LONDRES.- Todopoderosa es la City –el centro financiero británico– en el mundo y en esta capital, donde tiene un estatus especial desde el siglo XIII. La Square Mile (Milla Cuadrada, nombre que alude a su extensión: 2.6 kilómetros cuadrados) goza de amplia autonomía desde 1215, cuando el rey Juan sin Tierra dejó que los grandes negociantes de su reino se administraran solos, asegurándose así su apoyo.
Desde entonces la City elige su propio alcalde. Lo hace cada año, el 29 de septiembre. En la Edad Media eran las guildas (asociaciones de mercaderes) las que lo elegían. Hoy son los directivos de los bancos y las multinacionales.
El segundo sábado de cada noviembre el flamante alcalde de la City se traslada al Palacio de Westminster. Lo recibe con todos los honores el lord canciller, quien le da constancia de la aprobación de la reina Isabel II, a quien jura fidelidad. El rito es idéntico desde hace casi 10 siglos.
La City es el único lugar de Gran Bretaña al que la reina no puede llegar sin permiso del alcalde. Éste reside en la Mansion House, justo frente al Banco de Inglaterra. No cobra sueldo. No pertenece a ningún partido político. Su responsabilidad es representar a la City ante el gobierno británico y el mundo.
La Square Mile tiene su propia policía y ventajas fiscales considerables desde la Edad Media. Alberga sólo a 11 mil habitantes, pero entre 300 mil y 350 mil personas trabajan en sus oficinas de lunes a viernes y un millón más laboran indirectamente para sus empresas.
Pasearse por la City no deja indiferente a nadie. Todos los estilos arquitectónicos se codean ahí: los antiguos edificios de la era victoriana que sobrevivieron a los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial conviven con el inmueble más moderno y criticado, el famoso Gherkin (pepino) de forma ovalada, propiedad de la Swiss Reinsurance. Al contrario de Canary Wharf (el otro centro londinense de negocios), la vida de la City es densa, en sus calles se siente el paso de mil años.
La Corporación
Dos consejos, uno de representantes de las guildas y otro formado por magistrados, administran la vida diaria de la City. Pero es la City of London Corporation la que tiene el poder real, la que gobierna en la Square Mile. “La Corporación tiene mil años y ha resistido todos los intentos de limitar su fortuna y su influencia. Enfrentó a monarquías, gobiernos e instituciones”, enfatiza The Bureau, reconocido diario electrónico.
Su meta es sencilla: asegurar la permanencia de su estatus de centro financiero intocable. La Corporación cuenta con una inmensa red nacional e internacional de intermediarios y con un equipo de cabildeo encabezado desde el pasado mayo por Mark Boleat e integrado por un centenar de abogados, profesionales de la comunicación, economistas del más alto nivel e investigadores.
Según The Bureau ese equipo costaría 10 millones de libras al año. El antecesor de Boleat era Stuart Fraser, cuya energía es legendaria: Logró entrevistarse 22 veces en 14 meses con los ministros de Finanzas y de Hacienda.
Le sobra trabajo a ese batallón de cabildeo: la City salió muy mal parada de la quiebra de Lehman Brothers, de la estafa piramidal de Bernard Madoff y del llamado escandalo LIBOR del banco Barclays, que hoy todavía causa estragos. Tiene grandes responsabilidades en la crisis que sacude a Europa. Y no le gustan los balbuceantes esfuerzos de la Unión Europea por imponer reglas al mercado financiero.
La Corporación tiene un presupuesto de casi 12 millones de libras para gastos de representación. Gran parte de esa suma se va en cenas y fiestas a las que acude la crema y nata política del país y destacados líderes internacionales.
William Taylor, exmiembro de la Corporación, confió a los investigadores de The Bureau: “Basta reunir en un salón a toda la gente poderosa sobre la que se desea influir. Se reparten tragos exquisitos y elogios. Todo eso embriaga. La cantidad de alcohol no debe tener límites. Así opera el poder. Se subestima el papel de ese tipo de reuniones en la consolidación del consenso y del apoyo que logra Corporación”.
El Parlamento es también un campo abierto para el cabildeo de la City of London Corporation. Uno de sus privilegios ancestrales es que un miembro suyo asuma el papel de remembrancer en el Parlamento. Ese oficial, asesorado por 10 abogados, revisa con lupa todas los nuevos textos legislativos y cuestiona sistemáticamente los que afectan los intereses de la Square Mile, logrando a menudo cambiarlos.
La Cámara de los Lores tampoco escapa a la influencia de la Corporación. Según The Bureau, 124 lores, 16% del Senado, tienen lazos directos con firmas financieras y los comités que revisan el presupuesto anual están en su mayoría ligados con la City.
El poder económico de la Corporación es gigantesco. Cobra anualmente 698 millones de libras en impuestos sobre los negocios realizados por las empresas que alberga. Devuelve 649 millones al gobierno central. Le quedan 50 millones con los que asegura el mantenimiento de varios puentes de Londres, de bosques en las zonas de Hamstead y Epping y financia el centro artístico Barbican. Pero la mayoría de sus ingresos provienen de sus múltiples operaciones financieras. Se calcula que dispone de 3 mil millones de libras.
Una investigación, publicada en noviembre del año pasado por la Universidad de Cambridge con el título ¿Quién es dueño de la City?, ofrece respuestas sorprendentes.
Los inversionistas extranjeros ya adquirieron 52% de las oficinas de la Square Mile. En 1980 sólo tenían 8%. Entre 2008 y 2011 gastaron 94 millones de libras en la compra de inmuebles para negocios; mucho comparado con los 27 millones invertidos por los británicos.
Una de las grandes preocupaciones de la City es evitar que ese flujo de capitales foráneos le impida preservar su vocación financiera.
Por el momento no corre ese riesgo, afirman los investigadores de Cambridge: 41% de las oficinas disponibles en la Square Mile pertenecen a aseguradoras y compañías de bienes raíces, mientras que 57% pertenece a empresas de servicios financieros y de negocios.
La penetración masiva de capitales foráneos inquieta, sin embargo, al profesor Colin Lizieri, quien encabezó la investigación: “La globalización de la propiedad tiene sus propios riesgos. Es peligroso atar el destino de la City a la volatilidad de los mercados financieros”, dice y pregunta: “¿Qué pasará si los centros financieros emergentes de Asia ganan poder a expensas de Londres?”.
Pero la gran revelación es la respuesta a la pregunta inicial: ¿Quién es dueño de la City? Los alemanes son los principales inversionistas, ya que poseen 16%; siguen los estadunidenses (10%), los países de Medio Oriente (6%) y los japoneses (2%).








