Xavier Velasco (1964), desde mediados de los noventa, escribió múltiples artículos en periódicos y revistas nacionales que sorprendieron por su estilo desenfadado y temática inquietante. En 2003 recibió el Premio Internacional Alfaguara de Novela por Diablo guardián. Otras ficciones que ha dado a conocer son El materialismo histérico (2004), Luna llena en las rocas (2005), Éste que ves (2006) y Puedo explicarlo todo (2010). Hoy está en librerías La edad de la punzada (Ed. Alfaguara, 2011. 406 p.).
La historia trata sobre la adolescencia de Xavier, alter ego del autor. Muchacho temperamental que siente aversión por la escuela, obtiene malas calificaciones y sus intereses son divertirse y hacer diabluras. Así se enfrenta a los padres, maestros y vecinos. Maneja sin precaución la motocicleta y luego el coche, agrede a los transeúntes, no asiste a clases, lanza bombas incendiarias, fábrica pólvora, amenaza a sus enemigos… En esa disipación es acompañado por varios amigos que lo impulsan a continuar con el desacato, hasta que un cambio inesperado del destino lo moderará.
Entre los 13 y 17 años los adolescentes experimentan cambios biológicos y psíquicos en donde prevalece un deseo de independencia que los lleva a enfrentar a la autoridad. Así confrontan a los padres, y en la escuela son indisciplinados, rompen las reglas e ignoran el aprendizaje. Cuando su transgresión se extiende a la sociedad la actitud cambia y aparecen como provocadores que cuestionan no sólo el poder, sino que actúan y establecen espacios libres para realizar sus antojos. Sin embargo, las acciones chocan con las instituciones, que se imponen por la violencia, destruyen los lugares creados y terminan integrando a algunos. Otros no se adecuarán y serán los inadaptados, que intentarán crear otras formas de vida a partir del gozo, la libertad y el optimismo, o vivirán de manera soterrada sus anhelos.
La edad de la punzada es una novela divertida y bien escrita, aunque la forma convencional que sigue Velasco le quita fuerza a la anécdota. Una manera narrativa experimental, como la que utilizó en Diablo guardián, hubiera sido más conveniente para destacar el carácter indisciplinado del protagonista.








