De radical a conciliador

Recibida con escepticismo, la imagen conciliadora que Andrés Manuel López Obrador proyecta en su actual campaña al parecer le permite mantener su voto duro y le ha valido el apoyo de personas y sectores que no conectaron con él en su campaña por la Presidencia en 2006, especialmente los empresarios. Para lograrlo, el hoy candidato de la izquierda a ocupar Los Pinos tuvo que abandonar su estrategia basada en su propia persona, su discurso duro y sus posiciones radicales. Hoy va de la mano con empresarios, jerarcas religiosos y estudiantes.

En 2006, durante su primera campaña por la presidencia, Andrés Manuel López Obrador desdeñó reunirse con empresarios, religiosos y estudiantes de universidades privadas. Confió en su popularidad, en las encuestas y en sí mismo. Declaró “primero los pobres” sin pensar en otros estratos sociales.
La realidad lo sacudió. Muchos analistas políticos le atribuyeron altos costos de impopularidad a decisiones como la de responder “¡Cállate, chachalaca!” a las intromisiones del presidente Vicente Fox en las campañas, y a la de promover el plantón por el que consideró un fraude electoral.
Después de casi 50 días de plantón y de crear la Convención Nacional Democrática (CND) que lo declaró “presidente legítimo”, López Obrador dedicó cinco años a realizar una labor silenciosa para reforzar su imagen y conseguir la segunda candidatura presidencial.
Ya lo hizo. Pero en esta segunda oportunidad el tabasqueño cambió su estrategia. No sólo mira hacia los pobres, sino también a los sectores empresariales y conservadores de Monterrey, Guadalajara, Guanajuato. “Les extiendo mi mano franca en señal de amistad y reconciliación”, expresó ante empresarios como Alfonso Romo, el examigo de Fox, así como a la sociedad conservadora de estas regiones que acudió a escuchar sus propuestas.
“Se necesita un pacto entre los empresarios y trabajadores. Estuve con obispos y con evangélicos a quienes les decía: no quiero ser el juez, quiero ayudar a la reconciliación del Estado laico para que haya libertad de conciencia”, dijo por ejemplo el 22 de abril en la capital nuevoleonesa.
Pero sobre todo, con el pragmatismo que lo caracteriza, López Obrador dejó de ser él mismo la estrategia para que un equipo de políticos, asesores e investigadores encabezado por su coordinador de campaña, el senador Ricardo Monreal, se hiciera cargo de proyectar su imagen, su discurso y sus propuestas entre los mexicanos para el presente proceso electoral.
Otra sorpresa en la nueva etapa es su reconciliación con Cuauhtémoc Cárdenas, de quien se mantenía distante desde 2000. El corresponsal Alejandro Gutiérrez entrevistó a Cárdenas en Madrid, España.
–¿En las propuestas de campaña de López Obrador está la mano de Cuauhtémoc Cárdenas? –le planteó.
–Bueno, hemos tenido dos actos públicos conjuntos. He hecho propuestas. Me ha planteado que me haga cargo de la administración de Pemex, le he dicho que sí. Entonces no veo de qué otra forma pueda yo participar en la campaña –respondió el fundador del PRD.
Si bien en 2006 el panista Felipe Calderón prometió mitigar el descontento “rebasando por la izquierda” a López Obrador –se refería a la aplicación de programas sociales–, en esta ocasión el aspirante de “las izquierdas” ha repuntado durante cinco semanas y está dejando atrás a la candidata panista, Josefina Vázquez Mota. Este acercamiento al puntero de las encuestas, de la publicidad y de los programas de entretenimiento, Enrique Peña Nieto, lo ha conseguido precisamente por la derecha, codeándose visiblemente con quienes evitó hace seis años.
Consultado por Proceso acerca del viraje estratégico, Monreal dice que en diciembre de 2011 se establecieron las tres etapas de la campaña presidencial: conciliar con los sectores alejados de la izquierda, como empresarios, asociaciones religiosas y jóvenes; realizar foros e intensificar los mítines para contrastar las propuestas de López Obrador con la de sus contrincantes panista y priista; y realizar 32 cierres de campaña en las entidades del país, culminando el 27 de junio en el Zócalo de la Ciudad de México.
“Se trata de afianzar el norte, donde la izquierda no tenía presencia y (ahora) ha sido un fenómeno, como en Jalisco, Nuevo León, Tamaulipas, Chihuahua, Sonora y Baja California, que fue una revelación, y reforzar los bastiones históricos del Distrito Federal, Tlaxcala, Morelos, Guerrero, Oaxaca, Chiapas y Puebla, que ahora se está convirtiendo en un bastión de la izquierda”, explica Monreal.

Lecciones de 2006

El 19 de noviembre de 2011 empezó formalmente el proceso de reconciliación de López Obrador con sus mayores adversarios. Después de cinco años de ataques, dejó guardado su discurso beligerante y se presentó en el noticiario con más rating del canal estelar de Televisa con un discurso “amoroso”.
El tabasqueño propuso olvidar todo lo que a lo largo de un lustro dijo de Emilio Azcárraga Jean, patrón del conductor Joaquín López Dóriga, con tal de que en Televisa se le diera cobertura a su campaña. “¡Imagínate, Joaquín, qué es estar yendo pueblo por pueblo a informar! Ahora nos están viendo millones de mexicanos”. Con un apretón de manos, el candidato de la coalición Movimiento Progresista selló la supuesta nueva relación (Proceso 1829).
Sin embargo, el pasado 24 de abril, entrevistado por la periodista Carmen Aristegui, AMLO argumentó que no acudió al primer debate entre candidatos presidenciales en 2006 porque los medios, entre ellos Televisa, tenían preparado un plan para hacerlo pasar por perdedor. De inmediato López Dóriga lo acusó de mentir, López Obrador pidió réplica… El trato volvió a la rispidez de la campaña pasada.
Un cambio más decisivo inició una tarde de enero de 2011, cuando el senador veracruzano de Movimiento Ciudadano –que integra el Movimiento Progresista–, Dante Delgado Rannauro, convenció al presidente de la Casa de Bolsa Vector, Alfonso Romo, de que platicara con López Obrador y su esposa, Beatriz Gutiérrez Müller, en la casa de la pareja en la Colonia del Valle.
El empresario, que fue consultor de Cemex, colaborador del Consejo Mexicano de Hombres de Negocios y que figuró entre los 10 más influyentes de Monterrey, fue entrevistado por Sierra Madre, una publicación del Grupo El Norte, de Monterrey, que la publicó en su número del 4 de mayo. Ahí, Romo admite que desde 2000 hizo todo lo posible por evitar que López Obrador llegara a Los Pinos.
Seis años después, bastaron cinco horas de plática con la pareja para convencerlo de apoyar su candidatura. “Ha sido un shock tal el que nos gustara Andrés Manuel después de que yo, en lo personal, fui muy negativo contra él. Hice todo lo posible porque no llegara en el 2000 ni en el 2006. Y me equivoqué. Estaba yo muy cerrado”, confesó en la entrevista titulada ¿Por qué voy con AMLO?.
Quedó impresionado: “Llego a su casa. Un edificio de la Colonia del Valle de los años cincuenta y lo primero que me encuentro es el Tsuru y conozco a Nico –Nicolás Mollinedo, asistente personal de López Obrador–. Voy a ser muy honesto, nunca he estado, nunca he visto una casa tan modesta, tan sencilla, tan austera y tan familiar de un político mexicano. Y por otra parte veo en la biblioteca muchos libros sobre Francisco I. Madero”. Esto lo emocionó porque el prócer fue hermano del bisabuelo de Romo, Gustavo Madero.
El empresario le dio a López Obrador su opinión sobre su campaña presidencial de 2006. Consideró entre sus fallas el proyecto alternativo de nación, el equipo de políticos a su alrededor y el plantón de Reforma para protestar contra el presunto fraude electoral.
A su vez, el candidato le explicó a Romo su proyecto y, a decir del empresario, surgió ahí una relación de trabajo en la que él aporta asesoría para evitar errores en su discurso, a fin de que siga siendo “amoroso”.
Por eso, aunque le cuesta trabajo porque le gana “lo tabasqueño”, dice Romo, el aspirante de la izquierda evita hablar de la “mafia del poder que le robó la Presidencia en el 2006”, no menciona los nombres de los 30 potentados y “dueños del país” y se contiene al llamar Nueva Transa al Partido Nueva Alianza, aunque esto provocaba risas en los mítines.
El 15 de mayo, Día del Maestro, López Obrador le pidió “amorosamente” a Elba Esther Gordillo, dirigente vitalicia del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), que “se haga a un lado” porque la política educativa no debe seguir en sus manos.
Esto contrasta con sus decisiones de 2006. Después de la “guerra sucia” encabezada por el PAN, que lo calificó como “un peligro para México”, AMLO no modificó su estrategia de campaña, basada en mítines y en el trabajo de las redes de promoción del voto a cargo de Manuel Camacho Solís. También se atuvo a encuestas internas y decidió no participar en el primer debate.
Ante el golpeteo del PAN y del Consejo Coordinador Empresarial (CCE) en la campaña sucia ideada por los mercadólogos políticos Dick Morris y Antonio Solá –actual asesor de Josefina Vázquez Mota–, AMLO procuró aumentar su presencia en medios de comunicación y otorgó entrevistas, apareció en el programa La otra versión, difundido por TV Azteca, y en el segundo debate dio a conocer que Pemex le había otorgado contratos de servicios a Diego Hildebrando Zavala, cuñado del entonces candidato panista y exsecretario de Energía Felipe Calderón.
Seis años después, López Obrador dice que las circunstancias son otras y por eso cambió su discurso y su estrategia.
Fue Romo quien, pese a no tener ya el peso de antaño, acercó a López Obrador a los hombres de negocios. Algunos grandes, pero sobre todo medianos y pequeños empresarios, comenzaron a sumarse a su proyecto.
AMLO no sólo acepta sino que busca entrevistas, principalmente en radio, televisión y medios extranjeros. Ofrece conferencias de prensa matutinas como aquellas que lo posicionaron cuando era jefe de gobierno capitalino.
Un resultado favorable de esta apertura fue su asistencia a foros organizados en universidades privadas, como la Anáhuac, el ITESM y la Universidad Iberoamericana, donde los chavos escucharon sus propuestas y muchos lo ovacionaron: “¡Presidente, presidente!”.

Contactos de alto nivel

En su conferencia de prensa matutina del 4 de mayo AMLO dio por terminada la primera etapa de su estrategia, y el 7, tras el debate con sus rivales del PRI, el PAN y el Panal, convocó de súbito a un mitin en el Zócalo capitalino que reunió por lo menos a 5 mil personas. Ahí lo acompañaron su esposa y sus hijos José Ramón, Andrés Manuel y Gonzalo, así como el empresario Miguel Torruco Márquez, el suegro de Carlos Slim Domit.
A diferencia de 2006, cuando dio a conocer a contados prospectos para su eventual gabinete, el pasado 30 de abril, López Obrador dijo quiénes conformarían su equipo. Al lado de intelectuales y académicos hay tres empresarios propuestos para secretarías de Estado.
Uno de ellos es el propio Torruco Márquez, quien el 12 de febrero pasado renunció a la presidencia de la Confederación Nacional Turística (CNT) tras aceptar la invitación de AMLO para encabezar la Secretaría de Turismo en caso de que él gane la presidencia.
En una entrevista con ADN Político, el consuegro de Carlos Slim Helú admitió su tendencia priista, pero aclaró que ante la situación económica, política y social de México cree en la capacidad de López Obrador para transformar al país.
El coahuilense Fernando Turner, presidente de la Asociación Nacional de Empresarios Independientes, está propuesto como secretario de Economía. El 15 de mayo dio a conocer el Contrato con México, una propuesta para alentar el sector productivo de la economía que elaboraron los industriales y el equipo del candidato de izquierda para presentarla a los representantes de la Cámara de Comercio México-Estados Unidos reunidos en Nueva York, que sostuvieron encuentros con los presidenciables mexicanos.
Como titular de Energía AMLO invitó al tamaulipeco Adolfo Hellmud, socio director del Texas Pacific Group / Fondo Pymex, director adjunto de Banca Serfin y director de Financiamiento al Comercio Exterior de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) en los años ochenta.
Turner y Hellmud son egresados del Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey, fundado en 1943 por el empresario Eugenio Garza Sada, cabeza del Grupo Monterrey y hermano de Roberto Garza Sada, presidente del Grupo Vitro. Una nieta de éste, Cristina Sada Salinas, es candidata del Movimiento Progresista a senadora.
A los neolopezobradoristas de Monterrey se sumaron Tatiana Clouthier, hija del fallecido excandidato presidencial del PAN, Manuel J. Clouthier, Maquío; y Fernando Canales, hijo del exgobernador panista Fernando Canales Clariond.
“Estamos buscando una alianza con empresarios. Necesitamos la unidad de todos, por eso está aquí Alfonso Romo. Para ser claros, no se puede sacar adelante al país si no hay acuerdo entre los tres sectores: público, privado y social”, explicó el candidato el 22 de abril durante un mitin de la Macroplaza.
El día 16 de ese mes, varios empresarios pisaron un templete por primera vez en su vida. A su lado estuvieron, tomados del brazo, López Obrador y su esposa. Fue en la explanada de la delegación Venustiano Carranza, bastión perredista en el Distrito Federal, donde Alfonso Romo, el examigo de Fox, se anunció amigo de López Obrador. Posteriormente el Consejo Coordinador Empresarial aceptó que el candidato no es una amenaza para la nación. Públicamente AMLO reconoció la labor de Romo para organizar sus encuentros con el sector empresarial.
El 14 de abril, en Sinaloa, el candidato se reunió en privado y compartió el templete con Alfonso Durazo, quien fue secretario particular de Vicente Fox. Ahora lopezobradorista, Durazo salió del gobierno de Fox tras denunciar que Marta Sahagún recibió prebendas como coordinadora de Comunicación Social de la Presidencia de la República, antes de casarse con el guanajuatense.
El 27 de abril AMLO se reunió en Guadalajara con alrededor de 130 industriales miembros del Instituto Mexicano de Ejecutivo de Finanzas (IMEF), encabezado por Jorge Antonio Quezada. Asistieron Daniel Calleja, director del IMEF en México; Timothy Heyman, director de estudios económicos del instituto; Rogelio Ramírez de la O, propuesto para la secretaría de Hacienda y Crédito Público, y Gregorio Berrones, director de Finanzas de Reichhold.
En la misma ciudad, López Obrador y su esposa desayunaron con el arzobispo José Francisco Robles Ortega, sucesor del cardenal emérito Juan Sandoval Íñiguez, quien en 2006 declaró abiertamente su rechazo al candidato.
Después de difundirse varios otros encuentros con grupos empresariales, el 7 de mayo, en la XXII Convención de Aseguradores de México, el presidente del CCE, Gerardo Gutiérrez Candiani, informó que este organismo participa en mesas de trabajo con el equipo de AMLO para alcanzar acuerdos sobre las reformas laboral, hacendaria y energética.