De Alejandro Miguel

Señor director:

 

Apropósito del excelente artículo del maestro Axel Didriksson titulado Las falacias de las pruebas (Proceso 1858), permítame expresar algunos de los motivos patrióticos y pedagógicos que legitiman el rechazo a la “evaluación universal” que la derecha pretende asestar a los maestros.

Organismos extranjeros como el Banco Mundial ordenaron la citada evaluación al gobierno mexicano a cambio de préstamos. Eso se llama violación de la soberanía nacional.

Dicha prueba carece de validez por estar fuera de contexto. Fue diseñada para Europa, no para México, bajo la irracionalidad del mercado que califica a los maestros como productos industriales (“estandarización”).

El gobierno da un sentido erróneo a tal prueba: la hace sinónimo de (alta) calidad educativa para esconder la limpia laboral que conlleva. Por lo demás, puede haber excelencia académica sin pruebas ENLACE o PISA.

Desde la malhadada “revolución educativa” de Jesús Reyes Heroles, el gobierno ha abandonado la epopeya escolar; así, la evaluación de marras no tiene valor de uso pedagógico, sino valor cambiario o de favor mercantil.

La evaluación de los maestros no es algo nuevo. Durante más de la mitad del siglo pasado se sometieron a escrutinio mediante una Ficha de Trabajo aplicada en la base, desde abajo, en cada plantel. La evaluación de ahora brilla por su verticalismo y es una agresión a los maestros. La evaluación de los maestros debe ser horizontal, de la base a la cúspide de la pirámide educativa, y entre pares o iguales.

Gracias por contribuir al debate sobre el tema.

 

Atentamente
Alejandro Miguel
Maestro de la Escuela Normal Superior de México