El elogio y la controversia

Cubierto su féretro con la bandera nacional que el propio Felipe Calderón terminó de acomodar, el escritor Carlos Fuentes recibió su último adiós en el vestíbulo del Palacio de Bellas Artes entre discursos oficiales (Felipe Calderón y Marcelo Ebrard) y aplausos de los políticos, funcionarios e intelectuales invitados a la ceremonia luctuosa, que duró poco más de cinco horas y concluyó con la interpretación del Himno Nacional.
Los medios de comunicación dieron cuenta enseguida. La mayoría reproduciendo las frases elogiosas que se repetían entre los asistentes: Fue “el maestro de las ideas”, “el decano de las letras”, “el sobreviviente de un siglo”, se va “el ‘Aura’ de México”, “conciencia nacional”, era de las “pocas voces valientes que quedaban”, “el Quijote mexicano”, “un hombre universal”, “el novelista más importante”, “ciudadano del mundo”, “le indignaba la desigualdad”, “vivió de manera comprometida los grandes problemas políticos y culturales de su tiempo”.
El día de su muerte, en proceso.com, se recordó que Juan Carlos Onetti lo había llamado “el proteico” pues no se sabía qué forma adoptaría, en referencia a sus devaneos: “de castrista a enemigo de Fidel; de sandinista a crítico del comandante Ortega; de defender el Halconazo de Echeverría a asesorar a López Portillo; y finalmente hasta decir que el fraude electoral de Calderón no existió”.
Recibió el grado de Doctor Honoris Causa otorgado por la Universidad Veracruzana de manos del entonces presidente Ernesto Zedillo, en cuya gestión sucedió la masacre de Acteal. El autor de La silla del águila le llamó a Vicente Fox “el presidente de la democracia” y afirmó que el 2 de julio de ese 2000 en las elecciones “no ganó ni perdió un partido, ganamos todos los mexicanos”.
Sin embargo, en el medio veracruzano SDP Noticias, aparecieron algunos cuestionamientos. Con el título “Carlos Fuentes, la voz que calló”, el periodista Javier Arévalo le reprochó no haber hecho una declaración sobre las decenas de periodistas asesinados en el clima de descomposición generado por la guerra de Calderón contra el narcotráfico.

Cuando el amor se torna odio

Durante la actual campaña electoral Vicente Fox llamó “soberbio” a Carlos Fuentes por sus críticas al candidato priista Enrique Peña Nieto, luego de que éste no pudo mencionar tres libros en su intervención en la Feria del Libro de Guadalajara de 2011. Pero el expresidente olvidó que Fuentes fue el aval para erigir la costosa Biblioteca Vasconcelos (Megabiblioteca).
Al presentar el proyecto cultural de su sexenio con Sari Bermúdez, presidenta del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, el 22 de agosto de 2001 (Proceso, 1296), el escritor asistió para pronunciar un discurso por el que se dijo le habían pagado 50 mil dólares. El autor lo desmintió aunque afirmó que si le hubieran pagado no habría estado mal.
En su lectura pidió la creación de la Biblioteca Nacional, similar a la existente en naciones como Francia o Gran Bretaña. El propio rector Juan Ramón de la Fuente, salió a aclarar públicamente días después que tal biblioteca existe hace mucho en la sede de la UNAM.
Ese día, cuando en el ambiente literario había molestia por la pretensión de Francisco Gil Díaz, secretario de Hacienda y Crédito Público, de gravar con el IVA los libros, Fox ofreció sacarlos del paquete fiscal tras de que en el mismo discurso Fuentes remarcó que el libro “requiere protección e impulso, no gravamen”. Y tras las palabras de Fox dijo: “Es bueno corregir lo que está mal hecho; siempre, en la vida y en la política”.
Especialista en David Alfaro Siqueiros, el investigador del INBA, Alberto Híjar dijo a Proceso (1295) días después acerca de esa aseveración:
“Me parece muy bien, nada más que Carlos Fuentes siempre ha sido comparsa de los gobiernos, hasta fue embajador de Echeverría –quien nos reprimió a los mexicanos en 1968–, es un dandy de los discursos oficiales.”
No bien acababa la semana cuando Fox se desdijo y afirmó que jamás había ofrecido retirar el IVA. Entonces Fuentes lo respaldó al señalar que “fue una mala interpretación de la prensa, en todo caso. Pero él jamás dijo eso, él dijo lo que dijo. De modo que es una tormenta en un vaso de agua” (Proceso, 1296).
En un texto publicado el 27 de agosto de ese mismo año en el diario Reforma, titulado “El intelectual florero”, el escritor Jesús Silva-Herzog Márquez hizo una crítica a aquellos intelectuales que en el afán de servir como adorno, como los floreros, prefieren dejar de lado la crítica y afinar entonces su vanidad.
“Al escribir su mensaje debe achatar todas las puntas de su razón crítica. Nada que incomode debe brotar de su boca, nada desafiante, ninguna controversia fastidiosa debe manchar el ornamento.”
Y remató:
“Decorado con intelectual-florero, se presentó el miércoles pasado, en la Biblioteca de México, el Programa de Cultura del gobierno foxista. El discurso de Carlos Fuentes fue muy bonito. Además opinó que debe pagarse IVA por los libros.”
En una definición contrastante para referirse al escritor Daniel Sada, su colega Federico Campbell escribió, tras la muerte del autor bajacaliforniano en noviembre pasado:
“No seguía el modelo Carlos Fuentes de carrera literaria. Nunca le pareció elegante la autopromoción o ‘hacer carrera’ ni se afanaba por ser novelista mediático, demasiado vehemente en los medios audiovisuales o vociferante en los periódicos. No era ése su estilo ni iba con su carácter. No tenía la obsesión de la buena ropa. No iba a cenas o cocteles ni hacía vida social. Prefería la comida china (‘comida típica de Baja California’, decía) a la que se sirve en El Cardenal.”
Como es sabido, el poeta Octavio Paz y Fuentes rompieron su larga amistad a raíz de un artículo publicado por Enrique Krauze, pero curiosamente tanto el poeta como el narrador coincidieron en su desacuerdo con Vargas Llosa, quien en el primer encuentro de intelectuales dijo su ya famosa frase de que México era la dictadura perfecta. El autor de La región más transparente salió nuevamente en defensa del régimen:
“México no es la dictadura perfecta, como dijo Vargas Llosa. Lo cual, en el mejor de los casos, es una boutade y, en el peor, una verdad. Yo creo que es una democracia imperfecta. Muy imperfecta. Pero cuya dirección fundamental es de orden democrático. Y aunque esa democracia es negada a veces en una contienda electoral, es afirmada diariamente en el hecho de que Octavio Paz, o yo, o Fernando Benítez nos podemos manifestar con plena libertad.”
Aunque no aceptó que esa democracia fuera negada en la contienda electoral del 2006, apremiándose a negar un fraude electoral que benefició a Calderón.
Sus restos reposarán ahora en el mismo panteón de Montparnasse, en París, Francia, donde están los de intelectuales como Julio Cortázar, Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir.