La versión del mayor Reyna

Iván Reyna Muñoz tiene 42 años, la mitad de los cuales los ha pasado en las filas del Ejército y hoy ostenta el grado de mayor Diplomado de Estado Mayor. Durante su fulgurante carrera ha conocido las glorias y los sinsabores.

En 1991 y 1993 representó a México en los Juegos Panamericanos en la disciplina de pentatlón. Se adjudicó la presea de oro en ambas ocasiones. Más adelante trabajó durante cuatro años en el Centro de Inteligencia Antinarcóticos (Cian) y participó en detenciones de sicarios del Cártel del Golfo, entre ellos Gilberto García Mena, El June, y Hugo Baldomero Medina Garza, El Señor de los Tráileres.

Sin embargo, hoy el mayor Reyna Muñoz está recluido en el Cereso de San Juan del Río, Querétaro, acusado de extorsión y de trabajar para el cártel de los hermanos Beltrán Leyva, según la averiguación previa PGR/SIEDO/UEIDCS/112/2010.

El documento incluye declaraciones de dos testigos protegidos de la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada  (SIEDO): Jennifer (Roberto Nájera López) y Mateo (Sergio Villarreal, El Grande), quienes aseguran que el militar recibió de esa organización criminal sobornos por miles de dólares para los generales Tomás Ángeles Dauahare y Ricardo Escorcia.

Entrevistado vía telefónica, el mayor
Reyna Muñoz relata que fue detenido en noviembre de 2011 acusado de extorsión, a raíz de que un soldado a su cargo comenzó a cobrar dinero en varias rancherías. Y aun cuando él asegura que “penalmente eso ya se está aclarando”, continúa recluido. Primero estuvo en la cárcel del Campo Militar Número Uno, pero el 29 de febrero pasado lo trasladaron el Cereso de San Juan del Río para ser procesado por la justicia civil.

Dice que aunque las imputaciones en su contra datan de 2010, durante todo el tiempo que lleva en prisión la Procuraduría General de la República nunca lo buscó para interrogarlo. Según él, todo se inició el 2 de mayo último, con la “cacería de generales”.

Testimonios al vapor 

El 11 de noviembre de 2010, Jennifer declaró que conoció a Reyna Muñoz en una casa de seguridad de Édgar Valdez Villarreal, La Barbie, ubicada en Bosques de las Lomas, Ciudad de México.

En esa ocasión, de acuerdo con el testigo protegido, La Barbie comentó que el mayor Reyna era “la persona encargada de la relación que se sostenía con el general (Ángeles) Dauahare”. Asimismo señaló que, según La Barbie, él “era uno de los generales que cooperaba con el cártel de los Beltrán Leyva”.

Siempre de acuerdo con Jennifer, el capo pagaba al general Ángeles 500 mil dólares mensuales por medio de Reyna, quien “estaba destacamentado en ese entonces en la Ciudad de Cuernavaca”. A cambio, Reyna Muñoz entregaba a ese grupo información “clasificada” de la Sedena relacionada con los operativos contra los Beltrán Leyva.

También declaró que en diciembre de 2007, por órdenes de La Barbie, entregó 500 mil dólares al mayor en el toreo de Cuatro Caminos. Por esas fechas, dijo, Reyna Muñoz venía de Cuernavaca, Morelos, donde estaba adscrito.

Reyna afirma que las imputaciones son falsas, pues en las fechas que refiere Jennifer él ya no estaba en la 24 Zona Militar. Dice que cuatro meses antes, el 15 de agosto de 2007, fue trasladado a Querétaro, donde incluso se pasaba lista de asistencia a todo el personal castrense seis veces al día. Los reportes, insiste, quedaban asentados en una bitácora.

El mayor comenta a la reportera que esas son pruebas fehacientes de que Jennifer no dice la verdad y expresa su confianza en que todos los documentos oficiales del batallón y el regimiento al que estuvo adscrito por esas fechas sean considerados en el litigio que se le sigue para demostrar su inocencia.

“La SIEDO me quiere usar para atacar a los generales (Ángeles y Escorcia). Han seguido presionándome con respecto a las declaraciones de Jennifer y Mateo que dicen que ellos sabían y que todo era a través de mí. Y aunque ellos aseguran que me veían personalmente (para entregarme el dinero de los Beltrán Leyva), eso es imposible, infame”, señala

El mayor Reyna reprocha al Ejército por haberlo abandonado pese a que él ha estado en las filas castrenses desde hace dos décadas. Se queja también porque, dice, después de tantos años de una carrera impecable sus superiores se nieguen a brindarle ayuda contra las acusaciones que se le hacen.

Se duele de que ahora su familia apenas tenga para comer, pues él dejó de percibir su sueldo base de la Sedena, con el que la mantenía.

Jennifer ha sido el testigo protegido estrella de la SIEDO para integrar expedientes al vapor. Radicado en Estados Unidos, el antiguo abogado de Édgar Valdés Villarreal, La Barbie, goza de total libertad y cada vez que es citado por la PGR, ya sea en el consulado de México en Washington o en Houston, suelta sus testimonios a capricho de la dependencia.

En cuanto al otro testigo que declaró contra los generales Ángeles Dauahare y Escorcia, así como contra el mayor Reyna, Mateo –Sergio Villarreal, El Grande–, detenido en septiembre de 2010, dejó de serlo el 22 de mayo pasado. Ese día fue extraditado a Estados Unidos.

Según la declaración de Mateo, contenida en la averiguación previa PGR/SIEDO/UEIDCS/112/2010, una de las reuniones clave de Beltrán Leyva con el “subsecretario de la defensa” Ángeles Dauahare ocurrió supuestamente en julio de 2008. No obstante, para esa fecha el general ya no ocupaba ese cargo.

Además, el abogado del general, Ricardo Sánchez, exhibió ante la SIEDO el pasaporte del general en el que consta que estuvo fuera del país la fecha que mencionó Mateo.