Señor director:
Ante el artero asesinato de la periodista Regina Martínez, y uniéndome a la indignación colectiva por el brutal crimen, afirmo que durante sexenios enteros, desde Luis Echeverría hasta Vicente Fox, escribí sin temor alguno; con total libertad publiqué el libro Sexenio sin gloria, un relato de las aberraciones institucionales de la mal llamada “pareja presidencial” Fox/Sahagún.
Durante años expuse mis ideas sin cortapisas; llevé a las páginas de los diarios las voces anónimas de quienes no tienen tribuna para manifestar sus inquietudes o denunciar las injusticias de las que son víctimas. Exhibí la corrupción en los sindicatos, la mala administración de los alcaldes, diputados… la voraz actuación de ministerios públicos y jueces.
A lo largo de estos años recibí amenazas de individuos o grupúsculos afectados en sus intereses personales por haberlos denunciado en las páginas informativas o en los noticieros radiofónicos. Ninguna nota periodística se publicó sin la investigación profunda, a fondo y siempre teniendo las pruebas de origen. Algunas de esas amenazas estaban enderezadas contra la familia: la esposa, los hijos, los padres.
Y luego de recibir esa gran impresión amenazante y cobarde, hube de apelar a la divinidad y encontrar el bálsamo de la tranquilidad en el viejo refrán: “Perro que ladra no muerde…”. Nunca tuve miedo.
Hoy en Veracruz, como en muchas otras partes de México, no se respiran los aires de libertad, seguridad y tranquilidad a pesar de las proclamas casi paranoicas de Felipe Calderón y de las inverosímiles declaraciones del gobernador Javier Duarte.
En toda la entidad veracruzana se registran sangrientas balaceras; por cientos se cuentan los muertos y heridos. Los “levantones”, las extorsiones telefónicas y las desapariciones son pan de todos los días.
Miles de veracruzanos como yo advertimos el miedo; permanecemos en estado de indefensión mientras las proclamas oficiales aseguran que hay tranquilidad y seguridad. Sin embargo, los ciudadanos vivimos una especie de enajenación: En carreteras, pueblos y calles céntricas de las ciudades, dentro de nuestros mismos hogares, no estamos seguros.
Con impunidad aberrante asesinan a sexoservidoras, ancianos, empresarios, estudiantes, trabajadores; secuestran y violan a niños y jóvenes. Los migrantes son asaltados, robados, extorsionados y sometidos por un hampa implacable.
El gremio periodístico veracruzano se ha enlutado con la muerte de Yolanda Ordaz de la Cruz, columnista del diario Notiver, del puerto de Veracruz; con la de Miguel Ángel López Velasco, subdirector de la fuente policiaca del mismo diario, acribillado y muerto cobardemente junto con su esposa Agustina Solana y su hijo Misael López Solana.
No son los únicos casos de violencia y crimen contra los profesionales de la información. Larga es la lista de las víctimas y mínimos los resultados para el esclarecimiento de estos hechos sangrientos que parecen perderse en la memoria de las autoridades, ocultados por un velo oficial que los minimiza, los distorsiona o no los toma en cuenta, como si no hubieran sucedido.
Y los periodistas como Regina Martínez son acallados por la virulencia criminal que señorea en todo el estado de Veracruz. Además, al igual que muchos otros asesinatos, éste seguramente quedará impune. Exigimos justicia y verdad porque hoy en Veracruz se respira y se siente el miedo.
Atentamente
Alfonso Ahumada
Periodista y escritor veracruzano








