Los intelectuales en el fraude de 2006

Se acusa constantemente a Andrés Manuel López Obrador, candidato de las izquierdas a la Presidencia de la República, de ser un “necio” empeñado en “mandar al diablo a las instituciones”, criticar al Instituto Federal Electoral y de hablar “sin fundamentos” de la posibilidad de un fraude en las elecciones del próximo 1 de julio.

La pregunta es si tiene o no razón. El antropólogo y sociólogo Héctor Díaz-Polanco acaba de lanzar su libro La cocina del Diablo. El fraude de 2006 y los intelectuales, donde plantea varias preguntas: ¿Realmente existió un fraude contra la coalición de izquierda? ¿Cómo se forjó y ejecutó? ¿Quiénes intervinieron? Y presenta varios análisis científicos para darles respuesta.

Habla de los mecanismos utilizados, que abarcaron desde las viejas acciones hechas directamente en las casillas, hasta las maniobras cibernéticas y la influencia de personajes como Elba Esther Gordillo, lideresa del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE). Y recuerda cómo aun antes de ser oficialmente el candidato había ya una campaña contra el entonces jefe de gobierno de la Ciudad de México.

Pero un punto central del volumen de 247 páginas, editado por Temas de Hoy, es su cuestionamiento a intelectuales como Héctor Aguilar Camín, Jorge Alcocer, Julia Carabias, María Amparo Casar, Enrique Krauze y José Woldenberg, entre otros, que reiteradamente afirmaron que no había pruebas del fraude.

Díaz-Polanco se pregunta si acaso las aportadas por científicos de la UNAM les tenían que llegar hasta sus manos para considerarlas, por qué no buscaron por su cuenta las evidencias, obligación de todo científico, incluidos los sociales, y si en todo caso, ante la falta de pruebas, abstenerse de opinar.

Evoca a Jean-Paul Sartre, quien define a un intelectual como “alguien que es fiel a una realidad política y social, pero que no deja de ponerla en duda”. (J. Amador)