La prohibición de las drogas a escala global ha sido un fracaso rotundo, pues lejos de lograr un mundo libre de estupefacientes ha prohijado el surgimiento de un negocio con ganancias exorbitantes y que trae aparejada una violencia criminal nunca antes vista, como la que afecta a México. La única opción que se vislumbra para acabar con el flagelo de las drogas es la legalización, apunta la investigadora española Araceli Manjón-Cabeza en su libro La solución, que ha puesto en circulación el sello Debate de la editorial Random House Mondadori. La académica de la Universidad Complutense de Madrid señala que el prohibicionismo impuesto por Estados Unidos al resto de las naciones entraña una política de doble moral. Prueba de ello, dice, es la Iniciativa Mérida que de manera nada desinteresada “apoya” la fracasada guerra contra el narco de Felipe Calderón. Adelantamos aquí fragmentos de la obra.
El actual sistema de regulación de las drogas se impone a todo el planeta con el impulso inicial y solitario de Estados Unidos. Después, desde Naciones Unidas, se ponen los instrumentos del prohibicionismo planetario. La cruzada es compartida con entusiasmo por algunos países e incomprensiblemente soportada en silencio por muchos otros. Pero ese silencio empieza a romperse en los últimos tiempos y se alzan voces de indignación muy relevantes, aunque todavía insuficientes. El “consenso punitivo” que ha reinado durante años está siendo atacado.
En 2011 se cumplió el centenario de la Primera Conferencia de La Haya por la que Estados Unidos








