Demoledor diagnóstico universitario sobre el país

El economista José Luis Calva es tajante al afirmar que estamos ante una emergencia nacional: es tiempo de reconocer el fracaso del sistema neoliberal, impuesto desde la llegada al gobierno de Miguel de la Madrid, y de exigir a los políticos la aplicación de políticas distintas. Un nuevo modelo de desarrollo es posible.
Así lo plantean también centenares de académicos, investigadores y expertos de las instituciones de educación superior de todo el país, públicas y privadas, organizados en el Consejo Nacional de Universitarios (CNU) a lo largo de un año para elaborar un amplio diagnóstico, nada halagüeño, de la situación del país y presentar proyectos alternativos.
El resultado es la colección Análisis estratégico para el desarrollo formada por 18 tomos, donde se abordan 70 temas, publicada por Juan Pablos Editor-CNU, y dados a conocer el pasado 18 de marzo en la Facultad de Ciencias de la UNAM por el propio Calva, quien coordinó el proyecto; algunos de los participantes son John Ackerman, Julio Boltvinik, Elena Cardero, José Antonio Crespo, Víctor Rodríguez y Rosaura Ruiz.
En entrevista con Proceso, al término del encuentro, el doctor en economía, miembro del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM y especialista en macroeconomía y política hacendaria y fiscal, hace un breve recuento de cómo para México los lineamientos del llamado consenso de Washington se convirtieron en un dogma, una religión.
Ni siquiera Estados Unidos, ni los países Europeos, los han aplicado tan rigurosamente como México, donde De la Madrid prefirió pagar puntualmente la deuda externa, sin ningún tipo de quitas, a costa del hambre (real y verificable) de millones de mexicanos.
Se liberalizó el comercio exterior, la inversión extranjera directa, se redujeron “brutalmente” las políticas de fomento agropecuario y de fomento industrial, Pemex “se convirtió en una vaca de ordeña”, se suprimió el sistema de precios de garantía para la agricultura, vigentes en cambio en Estados Unidos, y se remató “con el desastre bancario”. Se pasó, en suma, a una visión de un Estado mínimo, y como el objetivo era conquistar los mercados internacionales con mano de obra barata, se redujo el salario mínimo que ha perdido 71% de su poder adquisitivo.
El resultado, dice el economista, es la mayor crisis del país desde la pérdida de más de la mitad del territorio en 1848. Entre el siglo XIX y 1982, 1.2 millones de mexicanos emigraron en busca de empleo. En 28 años de neoliberalismo, lo hicieron 12 millones, y otros colaboran con el crimen organizado. Remata que el de Felipe Calderón es un sexenio perdido para el crecimiento económico, pues en términos del Producto Interno Bruto (PIB) por habitante, el crecimiento es de cero. Y advierte:
“Debemos cambiar la estrategia de desarrollo. La evidencia empírica internacional es que todos los países con éxito tienen un Estado con un fuerte papel en la economía.”
Primero pone como ejemplo a China, pues no liberalizó su sistema financiero pese a las presiones de organismos internacionales como la OCDE, y se ha convertido en una potencia. Pero no hace falta “ir tan lejos”, menciona entonces a Argentina que enfrentó una crisis peor que la de México y con la llegada de Néstor Kirchner abandonó la “ortodoxia económica”, implementó políticas distintas como el incremento a los salarios, una reforma fiscal donde hay “real poder contributivo” y un programa expansivo de obra pública.

Fracaso neoliberal

El CNU admite que no se puede regresar al pasado, sino ver al futuro. Y su recomendación parte de una premisa “fundamental: no hay ninguna experiencia de desarrollo económico en el mundo, sin una fuerte participación del Estado mediante políticas públicas, políticas macroeconómicas que aseguren el crecimiento sostenido, políticas industriales, de ciencia y tecnología, educativas, de infraestructura, en fin:
“Es tiempo de darnos cuenta de que el modelo neoliberal fracasó, trae más pobreza, va a ser más de lo mismo, más migración, más delincuencia… Debemos reaccionar y exigir a la clase política un cambio de estrategia.”
Y lo debe hacer la sociedad, agrega, pues así lo hizo en la guerra de Independencia, la Reforma y la Revolución Mexicana. Con ello busca contribuir el CNU, que se ve a sí mismo como un organismo de servicio a la nación, con visión de Estado, e independiente de partidos políticos, es –agrega Calva– la voz de los universitarios:
“Hoy también estamos en una situación de emergencia nacional, tenemos que inducir el cambio. Los argentinos tumbaron a cuatro presidentes y después llegó Kirchner… Es un ya basta que debe salir de las conciencias de todos los mexicanos.”
Se ha señalado que Josefina Vázquez Mota y Enrique Peña Nieto representan “más de los mismo” y continuarán con las políticas neoliberales. Hace unos días desaprobaron la expropiación de la compañía petrolera española Repsol por parte de Cristina Kirchner, pues su posición es la mínima intervención del Estado en economía. Calderón la calificó, por su parte, de irresponsable. Se le pregunta entonces a Calva si el proyecto alternativo es la izquierda. Responde categórico:
“¡Bueno! El menos autorizado para opinar sobre un acto de política económica es el presidente Calderón. Es un sexenio perdido para el desarrollo. La cuenta que entregan los Kirchner en Argentina es un crecimiento del PIB por habitante de más de 6% anual. La cuenta de Calderón es 0% de crecimiento del PBI. ¡No tiene ninguna autoridad ni moral para opinar sobre un acto de gobierno de un país hermano sudamericano!”
Y acerca de la pregunta sobre la izquierda, dice que la respuesta es “prácticamente obvia”, pero invita a los lectores de Proceso a consultar el sitio web del CNU donde podrán descargar los prólogos, índices y portadas de los 18 tomos, escritos –destaca– de una manera sencilla, de fácil lectura para un amplio público “para que se formen su propia opinión”.
Cualquiera puede ofrecer, como lo hizo Vicente Fox, un crecimiento anual del 7%; ser el “presidente del empleo”, como prometió Calderón; “bienestar para la familia”, como Zedillo; por ello pide examinar los datos duros aportados por los investigadores “que en el 99% de los casos no pertenecemos a ningún partido político”.
Es necesario, enfatiza, que la ciudadanía reaccione y vea que sí se puede, como lo hicieron ya Argentina y Brasil, “que despega como una de las grandes economías del planeta y con orgullo nacional, es el gran líder de América. México lo era, y ahora lamentablemente es limpiabotas de Estados Unidos. Tenemos que recuperar la dignidad nacional”.
El diagnóstico tiene algunos temas pendientes. Admite que hace falta un tomo para la cultura y otro más dedicado a los más de 20 millones de mexicanos que viven en Estados Unidos. Sobre el tema “Políticas de Educación, Ciencia, Tecnología y Competitividad”, escribió la semana pasada Axel Didriksson en su colaboración de Proceso.
Finaliza con una evocación del poeta Octavio Paz, quien en el Laberinto de la soledad definió a la Revolución Mexicana como el encuentro de México consigo mismo:
“El neoliberalismo fue el abandono de México, sin proyecto propio, a la deriva del mercado. Hoy necesitamos nuevamente un reencuentro de México consigo mismo, con nosotros mismos y todos debemos poner nuestro granito de arena.”