El recibimiento apoteósico que tuvo en Madrid la selección española de futbol luego de conquistar la Eurocopa puede verse como una catarsis mediante la cual España conjura los demonios que la acosan en la hora actual: endeudamiento, desempleo y dolorosas medidas de ajuste financiero. El artífice del triunfo deportivo es Vicente del Bosque, técnico de la escuadra campeona del mundo y de Europa, por quien hace algunos años y después de su despido del Real Madrid nadie hubiera apostado un centavo.
MADRID.- Vicente del Bosque, entrenador de la selección española, es una rara avis en el futbol actual. En un deporte en el que imperan el marketing, los contratos millonarios y los titulares de prensa, sigue siendo un hombre austero, generoso, trabajador y honesto, según lo describen sus jugadores, excompañeros y sus biógrafos, como el periodista español Paco Cañamero y el italiano Luca Caioli.
Ese perfil forjado bajo la enseñanza de Santiago Bernabéu, el mítico presidente del Real Madrid, marcó a El Mister –como le llaman sus jugadores– también en lo deportivo. Y en este terreno, dicen sus apologistas, se mantiene fiel al trabajo, la disciplina, el talento, la efectividad y la sobriedad.
Del Bosque acumuló un currículum como jugador, mientras que como entrenador ha sido el técnico más laureado del futbol español: En el Real Madrid permaneció durante 36 años, desde que llegó a las divisiones inferiores hasta que logró formar parte del primer equipo, donde estuvo durante 11 temporadas. Fue coordinador de La Fábrica, la cantera del club; después fue interino por dos periodos y luego, ya en calidad de permanente, se hizo cargo del banquillo del Real Madrid de Primera División.
Como jugador conquistó cinco campeonatos de liga, cuatro copas España y jugó 18 partidos internacionales con la selección. Como entrenador del club logró dos campeonatos de liga, dos copas de Europa, la Supercopa Europea, la Supercopa Española. Al frente de la Selección Española ganó el campeonato del Mundo, y este año la Eurocopa.
En su papel de técnico de la selección nacional, Del Bosque tenía un reto mayor al sustituir a Luis Aragonés, quien logró la Eurocopa en 2008, frente a Alemania, y era venerado por la afición. “Del Bosque respetó el trabajo del anterior seleccionador. No quería romper nada del pasado”, dice Fernando Hierro, director deportivo de la Federación Española de Futbol.
Durante el acto en que recibió el Premio Príncipe de Asturias 2010, en Oviedo, Del Bosque rompió el protocolo: acudió hasta el asiento que ocupaba su antecesor, Luis Aragonés, para llevarlo al estrado, junto a 10 de los jugadores ahí presentes, para hacerlo partícipe del reconocimiento. En su discurso, le atribuyó el mérito de la victoria en Sudáfrica.
“Explosión patriótica”
Sin proponérselo, al menos en dos ocasiones el país entero se ha apoyado en los hombros de Vicente del Bosque y en los de su selección, sobre todo en los momentos de agobio social por la crisis financiera y las noticias sobre recortes a la seguridad social, el rescate a sus bancos o los cotidianamente malos datos de la prima de riesgo de la deuda española.
“Esto es una catarsis colectiva. Parece que La Roja y Del Bosque son la tablita de salvación de un país que se siente ahogado por la crisis”, dice al reportero un corresponsal extranjero con muchos años de residencia aquí, mientras observa, el lunes 2, el jubiloso recibimiento de más de un millón y medio de aficionados a su selección, tras conquistar la Copa del Campeonato Europeo de Futbol 2012.
Ese día Del Bosque se mantuvo en un discreto segundo plano, y dejó que sus jugadores fueran los protagonistas del efusivo recibimiento. No salió siquiera ante los aficionados que abarrotaban la glorieta de la fuente de Cibeles, cuando en el momento culminante, el showman de La Roja, el portero Pepe Reina, lo nombró en medio de una ovación.
Pese a su discreción defiende con fervor a sus jugadores. Lo hizo cuando su equipo pasó dificultades en el juego frente a Croacia en esta Eurocopa, y la prensa española y parte de la afición alimentaron un fuerte debate por ello. Del Bosque declaró: “Esa es la sensación que hay, de pesimismo. Parece que todas las selecciones se abrazan cuando han pasado (al siguiente escalón de la liga); tenemos expectativas muy grandes que todo nos sabe a poco. Hemos pasado de pobres a ricos muy rápido, no sabemos valorar lo que tenemos”.
Otro momento de gloria cuando La Roja y su técnico fueron recibidos como héroes ocurrió tras conseguir el Campeonato del Mundo en Sudáfrica, en 2010. Entonces, el periodista italiano Luca Caioli le preguntó:
–¿No le parece que la victoria se ha sobrecargado de valores?
–Creo que ha habido una explosión patriótica –respondió–. Estamos en un momento de dificultad económica en todo el mundo y se han ensalzado demasiado los valores patrióticos, pero tampoco está mal. Yo por lo menos me quedo con la exaltación futbolística de lo que ha significado el triunfo.
No obstante, Del Bosque reconoce que el futbol es un fenómeno “que muchas veces nos sobrepasa. Y en este caso hubo una victoria y por eso la selección es una imagen de España”.
En su libro Vicente del Bosque. Mil Gracias, Caioli le preguntó cómo motivó a los jugadores antes de salir a jugar esa final. “No era un discurso patriótico de esos de que nos jugamos la vida o esas cosas. Les dije: ‘nos está viendo toda España esperando a ver qué hacemos’. Eso es obvio. Hablé más del futbol, de la suerte que tenían ellos y todos nosotros de poder estar en la final de una Copa del Mundo, porque hay mucha gente que ha jugado al futbol y nunca ha vivido una experiencia así”.
Tras el triunfo de 2010 frente a Holanda, José María Gay de Liébana, profesor de la Universidad de Barcelona y experto en economía del futbol, expuso que “gracias al Mundial creemos en nosotros mismos” y consideró que “esa euforia del futbol se trasladaría a la economía” y podría generar más consumo e impactar favorablemente medio punto porcentual del PIB español.
Visión
Vicente del Bosque nació el 23 de diciembre de 1950 en el seno de una familia de trabajadores ferrocarrileros, como su padre, Fermín. Vivían en el populoso barrio de Garrido y Bermejo, en Salamanca, en el que la mayoría de los vecinos eran trabajadores de los talleres y maquinistas de la empresa ferroviaria española RENFE.
Desde muy pequeño, al lado de su hermano mayor, Fermín, y de su amigo Serafín José Bueno, Sera, Vicente jugaba futbol. Los tres eran seguidores del Athletic de Bilbao, relata Sera al periodista italiano.
“Poníamos a Vicente de portero; no le gustaba, pero como era el más pequeño abusábamos. Su hermano centraba por un lado y yo remataba por el otro. Y luego nos íbamos cambiando para que él también jugara. Otros niños se divertían con los trenecitos, nosotros con el balón”, dice.
En la casa de la familia Del Bosque vivían con “limitaciones en lo económico, con muchas carencias. No en lo indispensable, pero teníamos que hacer filigranas para llegar a final del mes”, relató el mismo Vicente.
A los 15 años debutó en el Salmantino, filial de la Unión Deportiva Salamanca, donde destacó por su juego preciso. Estudió en la escuela de magisterio, porque quería ser maestro, pero el futbol lo fue despegando de los libros.
Al poco tiempo fue descubierto por el Real Madrid. En 1967, Antonio Martiño, Toñete, escrutador de nuevos talentos del equipo merengue, recibió la encomienda de ir a Salamanca para ver el juego de este joven, del que él mismo ya tenía noticias.
“El informe que hice de Vicente fue muy fácil porque como jugador contaba con los cimientos del futbol, que es la técnica, el dominio del balón, el control y la conducción, y Del Bosque dominaba todo eso. Para su edad era muy alto y un poco lento, pero esa falta de velocidad la suplía con su calidad. ‘Veía’ muy bien el juego, sabía calcular los tiempos y los movimientos de su equipo y del adversario”, recuerda Toñete.
El 1 de agosto de 1967, Del Bosque entró, con 16 años, a La Fábrica, la cantera del Real Madrid. Fue el inicio de su larga historia en el club. Entre 1970 y 1972 fue cedido a los clubes de futbol Castellón y Córdoba, y en septiembre de 1973 debutó en el primer equipo del Real Madrid.
Un contemporáneo en el club y la selección española, Carlos Alonso González, Santillana, dice en entrevista con el periodista italiano que Del Bosque era entonces el equivalente a lo que ahora es Xavi Hernández, “un líder que construye el juego de todo el equipo”.
“Nosotros no queríamos que se moviera rápido; lo que queríamos era que moviera rápido el balón, y eso es lo que hacía”, rememora.
Santillana dice que esa generación de jugadores se formó en La Fábrica con Miguel Malbó y en el equipo de Primera División que dirigía Luis Molowny; también fueron influidos por el yugoslavo Vujadin Bosvok y su sistema de entrenamiento, cambiante, divertido.
“Por eso (Vicente) como entrenador maneja al grupo, armoniza al vestuario, es un buen psicólogo; además, como ha sido futbolista sabe perfectamente cómo piensan sus jugadores. Los hace partícipes del trabajo e involucra no sólo a los titulares, sino también a los suplentes”.
Molowny se convirtió en tutor de Del Bosque en lo deportivo. Lo guió, lo mantuvo como auxiliar en el banquillo, y lo animó a tomar su curso como entrenador. Eran los años de Santiago Bernabéu, quien en una sola ocasión le llamó la atención a Del Bosque, no por una falla deportiva, sino por su falta de cortesía al no saludar a una mujer que visitaba el club.
Canterista
Como integrante de la selección nacional, jugó y articuló muchos triunfos; sin embargo, una lesión le impidió figurar entre los seleccionados para el Mundial de Argentina, en 1978. El entrenador húngaro Ladislao Kubala le prometió considerarlo para otro mundial, pero lo dejó fuera, y al incumplir esa promesa provocó un gran disgusto a Del Bosque.
En sus 15 años al frente de La Fábrica del Real Madrid, Del Bosque detectó talentos y formó a figuras como Raúl González, elogiado por Pep Guardiola, en marzo pasado, como “el mejor jugador español de todos los tiempos”, actualmente en el equipo qatarí Al-Sadd. También formó a José María Gutiérrez, Guti, un reconocido goleador del Real Madrid, y a Iker Casillas, el portero y capitán de la actual selección española.
“Durante años pasó viendo miles de partidos y escrutando jugadores, captando detalles que escaparían a muchos otros entrenadores”, escribió el periodista Paco Cañamero.
Alberto García Collado, integrante de su equipo técnico en el Real Madrid, recordaba en entrevista con Caioli que desde el primer día que se incorporó a la cantera, Del Bosque se dedicó a las pequeñas promesas.
“Jamás tuvo un rasgo de vanidad por haber sido jugador del primer equipo. Trabajaba todo el día y los sábados se iba a Valencia, a Salamanca, a Andalucía, a cualquier parte de España, para ver jugadores que los ‘ojeadores’ le habían indicado. Vicente iba a dar el último vistazo y a dar el visto bueno para el fichaje. Era un convencido de que los equipos grandes deben basarse en sus propias canteras. No es la salvación de un club, pero es el equilibrio presupuestario, del vestuario y deportivo de gente que desde niño ha vivido y quiere el club”.
El jefe de los servicios médicos del Real Madrid, de 1999 a 2003, Alfonso Corral, también lo describe como “un conservador” que a la hora de tomar decisiones “no le gustan las cosas precipitadas, no es un hombre de impulsos ni toma decisiones estrambóticas”.
En el mundial de Sudáfrica, tras perder el primer juego con Suiza, un rival teóricamente débil ante el que todos los pronósticos auguraban un claro triunfo de los muchachos de Del Bosque, éste mostró su temple. Así describió ese momento el periodista Paco Cañamero:
“Hubo críticas duras, excesivamente duras, que juzgaban su sistema y afirmaban que estaba caduco y que debía emplear otra táctica”. Aun así mantuvo en la alineación a Sergio Busquets, que cuatro años antes era un jugador de la Tercera División, y por quien Guardiola apostó en el Barcelona. El propio Busquets valoró que en una conferencia Del Bosque lo haya defendido al decir: “si yo fuera jugador, me gustaría parecerme a Busquets”. Con ello no sólo salía en defensa de su jugador, sino de su propia estrategia.
Despido merengue
Tras obtener la última Eurocopa, Del Bosque declaró que “este triunfo representa la modernidad del país”, en franca contraposición a esas críticas que, como en Sudáfrica, consideran su estrategia caduca. Nueve años atrás, el 23 de junio de 2003, fue destituido del Real Madrid, al día siguiente de haber ganado el vigésimo noveno título de Liga.
Tres años antes, en 2000, había llegado a la presidencia del club el empresario Florentino Pérez, quien inició una faceta opuesta a la tradición del Real Madrid. Impulsó las millonarias contrataciones de estrellas globales como Figo, Zidane, Roberto Carlos y David Beckham, los llamados “galácticos”. Con todo, el técnico consiguió una sintonía entre las estrellas y los jugadores de la cantera en el campo de juego.
“Por entonces el equipo se fue llenando de estrellas, aun cuando Del Bosque no acusara problemas de liderazgo dentro del vestuario. Otra cosa era el marketing: el Real Madrid, durante la presidencia de Florentino Pérez, aspiraba a convertirse en un club global capaz de capturar seguidores en los cinco continentes. Del Bosque no encajaba en esa imagen: no hablaba inglés y no vestía cuellos italianos ni corbatas de seda”, escribió el periodista Luis Gómez, en el periódico El País.
Fue Jorge Valdano, en ese entonces directivo de segundo nivel, quien le comunicó su despido a Del Bosque. En los pasillos del estadio Santiago Bernabéu le dijo: “No vas a seguir”. “Ya me lo imaginaba”, le respondió el entrenador.
“Más que profesionalmente, me dolió humanamente. Yo creo que estuvo mal gestionado. No me esperaba esa frialdad después de 36 años en el club”, le dijo a su biógrafo italiano.
Tras ser despedido, le comunicó telefónicamente a su amigo Fernando Hierro: “Me han echado”. Cinco años después, como director deportivo de la Federación Española de Futbol, Hierro le preguntó a Del Bosque:
“Si existe la posibilidad, ¿podría proponer tu nombre como seleccionador?”. Aceptó, y al plantearle que la responsabilidad era mucha, que recibiría una selección campeona de Europa después de 44 años, Vicente le respondió: “Mucho mejor, mejor que heredar una selección que desde hace 44 años no gana nada y que tiene una decepción cada dos años. Prefiero el optimismo de ganar que el pesimismo de perder”.








