El otro Irak

Pese a la guerra, la destrucción y muerte que se enseñorearon en Irak durante los últimos años, en el norte del país, en la zona del Kurdistán, se vive un boom económico: hoteles de cinco estrellas, exclusivos desarrollos inmobiliarios, boutiques con productos de marca, agencias de autos europeos… Merced a su enorme riqueza petrolera la región duplica la renta per cápita del resto del país y ofrece oportunidades de negocios que, en principio, han aprovechado turcos e iraníes ante la mirada recelosa de la población kurda.

ERBIL, IRAK.- “Este lugar está creciendo más rápidamente que Dubai. En cuatro o cinco años Kurdistán va a lograr lo que los Emiratos Árabes alcanzaron en 20. Va a quedar irreconocible”, dice Cem Saffari mientras observa un panorama lleno de grúas de construcción y nuevos complejos habitacionales desde lo más alto del hotel de 23 pisos en el que trabaja. No oculta su orgullo y satisfacción cuando se le pregunta por qué dejó su cómoda vida en Londres por un empleo en Kurdistán, la región noreste de Irak:
“En esta zona hay un ambiente de crecimiento y desafío que me gusta y los pioneros siempre ganan”, dice con una voz suave y pausada que no denota ningún arrepentimiento por su elección. Y puntualiza: “Hay un cierto riesgo en invertir aquí, pero creemos que las ganancias van a ser más altas”.
Nacido en Turquía, de edad mediana y ataviado con un impecable traje oscuro, Saffari es jefe de negocios de la empresa desarrolladora que construye el hotel Divan, de cinco estrellas, en la capital del Kurdistán iraquí. Programado para inaugurarse oficialmente este mes, y con un costo de 80 millones de dólares, el edificio es una fina combinación de estilos occidentales y orientales, así como la primera inversión en el extranjero de un ambicioso grupo turco que ya maneja nueve hoteles en su propio país.
Con 228 habitaciones cuyos precios oscilan entre 500 y 15 mil dólares por noche, el principal objetivo del hotel es el creciente número de empresarios que desea invertir en una región que tiene uno de los crecimientos económicos más acelerados del mundo.
Mientras el resto del planeta se debatía con la crisis económica global, Kurdistán tuvo el año pasado un crecimiento de 8%, derivado de la explotación de sus reservas de gas y petróleo, calculadas en 45 mil millones de barriles. El PIB per cápita de la región es de alrededor de seis mil dólares, 50% más que en el resto de Irak.
Como capital de la región, Erbil se está llevando “la parte del león” de un boom que ha hecho que el precio de los terrenos de construcción se dispare: los complejos habitacionales que se multiplican en los predios suburbanos antes vacíos ofrecen casas de dos pisos por más de un millón de dólares cada una; las plazas comerciales surgen por todas partes como hongos y las marcas de lujo como Porsche empiezan a llegar. La Bolsa de Valores de la ciudad, cuyo proyecto fue pospuesto varios años, está programada para abrir en los próximos meses, junto con una nueva torre de negocios y varios grandes hoteles.
No es nada sorprendente que su rápido crecimiento le haya ganado a Erbil el apodo de “el nuevo Dubai”; pero las autoridades locales prefieren definir al Kurdistán como “el otro Irak” para destacar las estables y pacíficas condiciones de la región, en contraste con las matanzas sectarias y los constantes atentados con bombas que aún desgarran al resto del país.
La seguridad que el Gobierno Regional Kurdo (GRK) ha sido capaz de proporcionar es sin duda una de las principales razones del boom económico. Gracias a su homogeneidad étnica, y con sus propias fuerzas armadas a cargo de la seguridad, la región se ha convertido en un refugio para muchos iraquíes y grupos minoritarios (sobre todo cristianos) que huyen de la violencia en Mosul y Bagdad.

La “invasión” turca

A pesar de que la autonomía política y militar de la región se remonta al término de la Primera Guerra del Golfo en 1991, cuando la ONU estableció una zona de exclusión aérea para proteger a los kurdos de las acciones punitivas del régimen de Saddam Hussein, fue sólo desde 2003 cuando Kurdistán pudo empezar a florecer gracias al levantamiento de las sanciones económicas contra Irak.
“En 1991 Kurdistán era como una gran aldea”, recuerda Fatih Alí Almudaris, asesor de relaciones económicas en el ministerio local de Comercio e Industria (MKCI). “No teníamos telecomunicaciones ni carreteras y sólo había un par de hospitales”.
Como clara señal de su creciente importancia económica la región alberga ahora 17 consulados y representaciones extranjeras, siete universidades y dos aeropuertos internacionales con vuelos directos a Viena, Frankfurt y Estocolmo, al tiempo que una nueva carretera está siendo construida entre las dos principales ciudades, Erbil y Sulaymaniyah.
Pese a que los kurdos todavía miran con gratitud la invasión de Estados Unidos a Irak en 2003, que los liberó del yugo de Hussein, otros países fueron más rápidos en explotar las oportunidades económicas que ofrecía la región, con Turquía e Irán a la cabeza. De acuerdo con datos del MKCI, en la región hay más de mil compañías turcas registradas, seguidas de 300 iraníes. Los capitales turcos financian todo, desde construcciones hasta instalaciones petroleras, pasando por joyerías y productos alimenticios.
“Irak estuvo bajo embargo económico durante decenios. Cuando nos abrimos requeríamos de todo y ahí estaba Turquía con su experiencia y calidad, que son mucho mejores que las chinas”, explica Almudaris.
Opositora desde siempre a un Kurdistán iraquí independiente, que podría significar una tentación para su propia población kurda, Turquía sin embargo ha estado dispuesta a invertir en esta región desde 1996, mucho antes que cualquier otro competidor. Hoy, mientras muchos inversionistas occidentales siguen asociando a Kurdistán con los peligros de Irak, Turquía está cosechando los frutos de su buena previsión.
A pesar de que por ahora la relación es básicamente económica, también podría servir a intereses políticos en caso de que algún día el Kurdistán iraquí se volviera independiente y empezara a demandar la autodeterminación de los 28 millones de kurdos que viven en las vecinas Turquía, Irán y Siria.
“El plan de los turcos fue muy inteligente: hacer que esta región fuera económicamente dependiente de ellos, para frustrar sus ambiciones políticas”, explica un empresario extranjero residente en Erbil, quien pidió no ser mencionado porque su opinión podría tocar fibras sensibles.

Nubarrones

La construcción de un Estado kurdo no ha sido hasta ahora una de las prioridades de las autoridades locales, ocupadas todavía en mantener el desarrollo económico a largo plazo.
La falta de experiencia local ha frenado parcialmente el crecimiento, obligando al GRK a atraer a actores foráneos con toda clase de regulaciones favorables a las empresas: 10 años de exenciones fiscales, la total propiedad de las compañías y la repatriación de sus ganancias, la reducción del precio de los terrenos destinados a proyectos de inversión y un entorno económico que se ha alejado totalmente de la filosofía estatista del régimen anterior.
“En los años setenta y ochenta todo pertenecía al gobierno”, explica Dara al Khayat, presidente de la Federación de Cámaras de Comercio e Industria de Kurdistán. “Ahora todas las compañías estatales han sido privatizadas y nuestra economía está definitivamente orientada hacia el mercado libre”. Algunas compañías locales, como el gigante de las comunicaciones Asiacell, ya se han expandido a otras partes de Irak, lo que da esperanzas a los kurdos de que pronto podrán ser los beneficiarios plenos de su propio boom económico.
Al Khayat, kurdo nativo y dueño de un imperio económico que se expandió desde una sastrería familiar hasta un conglomerado que maneja compañías constructoras, franquicias de marcas foráneas y granjas agrícolas, se cuenta entre los hombres más ricos de Irak y es la prueba viviente de las posibilidades económicas que puede ofrecer esta región.
No obstante, a pesar de todas estas atractivas oportunidades, todavía hay factores que desaniman a los inversionistas foráneos a llevar su dinero al Kurdistán iraquí. Los materiales de construcción y algunos productos básicos, como los alimentos procesados, son todos importados y caros debido a la falta de industrias locales. Servicios como el agua potable y la electricidad han mejorado en los últimos años, pero el gobierno municipal de Erbil sólo es capaz de proporcionar 17 horas de electricidad al día, mientras que en el campo muchos poblados ni siquiera cuentan con el fluido eléctrico; muchos empresarios señalan que la corrupción es el principal problema.
Lo más importante, empero, es que las disputas por el petróleo entre Kurdistán y el gobierno central de Irak acechan cual nubes negras en el horizonte.
En tanto que la Constitución otorga al Kurdistán el derecho de recibir 17% del total de los ingresos petroleros de Irak (que tan sólo en 2011 alcanzaron casi 83 mil millones de dólares), Erbil y Bagdad constantemente están discutiendo sobre quién tiene la autoridad para estipular los contratos de exploración. Al mismo tiempo el gobierno iraquí sistemáticamente invalida los suscritos por el GRK sin su consentimiento.
Hace poco un acuerdo firmado entre el gobierno regional y Exxon Mobil fue calificado de ilegal por el gobierno central y el gigante petrolero estadunidense fue excluido de la lista de participantes en la próxima licitación de derechos de exploración en Irak.
“El gobierno iraquí es demasiado débil como para imponer cualquier decisión al GRK, así que las exploraciones en Kurdistán continúan. Pero Bagdad efectivamente pone en la lista negra a todas las compañías que hacen negocios aquí, para impedirles realizar acuerdos en otras partes de Irak”, confirma una fuente diplomática en Erbil, que pide el anonimato. Erbil, por su parte, responde contrabandeando al exterior buena parte del petróleo que se supone debe exportar a través del gobierno central.
Estas listas negras han desanimado a muchos gigantes energéticos a realizar negocios en la región. Aunque Kurdistán alberga actualmente 40 compañías petroleras, todos los grandes nombres están ausentes, siendo Exxon Mobil la única excepción. Más aún, la jurisdicción de la rica región petrolera de Kirkuk, habitada por una mayoría kurda pero administrada conjuntamente por fuerzas kurdas e iraquíes, se encuentra todavía en disputa y tendría que ser definida por un referéndum constantemente pospuesto desde noviembre de 2007.
Aunque hasta ahora los conflictos políticos han disuadido a una gran mayoría de extranjeros de realizar negocios en la región, las autoridades kurdas confían en que a largo plazo el entorno estable y proempresarial que ofrece Kurdistán atraerá a más inversionistas.
“Aquí cualquiera que tenga una idea puede ser el primero en ponerla en práctica. Éste es un territorio virgen, no es Europa”, explica Jamal Penjweny, un artista y fotógrafo de 30 años que se volvió empresario. Originalmente pastor en la zona montañosa homónima de Penjwen, Jamal decidió mudarse a Sulaymaniyah hace 10 años. Hoy sus actividades van de consultor de compañías petroleras a administrador de un pequeño café en el centro de la ciudad.
De su trabajo fotográfico, su obra más reciente Irak vuela ha sido exhibida en algunas de las galerías más importantes de Europa y Estados Unidos y constituye un reflejo perfecto de cómo una mente creativa puede actualmente alcanzar el éxito en Kurdistán.
“Este lugar ha cambiado mucho en los últimos años”, explica Penjweny, sentado en el jardin de su nuevo café que mira hacia la cadena montañosa que rodea Sulaymaniyah. “No sólo la economía ha crecido rápidamente sino también la mentalidad de la gente. Ahora estamos mucho mucho más globalizados que antes”. (Traducción: Lucía Luna)