A finales de los años setenta decido vivir en la Ciudad de México, recibo el apoyo del artista gráfico Jorge Pérez Vega y del escultor Hersúa, quienes fueron mis maestros en la Escuela Popular de Arte de la ciudad de Puebla. Por un tiempo vivo en un cuarto de azotea y posteriormente en el taller de Hersúa, ambos en la colonia Roma.
Por las mañanas trabajaba en el taller de escultura, por las tardes asistía a la Escuela de Diseño y Artesanías. Invariablemente los viernes por la noche Hersúa convocaba a sus amigos al festejo, eran reuniones donde asistían los creadores más importantes de ese momento; por esos años tendría menos de 20 años. Conocer a esa gente era un privilegio.
En una de esas reuniones se da el encuentro con María y Héctor García. Sabía que eran fotógrafos y nada más. Héctor era una persona alta y corpulenta, con una presencia parecida al imán, su hablar sobresalía de los demás; en un momento le mostré unas hojas de contacto de fotografías que había hecho en Puebla, las miró a detalle y me preguntó si me interesaba trabajar en la agencia Fotopress.
Fotopress era el espacio de María y Héctor, dividido en el área de oficina, con un escritorio metálico color gris, un teléfono de baquelita, archivero para documentos, en la pared una fotografía enmarcada y dedicada a Héctor García por Manuel Álvarez Bravo, Obrero en huelga, asesinado. 1934, el laboratorio con una larga mesa para dos ampliadoras, una tarja, charolas y botes de revelado, y un área donde concluía el proceso fotográfico, con una secadora de copias, un mueble de madera que contenía el archivo de negativos y un estante con más de 100 cajas repletas de copias fotográficas, cada una con un tema distinto. El tesoro de Fotopress era una caja color amarillo de Kodak con los negativos más importantes de Héctor; la mayoría, imágenes ícono de la fotografía en México.
Fotopress brindaba de manera independiente servicios fotográficos a medios de información impresos, y la oficina estaba ubicada en un alto edificio de la calle de Morelos, en el área de los principales medios de información de la Ciudad de México.
Mi labor consistía en estar al pendiente del teléfono, mantener la oficina en orden y mensajería. Con el tiempo María me enseña a revelar e imprimir. Fotopress era mi nuevo hogar. Todas las noches veía fotografías de cada una de las cajas del estante, ahí estaba la memoria de México de más de cuatro décadas; los personales y eventos de la cultura y del espectáculo, los políticos de diversos tiempos, los movimientos sociales, la vida cotidiana en la Ciudad de México, rituales e indígenas en los estados de la República, los viajes al extranjero… Emocionado aprendía de cada imagen, lección única y privilegiada; tan motivado quedaba que salía con mi cámara a recorrer el centro de la Ciudad de México para retratar lo que me encontrara y regresar a la oficina a revelar negativos e imprimir copias que concluía por la madrugada.
El carácter de Héctor García imponía, por lo general llegaba a dar indicaciones y a entregar material fotográfico para su proceso. Con María varias veces trabajaba en sesiones de maratón en la impresión de fotografías en gran formato para las exposiciones del maestro. Héctor García y Nacho López fueron más allá de los medios impresos, su trabajo se exhibía en museos y galerías agregando un valor cultural al fotoperiodismo.
El encuentro con María y Héctor García ha sido un regalo de la vida.








