Consciente de que en nuestro país existen cantantes “de extraordinario talento y juventud”, el pianista brasileño André dos Santos decidió interrumpir una trayectoria de 12 años en la Ópera de París para radicarse en México e iniciar aquí su compañía Tarte à la crème, que presenta durante los fines de semana de este mes su tercera temporada de opereta La boda de las farolas, del romántico Jacques Offenbach (1819-1880).
De trato afable, el director Dos Santos nació en Salvador de Bahía, Brasil, en 1976, y durante sus múltiples recorridos por universos musicales, ora dando clases magistrales de canto o ya como intérprete, destaca su labor organizativa en el Festival de la Casa de la Ópera en Manaus (donde Werner Herzog “filmó” a Sarah Bernhart y Enrico Caruso cantando el final de la Ernani de Verdi en la cinta Fitzcarraldo, de 1982).
Habla seis idiomas y responde en claro castellano las interrogantes del reportero en su centro de ensayos de la colonia Del Valle:
“Con frecuencia se me cuestiona porqué escogí México, creo que fue la juventud y talento extraordinario de sus cantantes lo que me ganó.
“Originalmente vine a dar cursos en 2007 y regresé al año siguiente; pero como pasaba más tiempo en Europa, ya a fines del 2010 decidí formar acá una compañía estable de opereta francesa que llamamos Tarte à la crème, un nombre que parece de restorán o de pastelería; sin embargo es el título de una ópera cómica de Jacques Offenbach que se llama así.”
En La boda de las farolas (Le mariage aux lanternes), intervienen las jóvenes cantantes de Tarte à la crème: Blanca Rodríguez, Graciela Rivera, Citlali Carrillo, Scherezada Cruz, Rebeca Samaniego y Cristina Pando, así como Andrés Carrillo. Varios han participado en el proyecto Ópera Prima del Canal 22. Sus edades oscilan entre los 19 y los 33 años.
“Todos los de la compañía ya habían participado conmigo en alguno de los cursos que vengo ofreciendo anualmente, desde un Encuentro Operístico de Saltillo, Coahuila, donde conocí a la mayoría de los cantantes que integran hoy Tarte à la crème. Allá los oí y seleccioné a varios, les dije: ‘Tú, tú y tú, ¿quieren hacer una compañía de opereta dirigida por mí? No vamos a tener grandes riquezas ni dinero pero va a ser algo único, porque en México se hacen solamente dos operetas alemanas a lo más por año, nunca operetas francesas’. Y aceptaron.”
–¿Por qué Offenbach?
–Hasta los cincuenta la opereta fue un género muy difundido. Luego la gente comenzó a preferir las óperas veristas, el drama; de ahí que el concepto sobre las operetas se distorsionó, considerándose un género menor. Pero estamos viviendo su renacimiento, al igual que con la música barroca que en los setenta quedó como olvidada y desde los noventa volvió con más fuerza, así Offenbach en Francia regresó renovado poco después.
“Mi idea era tener una compañía que no necesitara coro, sólo con pocos solistas, las producciones no fueran muy caras, y entonces estuve buscando intérpretes, fue cuando pensé en montar a Offenbach pues posee un catálogo enorme de operetas cortas, o sea, de un acto, coincidiendo con el repertorio francés que era el motivo original por el cual yo vine a México para dar clases. Así nació Tarte à la crème.”
La meta de Dos Santos es llevar a escena todas las operetas del violoncellista y compositor germano-francés Offenbach (autor del famoso galop infernal o “Cancán” en Orfeo en los infiernos, de 1858), “si bien a futuro ampliaremos nuestro repertorio con diversos compositores”.
La compañía, expresa, no cuenta con subsidio:
“Tarte à la crème subsiste únicamente por nuestro amor a la ópera. Y por el público mexicano que nos va a escuchar al teatro. En realidad, los apoyos que hemos tenido básicamente son de los medios, de los periodistas y críticos a quienes les ha gustado bastante nuestro trabajo en las dos temporadas anteriores.
“Por eso yo formé la asociación civil Offenbach Opereta Estudio, todo el dinero que entra allí, de producción y el resto, proviene de mi propio bolsillo, no hemos recibido todavía ningún apoyo financiero.”
Lo cual no importa a Dos Santos, pues dice: “Todo este trabajo viene de mi pasión por desarrollar nuestro proyecto y por eso también fue que decidí mudarme a México”.
La boda de las farolas, refiere, “es una opereta bastante divertida, abierta para todas las edades, no hay nada que impida que un niño no la disfrute”, y abunda:
“Ahora regresamos al Teatro Usigli, un espacio que me encantó, es un forito chico de formato casi shakespereano y en La boda de las farolas tendremos una pequeña orquestita, cuando antes era yo solo acompañando al piano.”
Las funciones en el foro Rodolfo Usigli (Héroes del 47 #22, Coyoacán), son viernes 27 y sábado 28 de abril (20:30 horas), domingos 22 y 29 (17 horas).








