Las grandes expectativas que tuvo Mercedes Moncada cuando de niña experimentó el triunfo de la Revolución Sandinista en su natal Nicaragua, se fueron trocando en una inmensa decepción como ella refiere en su documental Palabras mágicas (para romper un encantamiento), testimonio fílmico donde la cineasta replantea “pensar el presente no sólo de mi país, sino de toda América Latina”.
La nicaragüense-española Mercedes Moncada, quien reside en México, da su “perspectiva emocional” de la revolución de Nicaragua en el documental Palabras mágicas (para romper un encantamiento), que recorre Centroamérica con el ciclo “Ambulante más allá”.
Su punto de vista levantará ámpulas, según ella, porque muestra su desencanto con el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), la organización política de izquierda revolucionaria creada en 1961 en Nicaragua por Tomás Borge (fallecido el pasado 30 de abril); Carlos Fonseca Amador, Santos López, Silvio Mayorga y Germán Pomares Ordóñez, quien sostuvo una lucha armada desde el 27 de diciembre de 1974 al 19 de julio de 1979 para sacar a la familia Somoza del poder (1936-1979).
La también realizadora de los filmes del mismo género La pasión de María Elena (2003), El inmortal (2005) y La sirena y el buzo (2009) opina que el FSLN “se rompió” desde la llamada “piñata Sandinista”, misma que inicio en 1979 cuando la cúpula sandinista y allegados empezaron a repartirse propiedades.
“Caí en un vacío que me hizo abrir los ojos”, reconoce en entrevista. Y que Palabras mágicas… “se va a enfrentar con prejuicios”. Sin embargo, no teme a ser criticada, ya que si “el deseo de un realizador es que nos traten bien, quieran y les guste la película, sé que esto no sucederá con mi documental, me van a encontrar muchísimos prejuicios…”, advierte:
“Algunos dirán que Daniel Ortega es la izquierda, a la cual hay que proteger y hay que estar cohesionados con eso. Me voy a enfrentar muchísimo a ello.”
Ella “no es de derecha, sino de izquierda”. Para Moncada fue todo un proceso “de años y años de reflexionar para llegar a aceptar que el Frente Sandinista ahora no es lo que era antes”. Con el documental, intenta (“aparte de una terapia personal y una catarsis”), recuperar su revolución y decir: “Señores esto es mío y no me lo van a quitar.” Explica que Nicaragua dejó de ser interesante para los medios en el planeta después de estar siempre en la mira y en el ombligo del mundo:
“Muchas personas piensan que el FSLN y Daniel Ortega es la izquierda, pero no están enterados. Si puedo contar eso, debo contarlo.”
Rodó el documental “para empezar a pensar en el presente y futuro no sólo de su país, sino de toda Latinoamérica”.
Efecto de la piñata sandinista
Palabras mágicas…, una coproducción de México, Guatemala y Nicaragua, se proyectó el 9 de este mes en el Teatro Nacional de San Salvador, El Salvador. Fue la cinta inaugural de “Ambulante más allá”, encuentro fílmico a realizarse en ese lugar hasta el 18 de mayo. Allá, Moncada ofrece un taller.
En la primera escena lacustre de Palabras mágicas… se escucha la voz en off de la directora:
“Aquí, en el Lago de Managua, están disueltas las cenizas de (Augusto César) Sandino. ¿Convertirá el contenido a su contenedor?, el lago Xolotlán está poseído por él, por Sandino. Si esto es cierto, entonces este lago es también toda Managua, porque es el desagüe de la ciudad y aquí han llegado los desechos de todos nosotros. Yo soy como este lago que –al igual que Nicaragua– no es como río que fluye y es siempre nuevo, sino que guardo y acumulo…”
Así narrado en primera persona, Moncada relata sus recuerdos desde la infancia cuando tenía ocho años y estalló la revolución en su patria. Incluye material fílmico de archivos históricos y música de Leoncio Lara, interviniendo en la producción Foprocine/Imcine, Amaranta, Casa Comal, Miss Paraguay Producciones y TV UNAM. Moncada tardó cerca de tres años en crear Palabras mágicas … y argumenta el porqué surgió:
“La revolución es un proceso colectivo, social, económico, cultural; pero también es individual y emocional. No tenía la intención de volver a hablar de la revolución, pero me parecía importante contar otra vez mis vivencias y mi visión de una época trascendental.”
Confiesa que se le complicó elaborar el discurso (“busqué interpretar la serie de situaciones que estaba sintiendo respecto a Nicaragua, mi propia relación con el Frente Sandinista y la evolución de mi opinión respecto a eso y ese proceso fue el más complejo”. No es objetiva, resalta:
“Me preocupó ser honesta, pero no objetiva. Uno cuenta las cosas desde donde las ve. Claro, debe ser uno muy responsable con esa subjetividad, la manera con la cual veo al mundo no significa que se valga cualquier cosa sólo porque yo así la veo; tengo el deber de informarme, ser honrada con la historia, los sucesos y los personajes. Estas cosas pasaron en Nicaragua y así las viví, mi perspectiva de la revolución de Nicaragua es tan individual que sólo me hago cargo de eso. En mi generación y generaciones cercanas hay gente que tiene vivencias similares a las mías y compartimos estas emociones.
“Pero hay muchas personas que no. Vivieron la revolución de otra manera, recuerdan otras cosas distintas. Mucha gente, desde que inició la revolución, era crítica y mi caso no fue así, yo estaba completamente sumergida en el proceso revolucionario y me creía en cierto sentido la responsabilidad de ser la mujer nueva.”
–Pareciera que las revoluciones no sirvieran cuando usted denuncia la opulencia de los sandinistas.
–No diría que las revoluciones no sirven. A mí se me cae mi relación con la revolución y sí, hubo un momento en el que sentí un parteaguas en Nicaragua después de que Daniel Ortega perdió las elecciones en 1990.
“Mi generación construyó el sentido de la vida en la revolución. Cuando pasó lo de la ‘piñata sandinista’, todo lo que estaba basado en mi vida se me cayó. Ahí se rompió algo muy grande. Me fui a España y no entendía nada de ese mundo, allá la gente me parecía frívola, superficial y no lo era; pero yo venía de la guerra y de pensar que el mundo era otra cosa.
“Me costó muchísimo superar ese momento, porque además coincidió mucho con mi mayoría de mi edad. Mi visión del mundo parte de algo que me dio la revolución sandinista y sin embargo, tengo una visión del mundo propio y un sentido crítico de la vida… Mi desencanto con el Frente Sandinista no significa que yo haya cambiado, significa que ellos cambiaron, según mi óptica. Esa no es la izquierda.”
–¿Qué pasó allí con los sandinistas, realmente?
–¡Vaya usted a saber…! Quizá hay una locura mesiánica allí también. Bueno, el asunto económico está de por medio, porque estamos hablando de grandes cantidades de capital que maneja la familia Ortega y entonces, también sería ridículo afirmar que sólo era cosa de locura mesiánica, no, aquí hay dinero de por medio.
Ortega ocupó la presidencia de 1985 a 1990, del 2007 al 2012 y estará en el poder ejecutivo del 2012 al 2017.
–¿Qué opina de la gente que votó de nuevo por Ortega?
–Lo que decía al principio: la revolución también fue un proceso emocional, individual. En Nicaragua murió muchísima gente en la guerra: amigos, familiares, duelos que no vivimos en ese momento. En el instante que se abre el piso, empezamos a pensar que son una bola de corruptos y se pierde el sentido de toda la gente que murió. No es tan fácil eso de entregar todo tu corazón, todo tu estómago y tu vida a un proceso, para luego darle la espalda, porque significa cuestionar muchas cosas de la propia vida. Darle sentido a los muertos es muy difícil.
“Creo que una parte de la población a la mejor no está lista para afrontar ese análisis propio. Los gobiernos que llegaron cuando se fue el Frente Sandinista tampoco fueron buenos y metieron al país en la miseria y hay una plataforma avasalladora mediática del Frente Sandinista que tiene comparados canales de televisión y medios de comunicación en general, posee una campaña política permanente como si estuviéramos en preelecciones todo el tiempo, gastan muchísimos recursos en eso. Eso también tiene su efecto.”
–¿El pueblo tiene el gobierno que merece?
–No diría eso. Daniel Ortega no es extraordinario, es único-ordinario. No tenemos los gobiernos que merecemos; pero nosotros producimos nuestros gobiernos, formamos parte de ese engranaje y esa cultura.
Ante el comentario de que el documental aunque versa sobre Nicaragua es reflejo de la situación latinoamericana, Moncada agrega que “México, toda América Latina debe repensarse, repensarnos como izquierda, existe un discurso equivocado y confuso acerca de qué es la izquierda y qué es la derecha, seguimos con esa historia porque si no estoy con el Frente Sandinista resulta que soy de derecha” Y suma la cineasta:
“Eso es muy peligroso y no nos permite avanzar.”
Palabras mágicas… se estrenó el 2 de marzo pasado en Nicaragua en el Centro Cultural España con una retrospectiva de la realizadora. Luego compitió en la 27 edición del Festival Internacional de Cine de Guadalajara. Con “Ambulante más allá” volverá a Nicaragua.








