Así era Regina…

Al noroeste del Cofre de Perote, sobre la zona montañosa del centro de Veracruz, está el pueblo de Rafael Lucio, llamado así en honor de un prestigiado médico xalapeño que investigó sobre la lepra. La comunidad está en un terreno accidentado por el que corren arroyos provenientes del río Actopan.
Ahí, donde se bebe atole negro y se festeja a San Miguel Arcángel, nació Regina Martínez Pérez el 7 de septiembre de 1963. Sus padres, María Lorenza Pérez Vázquez y Florencio Martínez Romero, formaron una familia grande, con 11 hijos.
Regina salió de su pueblo natal para estudiar periodismo en la Universidad Veracruzana. La reportera Susana Solís, corresponsal en Chiapas de los noticiarios de Televisa, entregó al corresponsal de Proceso Isaín Mandujano un testimonio de cómo la conoció a principios de los años ochenta, recién egresada, cuando llegó con otras dos compañeras a este último estado para ingresar al sistema de televisión gubernamental.
“Tras una revuelta para demandar mejores condiciones laborales y no tolerar la censura en la empresa paraestatal Televisión Rural Mexicana (TRM), abandonó ese espacio para incursionar en los medios impresos”. Así comenzó a trabajar en El Sol de Chiapas, donde le pagaban con vales de comida, y posteriormente en Número Uno.
Solís la ubica entre el pequeño grupo de mujeres que empezó a ejercer el periodismo en tierras chiapanecas. La recuerda como una joven seria, muy reservada en su vida privada. Así fue siempre.
Después de cinco años volvió a Veracruz e ingresó al canal estatal Cuatro Más como asistente de la redacción. De ahí se fue al diario Política, fundado y dirigido por Ángel Leodegario Gutiérrez. “Ella y sus colaboradores aguantaron los embates y golpes políticos orquestados por el gobernador Patricio Chirinos y su secretario de Gobierno, Miguel Ángel Yunes Linares”, escribió Juan E. Flores Mateos, amigo y colega de Regina, en uno de los obituarios y memoriales que se publicaron cuando se conoció su indignante asesinato.
“Una mujer honesta, comprometida, recta en el ejercicio periodístico. En un lugar como Veracruz, donde hay pocos espacios para voces críticas y hay de sobra para aquellos que buscan lanzar loas y limpiar botas de funcionarios, Regina le dio seguimiento a temas escabrosos”, ratificó.
En 1988, por ejemplo, la reportera cubrió el homicidio del candidato del Partido Mexicano Socialista a la alcaldía de Tezonapa, Inocencio Romero. También “denunció asesinatos que ocurrieron en la sierra de Zongolica y en el norte, cubrió las huelgas que se dieron en Veracruz en la zona de Córdoba y Orizaba y Río Blanco”, escribió Flores Mateos.
Tiempo después trabajó para el diario La Jornada, y en enero de 2000 comenzó a publicar en Proceso como corresponsal en Veracruz.

El precio de informar

“Cuando los lugareños (de La Antigua) tratan de describir la situación actual de sus pueblos, dicen que huele a muerto”, escribió Regina Martínez en el número 1769 de este semanario, en septiembre de 2010, en una fuerte descripción del embate del huracán Karl a las costas veracruzanas.
Entre enero de 2000 y el mismo mes de 2012, la corresponsal publicó 63 reportajes y compartió una decena más en coautoría con otros reporteros. Fueron 12 años de denunciar la corrupción, describir los efectos de los desastres naturales, los atropellos de militares, policías y autoridades civiles contra la población indígena, el uso demagógico del futbol por gobernadores y otros políticos, la violencia desbordada de Los Zetas y del Cártel de Jalisco Nueva Generación.
Con igual decisión reportó, para el número 1644, de mayo de 2008, la pérdida millonaria que sufrió el erario por el capricho de Fidel Herrera –como lo fue de Miguel Alemán– de invertir recursos públicos en el equipo de futbol Tiburones Rojos, así como la furia de los aficionados que “a gritos y mentadas de madre” hicieron responsables a Herrera y al presidente del club, Rafael Herrerías, cuando el equipo perdió su lugar en la Primera División.
La corresponsal ahondó en 2010 sobre el dispendio y el descomunal endeudamiento que dejó Fidel Herrera al concluir su sexenio, el cual paralizó a su sucesor Javier Duarte y a la economía estatal, particularmente luego del paso de los huracanes Alex y Karl, así como de la tormenta tropical Matthew. Estos fenómenos meteorológicos dejaron cientos de miles de personas damnificadas, y así lo registró Martínez en el número 1771, de octubre de ese año, en el reportaje El huracán Fidel.
Particularmente notable fue su historia sobre Ernestina Ascensio Rosario, la indígena nahua a quien un grupo de militares ultrajó en el municipio de Soledad Atzompa, Veracruz. Durante varios meses Regina investigó, entrevistó y escribió para no dejar cabos sueltos desde que el caso fue denunciado.
Ante las maniobras oficiales para ocultar el abuso de los militares la indignación del pueblo de Soledad Atzompa, desde el alcalde hasta la familia Ascensio, fue reportada por la corresponsal:
“Lo que ha ocurrido desde el 25 de febrero pasado, cuando fue atacada la anciana ‘por hombres vestidos de verde’ en la comunidad de Tletatzinga ‘nos tiene preocupados y ha aumentado el coraje del pueblo que ve que no se va a aplicar la ley’”, le dijo el presidente municipal Javier Pérez Pascuala a la reportera (Proceso 1587).
Para entonces, hasta el presidente de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, José Luis Soberanes, había “modificado” la postura del organismo y descartó la violación tumultuaria a favor de la versión de que la anciana había fallecido de “anemia aguda”. El médico legista Juan Mendizábal defendió su trabajo al insistir en que la necropsia que le practicó a la víctima señalaba el abuso sexual.
La polémica se cortó de tajo por el evidente interés de silenciarla desde las más altas esferas del poder. Incluso el presidente Felipe Calderón se expuso a fuertes críticas al declarar ante la prensa que la señora había muerto de “una gastritis mal atendida”.
“El gobernador se dobla”, fue el encabezado del reportaje de Regina que apareció en la edición 1592, en el cual dio cuenta de una conferencia de prensa “casi clandestina” que dio el procurador de Veracruz la noche del 30 de abril de 2007, para insistir en que la muerte de Ernestina Ascensio fue por “causas naturales”.

El narco

Igualmente bajo su firma o junto con el reportero Jorge Carrasco, Regina Martínez investigó y publicó, a partir de 2008, lo que ya se temía dado el auge de la corrupción y la impunidad en Veracruz: la ola violenta de Los Zetas y cómo se adueñaron del territorio ante la omisión cómplice de los gobernadores Herrera y Duarte (Proceso1664). Pronto tuvo que hacer la crónica de las batallas entre los mismos Zetas y sus rivales del Cártel de Jalisco Nueva Generación, con sus sangrientos resultados (Proceso 1821).
En este ambiente, hostil a todo lo que se atravesara en el camino de la violencia y la corrupción, comenzaron a llegarles amenazas a los periodistas. En el número 1822, de octubre de 2011, Regina Martínez informó del entorno adverso para el periodismo en su estado:
“Un comunicado de la organización internacional Reporteros Sin Fronteras (RSF) difundido el 1 de septiembre considera que el estado de la libertad de informar en Veracruz ‘es cada vez más alarmante’.”

La última imagen

Al cuello, su bufanda, paliacate o lienzo. Pantalón de mezclilla, camisa o blusa arremangada, el cigarro en la mano, los anteojos a la John Lennon.
Aferrada al trabajo, aficionada al café y a los buenos mariscos, a leer noticias y a cargar su ejemplar de Proceso a todos lados. Dispuesta a defender sus puntos de vista, su redacción, su estilo y sus datos en las juntas de trabajo. Cómplice en las batallas para fortalecer el trabajo de los corresponsales.
Conversadora en la tertulia de cada aniversario, siempre en el grupo de los corresponsales. Reservada y discreta, eludía las expediciones a los antros nocturnos cada noviembre, desde la casa de la revista. Hizo una excepción en el último festejo, el de los 35 años de Proceso, y dejó que llegara la madrugada mientras platicaba y bebía a sorbitos una cerveza en una larga mesa de compañeros, de amigos.
Escribió Luciano Campos, corresponsal en Nuevo León: “Detrás de los grandes lentes de intelectual ochentera, sus ojos escudriñaban todo. Los rasgos indígenas permanecían obstinadamente impasibles. Curveaba la boca un poco en los buenos momentos. Creo que cuando estaba de buen humor sólo sus ojos reían. Quizás las personas más cercanas a ella tengan otra imagen. Yo me quedo con ésta, la de la mujer discreta que arrostraba con determinación y orgullo íntimo la dura carga de informar desde el territorio comanche en que se convirtió Veracruz”.
Así era Regina Martínez.