Socios por necesidad

MADRID.- La convocatoria para que España asista como invitado permanente a la Cumbre del G-20 –que se llevará a cabo este 18 y 19 de junio en Los Cabos–, y el trato deferente que el gobierno de Felipe Calderón concede al de Mariano Rajoy forman parte del relanzamiento de la alianza estratégica entre México y España.

La presencia del segundo país en la cumbre ocurre en el contexto de asedio de los mercados a la zona euro, y en especial a esa nación, que enfrenta la más grave crisis financiera de su historia reciente.

De hecho, la agenda en Los Cabos estará enfocada al análisis de la profunda crisis de la zona euro, la estabilización económica y las reformas estructurales que alienten el crecimiento y el empleo, y al mejoramiento de la arquitectura financiera internacional dentro de una economía global interconectada, entre otros temas.

Cerca de cumplir seis meses al frente del gobierno español, Rajoy ha roto muchas de sus promesas electorales en el sentido de salvar de la crisis a su país. Incluso ha hecho lo contrario de lo que propuso: por ejemplo, su severo plan de choque se tradujo en el recorte de más de 10 mil millones de euros en educación y salud, entre otros rubros, y no ha podido abatir el desempleo que, según el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), afecta a 5 millones de trabajadores (24.3% de la Población Económicamente Activa).

Tampoco ha logrado recuperar la confianza ante los mercados financieros, que tanto prometió: La Unión Europea (UE) acordó el sábado 9 rescatar al sistema financiero español con una línea de crédito de hasta 100 mil millones de euros para sanear a los bancos aquejados por el estallido de la burbuja inmobiliaria.

Rajoy pospuso su comparecencia ante el Congreso para explicar esta medida y, emulando a su antecesor, José Luis Rodríguez Zapatero, quien se negaba a reconocer la crisis, persiste en no llamar “rescate” al salvamento bancario, lo que le acarreó burlas en la prensa internacional. “Tú le llamas tomate, yo le llamo rescate”, tituló la revista Time a uno de sus reportajes sobre el tema, ironizando sobre los eufemismos utilizados por el gobierno para negarse a hablar del rescate bancario.

A lo anterior se suma la desigualdad que toma carta de naturalización en España: en contraste con las frecuentes noticias de la prensa de negocios sobre los millonarios beneficios que reciben los ejecutivos de las grandes empresas españolas, un informe de UNICEF, hecho público el 28 de mayo, advierte que 26% de la población infantil en este país (2.2 millones de niños) vive por debajo del umbral de la pobreza.

 

Alianza

 

Para robustecer su alianza, los gobiernos de Calderón y de Rajoy –ideológicamente afines– aprovecharon el 35 aniversario del restablecimiento de las relaciones entre los dos países, realizado el 28 de marzo de 1977, tras el regreso de la democracia a la península.

En el marco de ese aniversario, las dos naciones han firmado acuerdos de cooperación en materia de cultura y turismo y acordado acciones conjuntas en el rubro de política exterior. Sin embargo, colocaron en el centro de la agenda bilateral el aumento del intercambio comercial, ya intenso de por sí (existen casi 4 mil empresas españolas en México). De hecho, ya inició el asentamiento de una nueva oleada de pequeñas y medianas empresas (pymes) españolas en México, tal como lo pidió Rajoy a Calderón en su visita de abril pasado (Proceso 1850).

Asimismo, México realiza inversiones en España. Por ejemplo, el 24 de mayo Pemex y la Xunta de Galicia suscribieron un acuerdo para reactivar los astilleros gallegos. Se trata de un contrato para la construcción de 14 remolcadores (siete de los cuales se armarán de manera conjunta con astilleros mexicanos) y un barco flotel, con una inversión inicial de 247 millones de euros.

Un diplomático latinoamericano afincado en Madrid explica en entrevista que “Rajoy intenta impulsar su relación con América Latina, y en especial con México, porque robustecer los intercambios comerciales con esta región le significa una tabla de salvación a las empresas españolas sin oportunidades de mercado en España”.

Destaca que la estrategia española toma en consideración un hecho: “América Latina es la región que mejor ha enfrentado esta crisis mundial y, además, está llamada a ser la zona del mundo con el mayor número de países que registrarán importantes niveles de crecimiento en las próximas dos décadas”.

A su juicio, el único problema que enfrenta España en la región es el conflicto que mantiene con Argentina debido a que el gobierno de este país nacionalizó las acciones que Repsol tenía en la petrolera YPF. “Y ahí México, como presidente del G-20, juega un papel en la búsqueda de una salida. Por ello el gobierno mexicano insiste en la seguridad jurídica que disfrutan las empresas españolas en México”, sostiene el entrevistado, quien habló a condición de que su nombre no fuera citado.

El diplomático agrega otro elemento a su análisis: España utiliza el hecho de que es uno de los mayores inversionistas en la región para “vender” a sus socios de la UE la idea de que es el mejor interlocutor entre América Latina y Europa.

A su vez, sostiene, “el presidente (Felipe) Calderón robustece esta alianza porque las nuevas inversiones ayudarán a los dos países. Y, de cara al G-20, le conviene tener de su lado a España para mejorar su interlocución con Europa. Esto le ayudará a presidir una cumbre en la que seguramente saldrán algunos buenos acuerdos. Calderón podrá posicionarse como un líder en el ámbito internacional, de cara al fin de su mandato”.

–¿Con qué fin haría eso, si Calderón arrastra el estigma de la violencia por su guerra contra el narco?– se le pregunta.

–Precisamente por eso: porque lleva a cuestas esa pesada carga de la violencia en México, desatada tras emprender la guerra contra los cárteles de la droga. Esta cumbre le puede ayudar a mejorar su imagen en el exterior.

Carlos Malamud, investigador de temas latinoamericanos en el Real Instituto Elcano, coincide: Calderón podría mejorar su imagen si la Cumbre del G-20 arroja buenos resultados.

Malamud sostiene que las relaciones entre México y España han sido “excelentes” desde que ambos las restablecieron en 1977. Considera, sin embargo, que durante el gobierno de Calderón éstas alcanzaron un nivel “protagónico y preponderante”, al grado de que “México es el gran socio de España en la gestación de cumbres”.

“Independientemente de quién gobierne, al margen de los colores políticos, la relación se mantiene y crece”, afirma. Los conflictos “son escasos”, como el que se registró por el acuerdo de Pemex con Sacyr-Vallehermoso, mediante el cual la empresa mexicana buscaba mejorar su posición en Repsol. “Pero fue algo que rápidamente se recompuso”, comenta. Y recuerda que Calderón criticó públicamente la expropiación que el gobierno argentino llevó a cabo en YPF.  Su declaración “fue muy contundente y en línea con la posición española”, acota.

Malamud sostiene que hubo una “muy activa” labor de negociación entre las delegaciones de México y España de cara a la reunión del G-20 en Los Cabos. Recuerda que el primer viaje de Rajoy a América, en abril pasado, fue precisamente a México y que Calderón a su vez confirmó su presencia en la Cumbre Iberoamericana que se celebrará en noviembre en Cádiz, “donde Calderón se despedirá, con la opción de que venga acompañado con el nuevo presidente que surja de la elección el 1 de julio; sería su presentación en sociedad, como ha ocurrido en el pasado con otras delegaciones”.

Agrega: “Con independencia del resultado de las elecciones en México, es seguro que habrá continuidad en el protagonismo de México en las cumbres, porque la sociedad (México-España) funciona y funciona eficazmente, y eso tendrá su réplica en el G-20”.

Explica que, si bien la coincidencia entre los dos países en el G-20 “no es al 100%”, ambos están en sintonía en temas como el funcionamiento de los mercados financieros, la protección de las inversiones, los programas de ajuste en paralelo con planes de estímulo a la inversión, y el impuesto a las transacciones extranjeras.

El 22 y 23 de mayo pasado la canciller Patricia Espinosa realizó una visita a España. Firmó con su homólogo español los acuerdos de la X Comisión Binacional España-México y dio posesión al nuevo embajador, Francisco Ramírez Acuña, designado en forma fast track en el último tramo del gobierno de Calderón y en pleno proceso electoral mexicano.

Espinosa declaró: “Quiero destacar la buena colaboración que hemos tenido con España en el proceso de la presidencia mexicana del G-20, en un momento en el que España, por su situación económica internacional y la situación específica del país, está desempeñando un papel particularmente relevante”.

Previamente, ambos países acercaron posiciones sobre la agenda del G-20. Lourdes Aranda, subsecretaria de Relaciones Exteriores y sherpa de México para la Cumbre en Los Cabos, visitó España para encabezar los trabajos de la X Reunión Binacional España-México. En esa ocasión se reunió con el ministro español de Asuntos Exteriores y de Cooperación, José Manuel García-Margallo, con quien analizó las posiciones comunes de ambos gobiernos de cara a la cita de Los Cabos, algunas de ellas discutidas en la reunión informal de ministros de relaciones exteriores, que se celebró el 20 de febrero en esa ciudad de Baja California Sur.

En entrevista con corresponsales mexicanos en Madrid, Aranda dijo que México y España tienen “inquietudes similares sobre Europa” en los foros internacionales, y que el “tema central (de sus reuniones) es el G-20, donde México y España participamos conjuntamente en temas de seguridad alimentaria, cambio climático y empleo, entre otros”.

Aranda también mantuvo reuniones de trabajo sobre el G-20 con el secretario de Estado de Asuntos Exteriores, Gonzalo de Benito, con Álvaro Nadal, director de la Oficina Económica de la Presidencia española, así como con Jorge Moragas, jefe de Gabinete de la Presidencia del Gobierno, estos dos últimos colaboradores más cercanos de Mariano Rajoy.