La visita del presidente Felipe Calderón a Cuba –programada para este miércoles 11—se encuentra en vilo.
Dos son las razones: primero, las autoridades cubanas detuvieron a cuatro mexicanos que viajaron a la isla durante la visita que el Papa Benedicto XVI realizó a ese país del 26 al 28 de marzo pasado; y segundo, los equipos negociadores de México y Cuba no aterrizaban acuerdos sobre algunos puntos de la agenda del viaje de Calderón a la isla.
Al cierre de esta edición (la mañana del viernes 6) tanto en la Secretaría de Relaciones Exteriores como en Los Pinos se evaluaba posponer una vez más la visita de Calderón.
Los cuatro mexicanos detenidos pertenecerían a un grupo ligado a la Iglesia Católica mexicana y habrían acudido a la isla para participar en los eventos públicos que encabezó Benedicto XVI. Al parecer, la policía cubana los detuvo después de que hicieron contacto con las Damas de Blanco, organización disidente formada por esposas, madres, hermanas e hijas de presos políticos. Este grupo habitualmente se reúne en la iglesia Santa Rita, en el barrio de Miramar, en La Habana.
El gobierno de México –a través de su consulado en La Habana—solicitó a las autoridades cubanas información sobre los presuntos delitos cometidos por estos mexicanos y sobre su situación legal, pero hasta el viernes 6 el gobierno de Raúl Castro no había ofrecido una respuesta puntual. Ello irritó al gobierno de México y enrareció el ambiente para el viaje del presidente mexicano.
Además, hasta ese día los equipos negociadores de ambos gobiernos no habían concluido algunos acuerdos que se darían a conocer en el marco del viaje de Calderón a la isla. Uno de ellos era el relativo a la deuda de 413 millones de dólares que Cuba tiene con México y para la que se barajaban dos posibles soluciones: una nueva reestructuración o un esquema de intercambio de deuda por inversión.
El esquema de intercambio de deuda por inversión prevé la participación de al menos dos importantes empresas mexicanas, Cemex y Gruma, que pagarían parte del débito cubano a cambio de acciones en compañías de la isla a las que les inyectarían dinero fresco.
De concretarse, este sería el segundo acuerdo sobre la deuda cubana durante el sexenio de Calderón. En febrero de 2008 –después de seis años de litigios en tribunales internacionales– México y Cuba pactaron una primera reestructuración, la cual implicaba que el gobierno de Castro pagaría el adeudo en 15 años con un interés de 6% y con cinco años de gracia para el capital. Pero la isla –aquejada por una persistente crisis económica– dejó de cubrir los pagos a los pocos meses de firmar el acuerdo.
Durante la visita de Calderón a Cuba –tantas veces pospuesta–, el presidente mexicano abordaría temas de comercio, inversión, diálogo político y derechos humanos, según estipula el oficio que la Secretaría de Gobernación envió al Senado, instancia que el pasado 29 de marzo autorizó el viaje presidencial como parte de una gira que incluirá Haití y Colombia, donde participará en la VI Cumbre de las Américas.
De acuerdo con una agenda preliminar de la visita a la isla, Calderón tendría una reunión privada con el presidente cubano Raúl Castro, así como un encuentro con el cardenal Jaime Ortega, arzobispo de La Habana y cabeza de la Iglesia católica cubana, institución que en el último lustro ha jugado un importante papel de interlocución política con el gobierno para liberar presos y de gestión diplomática ante Estados Unidos, Europa y México.
Dicha agenda preliminar no prevé un encuentro de Calderón con Fidel Castro, líder histórico de la Revolución cubana. Tampoco prevé ninguna reunión con los representantes de la disidencia, aunque esto no se descartaba del todo.
Además, durante la visita los gobiernos de México y Cuba firmarían instrumentos de cooperación en distintas áreas: comercio, inversión, educación, cultura, salud, ambiente y construcción de viviendas. Destaca un convenio entre Petróleos Mexicanos (Pemex) y Cuba Petróleo (Cupet) para la exploración conjunta de yacimientos de crudo en aguas del golfo de México, así como la ampliación del Acuerdo de Cooperación Económica que eliminaría o reduciría aranceles a productos cubanos.
Guiños diplomáticos
En 2007 Calderón expresó por primera vez sus deseos de ir a la isla. Para México la visita tendría un carácter simbólico: confirmaría que las relaciones entre ambos países
–deterioradas al punto del rompimiento durante la administración de Vicente Fox– se normalizan. Y el gobierno mexicano hizo esfuerzos por allanar el camino.
En junio de 2007 el diplomático mexicano Luis Alfonso de Alba presidió el Consejo de Derechos Humanos y como tal dirigió los trabajos que implicaron la desaparición de la Comisión de Derechos Humanos y la creación de los nuevos mecanismos de evaluación en los que no hubo más condenas a países específicos. Esto desactivó el conflicto que se inició en el gobierno de Fox: cada vez que México votaba a favor de una resolución contra Cuba, La Habana respondía con una andanada de reclamos y ataques.
En febrero de 2008 ambos gobiernos acordaron restructurar la deuda cubana. Como parte de dicho acuerdo México abriría una línea de crédito por 25 millones de dólares para impulsar sus exportaciones a la isla.
El 20 de octubre de ese año México y Cuba firmaron un memorándum de entendimiento en materia migratoria mediante el cual el gobierno de la isla se comprometió a “aceptar” a los ciudadanos de su país que sean devueltos por México, con lo que se desalentó el creciente tráfico de cubanos que utilizan territorio mexicano para llegar a Estados Unidos.
Además el mandatario mexicano lanzó mensajes a La Habana para reestablecer “el diálogo político”. A principios de 2007 designó embajador en Cuba a Gabriel Jiménez Remus, panista cercano a Calderón –lo que garantiza contacto directo con el presidente– que tiene buenas relaciones con el régimen de La Habana.
En marzo de 2008 la titular de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE), Patricia Espinosa Cantellano, visitó La Habana y en octubre de ese año el canciller isleño, Felipe Pérez Roque, visitó la ciudad de México para firmar el acuerdo migratorio. En esa ocasión Pérez Roque se reunió con Calderón, a quien le cursó la invitación de Raúl Castro para visitar Cuba.
El 16 de diciembre de ese año Calderón y Raúl Castro hablaron en San Salvador de Bahía, Brasil, a donde ambos asistieron a la primera Cumbre de América Latina y El Caribe sobre Integración y Desarrollo. El mandatario cubano reiteró la invitación a Calderón.
–Yo voy primero a Cuba y luego en el mismo año tú vienes a México–, planteó Calderón y Raúl sonrió encantado.
Pero desencuentros entre ambos gobiernos tensaron la relación bilateral y pospusieron varias veces la visita.
Otras crisis
Tras la reunión en San Salvador de Bahía, el gobierno mexicano planteó la visita para abril de 2009, pero la pospuso debido a “problemas de agenda” de Calderón. La Cancillería la estaba reprogramando para la tercera semana de mayo de ese año, cuando se atravesó la epidemia de influenza A H1N1.
El 28 de abril –cinco días después de que el gobierno de Calderón decretó la emergencia sanitaria en México– las autoridades cubanas anunciaron la suspensión “temporal” de los vuelos de y hacia México y el sometimiento a revisión y seguimiento “clínico-epidemiológico” de los ciudadanos procedentes de este país.
Un día después el subsecretario para América Latina y el Caribe de la SRE, Salvador Beltrán del Río, convocó al embajador cubano Manuel Aguilera y le entregó una nota diplomática de protesta. En dicho documento el gobierno de Calderón manifestó al de Castro su “extrañeza” por las medidas adoptadas, que consideró “discriminatorias” contra los mexicanos.
Una semana después –8 de mayo–, durante una entrevista que concedió a El noticiero de Televisa, Calderón declaró en tono campechano: “Iba a ir a Cuba efectivamente en estos días o semanas, pero como Cuba ha suspendido los vuelos desde México, pues a lo mejor no voy a poder ir”.
Fidel Castro explotó. El 11 de mayo, desde su habitual columna en Granma y Cubadebate “Reflexiones del compañero Fidel”, acusó a Calderón de ocultar el brote epidémico para no estropear la visita a México del presidente estadunidense Barack Obama. Y añadió: “Ahora nos amenaza con suspender su visita a Cuba (…)”
Las relaciones se volvieron a tensar.
En diciembre de 2009 –durante una visita de la canciller Espinosa a La Habana–, el gobierno de Raúl Castro aceptó repatriar a una decena de mexicanos presos en diferentes cárceles de la isla para que pudieran cumplir sus condenas en prisiones de México. En declaraciones a la prensa, Espinosa refrendó el interés de Calderón por visitar Cuba y estimó que el viaje tendría lugar el primer trimestre de 2010.
Luego, en febrero, Calderón recibió a Raúl Castro en Cancún, donde se celebró la Cumbre de la Unidad de América Latina y el Caribe. Ahí Castro y Calderón se elogiaron mutuamente después de que ambos intervinieron para frenar el choque de los mandatarios de Venezuela, Hugo Chávez, y de Colombia, Álvaro Uribe. Calderón reiteró su intención de visitar Cuba.
Pero el 23 de ese mes murió el disidente cubano Orlando Zapata y al gobierno de la isla le llovieron las condenas internacionales. El gobierno de México consideró que no había buen clima para que Calderón fuera a la isla y dejó de mencionar el tema.
Peor aún, el 15 de marzo Jiménez Remus informó al presidente Castro el contenido del comunicado que unas horas más tarde emitió la Cancillería mexicana, el cual lamentaba, con tres semanas de atraso, la muerte de Zapata; expresaba la preocupación del gobierno mexicano por la salud de Guillermo Fariñas, quien entonces llevaba más de dos semanas en huelga de hambre, y exhortaba al gobierno cubano a “realizar las acciones necesarias para proteger la salud y la dignidad de todos sus prisioneros”.
Las relaciones se enfriaron una vez más.
El 12 y el 13 de agosto de 2010 Fidel Castro publicó el texto “El gigante de las siete leguas” con el que rompió públicamente con Carlos Salinas de Gortari, halagó abiertamente a Andrés Manuel López Obrador, entonces ya autodestapado candidato para las elecciones de 2012, y de paso atacó a Calderón donde más le duele: en su legitimidad como mandatario.
Fidel escribió: López Obrador “se presentó a las elecciones (de 2006) y ganó la mayoría de los votos frente al candidato del PAN. Mas el imperio no le permitió asumir el mando”.
Por la tarde del 13 de agosto la SRE emitió el comunicado 252 en el que expresó “el rechazo del gobierno de México a las afirmaciones formuladas por el expresidente de Cuba, Fidel Castro Ruz, en las cuales pretende descalificar a las instituciones mexicanas y se hace eco de afirmaciones sin sustento sobre el país y su desarrollo”.
Y se lanzó de lleno: “El gobierno de México hace votos para que pronto el pueblo de Cuba pueda acudir a elecciones libres para elegir a sus representantes y se respeten plenamente los derechos humanos en la isla”.
Todo presagiaba una nueva crisis diplomática. Pero en La Habana el cardenal Jaime Ortega transmitió un mensaje de Raúl Castro a Jiménez Remus: “No habrá respuesta (al comunicado de la SRE)”.
Eso calmó las aguas.
Días más tarde, también a través del cardenal Ortega, el gobierno cubano consultó con Jiménez Remus si México podría otorgar una visa para Juan Juan Almeida García, hijo del fallecido general Juan Almeida Bosque, quien fue vicepresidente de Cuba y compañero de lucha de Fidel y Raúl Castro desde el asalto al cuartel Moncada.
Juan Juan Almeida –a quien las autoridades cubanas investigaron por corrupción y tráfico de visas– se estaba convirtiendo en un dolor de cabeza para el gobierno de Castro: había intentado salir ilegalmente de la isla, hizo una protesta pública y amenazaba con iniciar una huelga de hambre si no se le otorgaba un permiso para atenderse en Estados Unidos por la enfermedad autoinmune reumática que padece.
México otorgó de inmediato la visa a Almeida. Éste viajó a Cancún el 26 de agosto de ese año y de inmediato las autoridades lo pusieron en un vuelo a Miami.
La visita de Calderón a Cuba volvió a la agenda bilateral.








