El empeño de los funcionarios de las instituciones electorales, de los conductores estelares de la televisión y de la llamada “comentocracia” por presentar los comicios del pasado domingo 1 de julio como perfectos, los más transparentes y vigilados en la historia de México, no fueron suficientes para limpiar el proceso electoral, calificado desde su inicio como inequitativo.
Tras semanas de señalamientos al candidato del Partido Revolucionario Institucional, Enrique Peña Nieto, por sus excesivos gastos de campaña, el uso de recursos del erario de gobiernos estatales, el favoritismo de las televisoras y algunos medios de comunicación, el uso manipulado de las encuestas y el acarreo de votantes, la elección culminó como un remake de la de 2006: Bajo sospecha.
Pero ahora el Movimiento Progresista y su candidato Andrés Manuel López Obrador y una buena parte de la ciudadanía –conscientes de que una boleta no expresa las irregularidades del antes y después del proceso– exige no el recuento de votos casilla por casilla, sino la nulidad de las elecciones.
El sociólogo Armando Bartra, el antropólogo Héctor Díaz Polanco y el especialista en ciencias políticas Alberto Aziz Nassif hacen para Proceso un breve recuento de la jornada y ofrecen su visión acerca de la credibilidad del Instituto Federal Electoral (IFE), el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (Trife) y la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Electorales (Fepade).
Instituciones omisas
Profesor-investigador en la Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco, Armando Bartra advierte sobre la necesidad de no enfrascarse en la mera revisión de los métodos estadísticos y el comportamiento del Programa de Resultados Preeliminares (PREP), pues es posible que no obstante haya datos duros, pocos sean los votos recuperados y al final no reviertan el resultado.
El punto, dice, es señalar que la elección no fue justa, equitativa ni correcta, estuvo plagada de vicios antes de iniciar el proceso, durante la campaña y el mismo día de los comicios, con contratos, convenios y erogaciones “multimillonarias” con los cuales se construyó en las televisoras, principalmente Televisa, la imagen de Peña Nieto, utilizando recursos públicos y haciendo pasar publicidad pagada como información de los medios.
Cita más hechos: un gasto “brutal” en las elecciones que “no es difícil probar”, una erogación que rebasa por el doble y hasta el triple los topes de campaña, financiamiento ilegal, el juicio en Estados Unidos en contra del candidato por operaciones supuestamente fraudulentas, compra de votos “documentada una y mil veces”,“dádivas” con la tarjeta Monex, tarjetas telefónicas, la reunión entre Peña Nieto y 16 gobernadores para definir “cuántos votos y recursos iba a canalizar cada uno a la campaña”.
Y asienta entonces el sociólogo:
“Lo que tenemos es un enorme fraude construido desde mucho antes de las elecciones. Si los votos que entraron a las urnas son los que dice el recuento, bien, pero muchos de esos son vacuos, son votos chatarra, no porque quienes votan sean personas o ciudadanos chatarra, nadie puede ser despreciado por la forma en que vota, pero si a uno lo chantajean, lo obligan, lo presionan, utilizan su pobreza para hacerlo votar, es un voto hueco, vano. Esto es lo que sucedió. Estamos frente a una elección que, si en este país hubiera realmente imperio de la ley, tendría que anularse.”
Entonces por qué ante estas irregularidades, incluso previas a la elección, personajes públicos como José Woldenberg, extitular del IFE, o el propio rector de la UNAM, José Narro Robles, insistieron en la claridad de las elecciones. Sin juzgar de “doblez o mala fe consciente o premeditada” estas actitudes, Bartra ve en ellas una suerte de temor entre los intelectuales, o quienes tienen cierta credibilidad por su acceso a los medios, a hablar de irregularidades y destapar con ello “la olla de los monstruos”. Quizá piensen que con sus imperfecciones y fallas se tiene “una democracia con alternancia en la cual los partidos van y vienen” y es mejor eso que tener un desorden por atreverse a señalar los vicios. Agrega sin embargo:
“En todo caso es una vergüenza, porque quienes tenemos posibilidad de ser escuchados un poco más que cualquier mexicano de a pie, tendríamos la obligación de señalarlo. Por lo demás, creo que los medios, incluso los televisivos, lo han dicho y han mostrado trailers llenos de regalos y de chucherías. Hay cosas que no se pueden ocultar.”
–¿Entonces el IFE y el Trife no son confiables todavía? El presidente del Trife, Alejandro Luna Ramos, se adelantó a decir antes de recibir pruebas que no cambiará la decisión “manifestada por la ciudadanía en las urnas”.
–Lo menos que se puede decir de la Fepade, el IFE y el Trife es que son omisos, no hacen su trabajo, cuando supuestamente debieron garantizarnos elecciones limpias hasta donde es humanamente posible. Asegurar que más allá de que a alguien, en su desesperación, se le ocurra robarse una casilla, no sucedan estas trapacerías esquemáticas en escala nacional, con millones y millones de pesos involucrados.
Luego hace una metáfora con el futbol y la ley de la ventaja para establecer que el único modo en que una elección en las cual se hizo trampa sea válida es que el candidato afectado gane, si no, es ilegal. El problema además fue que el árbitro no hizo su trabajo, se mantuvo al margen.
Enfatiza:
“Los elementos que hasta ahora tenemos los ciudadanos en común, proporcionados por los partidos PAN y PRD, transmitidos por los medios incluido ustedes Proceso, La Jornada, los medios electrónicos, son suficientes para decir que hubo una serie de acciones claramente fraudulentas. Hay leyes, normas, instituciones, y deben proceder a aplicar la ley, investigar y de ser necesario anular la elección.
“Lo que no podemos decir es: ‘Aquí y ahora, por mis pistolas, esta elección fue limpia y éste es el candidato ganador’, porque entonces asumimos que no hay interés en limpiar la elección, en investigar si hubo manejos torcidos y por tanto no hay posibilidad de anularla. Lo que están diciendo previamente es: ‘No se hagan tontos, de todos modos este arroz ya se coció´. No nos pueden decir eso, porque los ciudadanos decimos: ‘Hay que ver si hay un negrito o muchos negritos en el arroz, entonces no se puede cocer’.”
–Si hubo omisión durante todo el proceso y así se ha querido dar como ganador a Peña Nieto, hasta lo han felicitado gobernantes extranjeros como Barack Obama, ¿es ingenuo pensar que las instituciones reconocerán los errores y echarán abajo la elección?
–La ingenuidad es un arma política. Uno tiene que creer en la ley y apelar a las instituciones hasta el último momento, y a la vez, como hicieron ayer (lunes 2 de julio) los chavos del 132 en el Monumento a la Revolución, en un recorrido por Polanco, en el PRI y en el IFE, decir: “Rechazamos estas elecciones y a este posible presidente”.
Para el investigador es tan válido expresarse en la calle, como apelar a las instituciones. Y quedó claro cuando el lunes, casi al mismo tiempo, marchaban por las calles los jóvenes del 132, y López Obrador, “con el mismo espíritu, el mismo talante” anunció que interpondrá las denuncias necesarias, para impugnar, por los métodos adecuados y legales, una elección injusta.
“Las dos cosas son parte de una misma actitud. Ni los chavos son demasiado radicales, ni López Obrador es en exceso institucional o prudente. Son las dos vías y las dos se deben transitar en este momento. Grave sería que aquellos que tienen la posibilidad de acceder a las instituciones y apelar al cumplimiento de la ley no lo hicieran y grave sería que los ciudadanos que tenemos el derecho de protestar no protestáramos.”
La misma historia
Apenas a finales de mayo pasado Héctor Díaz Polanco presentó su libro La cocina del diablo. El fraude de 2006 y los intelectuales, en el cual presenta las evidencias aportadas por varios científicos de la UNAM y otras instituciones en torno a las elecciones de 2006. Ahora parece estar viendo la misma película, “proyectada de nuevo casi con los mismos personajes, con los mismos argumentos, la misma narrativa”.
En su obra lamenta que los intelectuales, entre ellos Woldenberg, repitieran incesantes que no hubo fraude en 2006 porque no había pruebas, cuando varios investigadores las aportaron. Ahora se sumó el rector Narro, tras una auditoría de la UNAM al PREP, asumiendo su confiabilidad.
A decir del antropólogo, ni el rector ni los técnicos de la UNAM pueden garantizar que mientras corre el programa, no se le puedan introducir elementos inadecuados, por lo cual el funcionario no podía anunciar que la elección iba a ser “absolutamente limpia”: “En el mejor de los casos expuso a la opinión pública un criterio equivocado”. Y lo mismo sucede con el encriptamiento del Instituto Politécnico Nacional:
“Cómo garantizar que quienes tienen las llaves electrónicas no las utilicen para hacer lo que quieran hacer. Tuvimos de nuevo una elección sin garantías suficientes sobre la transparencia y la limpieza del cómputo del IFE y empiezan a aparecer denuncias de manipulación del sistema y del cómputo mismo, debido a que no se hizo lo que se debió. El IFE fue omiso, incluso se fue por la tangente insinuando que no comprendía el sentido de las demandas de seguridad y transparencia de los ciudadanos y algunos científicos.
Si bien llama a no hacer elucubraciones, considera que a juzgar por la información recabada, se puede afirmar que predominó un método relativamente nuevo, “por lo menos en la dimensión en que fue utilizado, me refiero a la compra y la inducción del voto mediante tarjetas electrónicas”.
Añade que es una novedad en la inventiva fraudulenta priista y, “al parecer, se buscaba modificar la voluntad popular electoral y no dejar rastros en las casillas, de tal manera que no se distinguiera un voto comprado de uno normal, lo cual es muy difícil establecer. Se evitaron métodos tradicionales, utilizados en elecciones anteriores, como la modificación de los datos directamente relativos a la cantidad de votos depositados”.
Y sin embargo, advierte que como de cualquier forma es muy probable que Peña Nieto no alcanzara la mayoría, y aunque (al cierre de esta edición) no es concluyente el resultado, “hay bastantes indicios que revelan discrepancias sustanciales entre los datos de las actas de las casillas y los registrados en el PREP”.
Al parecer, agrega, hay órdenes de aumentar cien votos en favor de un candidato en perjuicio de otro. Sucede particularmente con la coalición de izquierda donde, por ejemplo, si el acta dice 112, se le anotaron en el PREP solamente 12. De ahí la necesidad de abrir los paquetes en el conteo distrital, para ir corrigiendo la información y donde haya irregularidades impugnar.
“Es evidente que se trató de una elección extraordinariamente deformada por acciones fraudulentas realizadas antes de la votación y, quizá en menor medida, durantes la votación. Pero antes, la maquinaria de inducción y de compra del voto trabajó a toda marcha y con toda su potencia, de tal manera que se trata otra vez de elecciones muy cuestionables y habrá que utilizar todos los recursos necesarios.”
Expresa su asombro:
“Se repite algo insólito: Se reprocha a quien está utilizando o quiere utilizar los recursos que la ley establece, ¡alegando que incluso se pone al margen de la ley! Es verdaderamente incomprensible y hasta vergonzoso, se empata con la insistencia del Consejo Coordinador Empresarial, retomada por el presidente del IFE que fue su principal promotor, de prácticamente obligar –en especial por lo que se refiere al candidato de las izquierdas– a firmar un compromiso de aceptar los resultados electorales.”
Juzga el llamado “pacto de civilidad electoral” como algo inocuo y quizá aceptable, pero que no puede ser “una especie de recurso” para que López Obrador no use los recursos de la ley:
“Es absurdo pedirle a un ciudadano y más a un dirigente político o a un candidato no utilizar los recursos que la ley le otorga, es como inducirlo a violar la ley… Y ya se empieza a hacer propaganda en torno a esto, a raíz de que el candidato ha dicho que utilizará todos los recursos, esto no debería de ser considerado negativo, debería ser aplaudido en una sociedad democrática.”
Respecto de lo señalado por el presidente del Trife en el sentido de que no puede modificar en la mesa la decisión de los ciudadanos expresada en las urnas, Díaz Polanco dice tajante:
“Pues nadie le pide eso, es exactamente lo contrario: Que la voluntad popular se exprese en la elección y ése es su trabajo… Lo que queremos es que haga lo que marca la ley, que es garantizar la limpieza, la certeza, de la elección como manda la Constitución. Ésa es una declaración muy ominosa, inquieta más que tranquilizar.”
Claroscuros
El especialista del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social, Alberto Aziz Nassif, ve una jornada con claroscuros. En lo positivo habla de la organización, la instalación de casillas, el cómputo y la participación ciudadana. Lo negativo es la compra y coacción del voto; el desempeño de las encuestas, que fueron parte activa del proceso y generaron percepciones equivocadas que afectaron el proceso electoral.
Desde 1994, cuenta, Alianza Cívica ha estudiado y documentado en forma sistemática la compra y coacción del voto, pero esta vez se hizo con una “magnitud mucho mayor, con todo un sistema político que sustenta esto, es decir gobiernos locales con mucho más dinero y menos mecanismos de transparencia y rendición de cuentas abiertos”.
Se debe a que ahora los partidos tienen más dinero que en 2006 y, por el cambio de modelo, no tienen que comprar espacio en los medios, además hay un “amplísimo sector de la sociedad en condiciones de pobreza que va a ser siempre la pieza clave para el intercambio clientelar y la compra del voto”.
Agrega como factores los niveles educativos, el tipo de cultura política, y la información que recibe la gente.
Se habla de equidad informativa cuando en la realidad la cobertura es muy desigual. No es lo mismo, los medios en el Distrito Federal, que en los estados donde “hay un control de los gobernadores y una serie de mecanismos terribles de control de un viejo régimen que nunca se fue, que se asentó ahí de forma mas contundente”.
–Aunque el PAN estuvo doce años, ¿la vieja estructura del partido revolucionario no terminó de desmantelarse?
–No, porque finalmente el PAN llegó y se acomodó a los intereses y no movió las piezas para cambiar las reglas, el régimen y las prácticas, incluso empezó a repetirlas en muchos casos con sus alianzas con el viejo corporativismo y con la permisividad que tuvo con los poderes fácticos y, bueno, muchos de los errores que ahora se le están cobrando en las urnas.
Cuando se le pregunta si las instituciones electorales son confiables, dice que es paradójico que el día de las elecciones se destacaran las grandes cifras: las casillas instaladas, los observadores, y al mismo tiempo todas las irregularidades, la compra y coacción, etcétera, están ahí también.
Luego detalla que la Fepade nunca ha tenido buen desempeño y las penalidades para los delitos electorales son débiles y no anulan el resultado, por ello los partidos optan por cometerlas y pagar la multa. Del Trife lamenta las “desafortunadas” declaraciones de su presidente pues “ningún juez razonablemente prudente dice eso antes de juzgar un caso”. Al IFE le concede cierta confiabilidad, pero sería deseable que fuera más activo, atendiendo por ejemplo, las denuncias que se hicieron de Monex, evitando el uso de celulares, y otras permisividades que dejaron mal sabor de boca.
–Después de esto, ¿qué le depara al país?
–Sigue que cada grupo de la sociedad vaya conformando sus agendas. Así, por ejemplo, veo para el 132 una agenda de democratización que podría ser un contrapeso para acotar los proyectos y reformas que Peña Nieto se está adelantando a anunciar. La izquierda, también, deberá evitar polarizarse en el Congreso como lo hizo entre 2006 y 2011 y capitalizar su fuerza electoral.
Concluye:
“En suma, lo que hemos visto en este proceso electoral sintetiza las deficiencias que tiene el sistema democrático, expresa lo que se ha avanzado en términos de libertades y movilización social y de agenda y creo que ubica muy bien la agenda de cambios que se necesita. Pero habrá que esperar a ver cómo se da la correlación de fuerzas y se pueden impulsar cambios democratizadores o vamos a seguir por la misma vía de reforzar el proyecto antipopular neoliberal.
“Todavía no se acababan los cómputos y Peña Nieto ya estaba declarando a la prensa internacional que hará reformas, reformas neoliberales, para acentuar el modelo, cuando lo que necesita son cambios fundamentales en la orientación y no hacia una profundización sino una corrección.”








