De José Francisco Coello

Señor director:

Permítame publicar la siguiente carta, en respuesta a otra que en la sección Palabra de Lector de Proceso 1842 dio a conocer la directora general de Culturas Populares del Conaculta, Miriam Morales Sanhueza, el pasado 21 de febrero.
Maestra Morales: Sin afán de polemizar, sólo de aclarar las puntualizaciones que usted hizo, quiero señalar lo siguiente:
Nunca se pretendió que la posible creación de un Observatorio Taurino Nacional entorpeciera las funciones de la Comisión Nacional del Patrimonio Cultural Inmaterial (CNPCI), instalada en nuestro país el 22 de marzo de 2011.
El Observatorio Taurino Nacional se concibe con funciones académicas, de la iniciativa privada, en términos de asociación civil o como organismo no gubernamental, teniendo muy en claro que su actividad estaría encaminada a seguir los pasos indicados por la Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial para proponer ante la UNESCO que la tauromaquia sea considerada patrimonio cultural inmaterial de la humanidad.
Este, además, no es un trabajo exclusivo de México, sino también de otros siete países que consideran a la fiesta de los toros un patrimonio cultural, a saber: España, Francia, Portugal, Perú, Colombia, Ecuador y Venezuela.
Diversas gestiones y trabajos orientados en ese sentido comenzaron a realizarse desde 2003 en España, labor que se legitimó con el primer encuentro internacional “La fiesta de los toros; un patrimonio compartido”, el cual fue celebrado en la ciudad de Sevilla en abril de 2009 y tuvo su continuidad en una segunda y última etapa efectuada en la ciudad de Tlaxcala.
Ante la nueva amenaza proveniente de la Asamblea de Representantes del Distrito Federal, que pretende prohibir las corridas de toros bajo un proceso absolutamente antidemocrático, hoy más que nunca se debe encontrar unidad y equilibrio, evitando distanciamientos y protagonismos.
El Observatorio Taurino Nacional sería representante de la tauromaquia, de las diversas expresiones que emanan de ella y de las culturas taurinas que se han desarrollado en torno a esta rica expresión que dota de identidad cultural a muchas comunidades. Por lo tanto, considero que estos propósitos no sólo no contravienen, sino que incluso auxiliarían a la propia CNPCI a entender que, bajo la experiencia de un comité académico que reconozca, por su experiencia, el legado de la tauromaquia, su trabajo puede ser más expedito.
En este sentido, maestra Miriam Morales, me permito solicitar a usted sea tan amable de indicarme cuáles son los pasos y procedimientos a seguir para que la Comisión Nacional del Patrimonio Cultural Inmaterial revise, autorice y encamine el asunto en cuestión hacia la UNESCO. (Carta resumida.)

Atentamente
M. en H. José Francisco Coello Ugalde