaran las cuentas de Monex.
El equipo de Josefina Vázquez Mota, candidata presidencial del PAN, mencionó que el PRI pretendía entregar 701 millones de pesos en tarjetas de débito Monex en todo el país. El dato pasó prácticamente inadvertido en Jalisco.
Aristóteles aprovechó para sacar su propia tarjeta electrónica: La Jalisciense. Según la publicidad oficial, el portador de ese plástico tendrá ocho beneficios una vez que entre en funciones el próximo gobernador. Entre los beneficios se incluye una beca para la capacitación laboral, así como apoyo económico a los mayores de 65 años, ayuda a madres solteras y obtención de útiles escolares (Proceso Jalisco 392).
Los priistas también repartieron tornilleros, cubetas para la leche de Liconsa, peñalindros, gorras, paraguas, tenis, chamarras, relojes con el logo del PRI, camisetas y otros artículos con la imagen de Aristóteles.
“Mi voto era para el PRI”

En Zapopan, una mujer de aproximadamente 50 años dice que recibió 500 pesos del PRI el día de los comicios, lo que le valió el regaño de su hija mayor. Pero eso no le importó porque, dice, “de todas maneras iba a votar por los candidatos de ese partido”.
Y expone las razones de su voto: en los noventa tenía un negocio de vendimia en el cual le iba bien. Los domingos sacaba entre 5 mil y 8 mil pesos. Pero llegaron los panistas y todo cambió. Los agentes de la PGR comenzaron a presionarla y a decomisarle su mercancía. En cada operativo llegó a perder hasta 15 mil pesos.
Hoy, su puesto ofrece poca mercancía “por falta de inversión”, relata. Además, tuvo que vender su camioneta Ford y compró otra que no le funciona, pues cada rato la deja tirada. Por eso, cuando un compañero del PRI le dijo que si votaba por el partido le darían 500 pesos, se entusiasmó y emitió su sufragio por el partido.
La historia se repitió entre las empleadas de un restaurante de la zona centro de Guadalajara. Una de ellas incluso estuvo en una casilla en la cual, cuenta, el PRI le pagó mil 500 pesos por ayudar a “cambiar el sentido de los votos” en detrimento del PAN.
Cuenta: “Al principio no creí que nos fueran a dar dinero ni a mí ni a las otras compañeras. Pero luego comprobé que sí era cierto: mil 500 para cada uno de los representantes de casilla, 10 mil para el presidente y 800 pesos para representantes de partido y si éste no aceptaba (apoyar al PRI), recibía una amenaza directa para que se fueran al momento de hacer el conteo”.
Por eso, cuando éste se realizó, sólo estaban los del PRI y los representantes de casilla. “Los escrutadores borraron cientos de votos cruzados en favor del PAN y los remarcaron con las siglas del PRI. Con la mano quitaban la tinta de la crayola y cambiaban de cuadrito para decir que el voto había sido por el PRI”.
Cuando comenzaron a difundirse los resultados, dice, ella y otra de sus compañeras se dieron cuenta de que “hubo demasiadas trampas. El fraude se hizo entre muchas manos y en medio de un hecho que todos quieren callar: que nos compraron a todos”. l