Mientras los reportes de la Secretaría de la Defensa Nacional y de autoridades locales confirmaban que la narcoviolencia en el estado se encuentra a la alza, el viernes 30 de marzo Enrique Peña Nieto, abanderado del PRI a la Presidencia de la República, lanzaba en la capital tapatía su desafío político de arranque de campaña. Otro desafío, pero este criminal, consistió en la presunta llegada a la entidad del segundo en mando de Los Zetas, Miguel Ángel Treviño Morales, El Z 40.
No sanan todavía las quemaduras que sufrió la zona metropolitana de Guadalajara durante los narcobloqueos del 9 de marzo, y ya el candidato del PRI a la Presidencia de la República, Enrique Peña Nieto, volvió a la ciudad de sus deslices literarios para abrir su campaña formal con el apoyo del aspirante de su partido a la gubernatura del estado, Aristóteles Sandoval.
Conforme a su estilo de campaña, firmó ante notario público cinco compromisos: replantear la estrategia “de seguridad nacional”, combatir la pobreza, alanzar la cobertura universal de educación desde preescolar hasta preparatoria; incrementar la creación de empleos, triplicar el crecimiento económico de la última década y mantener la estabilidad, el recuperar el liderazgo de México en el mundo”… No dijo cómo.
Sin embargo, su arranque de campaña en este bastión del panismo nacional y después de haber comparecido ante el Papa Benedicto XVI –igual que sus competidores del PAN y de la izquierda– se interpretó como un abierto desafío a los poderes federales y estatal, que mediante programas sociales, inauguraciones de megaobras como la presa La Yesca y el Puente Atirantado, y una cantidad de publicidad sin precedente, han reforzado su presencia entre el electorado.
No obstante, el estado aún sufre las consecuencias de los narcobloqueos, que según autoridades de Seguridad Pública también constituyen un desafío de la sanguinaria banda de Los Zetas, sí a los gobiernos, pero también a sus rivales del Cártel de Sinaloa y su aliados al Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG), conocidos en conjunto como “Los Chapos”.
El pasado 17 de marzo apareció un mensaje junto a un cadáver colgado de un puente peatonal del Periférico Norte, cerca de la avenida José Parres Arias, en Zapopan. Se trataba de una advertencia para el líder del Cártel de Sinaloa, Joaquín El Chapo Guzmán, a quien los criminales acusaron de ser informante de la DEA.
Los jefes de las corporaciones del estado sospecharon que se encontraba aquí Miguel Ángel Treviño Morales, El Z 40, considerado el mando número dos de Los Zetas, o incluso quien verdaderamente dirige la banda.
Desde agosto y septiembre de 2008 se registró una serie de delitos violentos en Lagos de Moreno, en Los Altos, así como en la zona de Colotlán, en los límites con Zacatecas. Las autoridades recogieron indicios de que habían llegado a Jalisco células de Los Zetas (Proceso Jalisco 200), que a decir del gobierno de Estados Unidos es de las organizaciones criminales más violentas de América Latina.
De hecho, el 26 de julio de 2009 El Diario de Coahuila publicó que existe un proceso penal contra Treviño Morales y otros 18 integrantes de la banda, que se abrió el 19 de mayo de ese año y está radicado en una corte federal de Columbia.
El diario informó que el expediente de Treviño está a cargo del fiscal de distrito Benton J. Campbell, con sede en el este de Nueva York, quien se refirió a Los Zetas como un grupo de sicarios originalmente ligado al Cártel del Golfo, pero que con el paso del tiempo se evidenció como un grupo independiente:
“Los Zetas son un grupo criminal desalmado que, además de traficar con drogas, se dedica al asesinato, secuestro y tortura de personas tanto en México como en Estados Unidos, aunque en menor escala en nuestro país –señaló Campbell–. Miguel Ángel Treviño Morales, El Z 40, es tal vez el criminal más sanguinario y desalmado de México, y por eso se abrió una causa judicial especial contra él en Nueva York”.
Añadió que en los estados de Texas y California están en marcha otros procedimientos contra el mismo individuo. Las autoridades han manejado con cautela la probable presencia de El Z 40 en Jalisco, pero reconocen que se ha incrementado la actividad de esa banda en la entidad, específicamente en la zona metropolitana.
La exhibición del cadáver y del mensaje en la zona de los Belenes, la mañana del 17 de marzo, coincidió con la difusión de las nuevas tentativas de las fuerzas federales por capturar al Chapo Guzmán, uno de los delincuentes más buscados en el mundo.
El día 19 las autoridades estatales revelaron que los restos colgados del puente correspondían a Hugo Paredes Ocegueda, de 26 años, un mecánico secuestrado en la colonia zapopana Constitución, cerca de Los Belenes, donde fue abandonado. No se aclaró si tenía antecedentes penales o si pertenecía al crimen organizado.
El nuevo negocio
Consultado por Proceso Jalisco, el secretario de Seguridad Pública, Luis Carlos Nájera, considera poco probable que el Z 40 esté operando en la entidad pero admite que desde hace años una de las mayores preocupaciones del gobierno estatal es la delincuencia organizada.
El pasado 9 de marzo pasado la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) capturó en el fraccionamiento Lomas Altas a Erick Valencia, El 85, un cabecilla del CJNG, y a su lugarteniente Otoniel Mendoza, Tony Montana. Su grupo es identificado como un fuerte rival de Los Zetas.
A El 85 las autoridades federales lo señalan como sucesor de Ignacio Coronel, quien consiguió mantener a raya a los cárteles enemigos y era conocido como el Rey del Crystal. Se le mencionaba como una de las tres piezas clave del Cártel de Sinaloa para controlar la plaza de Guadalajara.
Coronel cayó baleado por militares el 29 de julio de 2010 en su residencia de Colinas de San Javier. Desde entonces las bandas rivales le disputan el territorio a la organización de El Chapo Guzmán y El Mayo Zambada.
A principios de este año la empresa de consultoría sobre seguridad Stratfor indicó que Jalisco está cobrando mayor importancia en la producción y distribución de drogas sintéticas, un negocio más redituable porque no requiere grandes extensiones agrícolas ni condiciones climáticas favorables, como sí ocurre con la cocaína proveniente de Colombia, Perú o Bolivia. Es decir que los cárteles se disputan en Jalisco un mercado multimillonario y con grandes perspectivas de crecimiento a nivel regional.
El secretario Luis Carlos Nájera reconoce que en Jalisco se ha detectado actividad de cuando menos seis bandas del crimen organizado, ya sea en forma constante o intermitente. El dato es similar a la información manejada por la Sedena.
Esta dependencia establece que además del Cártel de Sinaloa, en la entidad actúan el CJNG, La Resistencia, La Familia Michoacana, Los Caballeros Templarios y Los Beltrán, que con otros núcleos armados menores se disputan la siembra, producción y tráfico de estupefacientes, como especifica el general Genaro Fausto Lozano Espinosa, comandante de la Quinta Región Militar.
En declaraciones recientes, el militar aclara que de los cinco estados que conforman la región a su cargo (Aguascalientes, Zacatecas, Nayarit, Colima y Jalisco) es en ésta “donde tenemos la problemática más acentuada por la presencia de seis cárteles del narcotráfico perfectamente identificados”, mientras que en Zacatecas –también con fuerte actividad de Los Zetas– se reportan más agresiones contra los militares.
La situación se complica en Jalisco porque, dentro de la mencionada rivalidad, se pactan también alianzas alrededor de los grupos más fuertes y por ello antagónicos. Por ejemplo, la SSP estatal consideró entre 2010 y 2011 que existía un pacto de La Familia Michoacana, el Cártel del Milenio y Los Zetas para enfrentar al Cártel de Sinaloa y sus aliados del CJNG.
Y en agosto de 2010, tras la muerte de Nacho Coronel, el entonces secretario general de Gobierno, Fernando Guzmán, reconoció que ese acontecimiento podría desatar una nueva escalada de violencia, lo que en efecto sucedió.
Siete meses después de la muerte de Nacho Coronel, entre el 31 de enero y el 1 de febrero de 2011, se registró en Jalisco el primer narcobloqueo de varias calles de la zona metropolitana y tramos de la carretera a Chapala. Balaceras, detonación de granadas e incendio de automotores en varias vías de comunicación marcaron la nueva ruta de violencia de las bandas del narcotráfico. El vandalismo se atribuyó a La Resistencia y a sus aliados (Proceso Jalisco 326).
La expansión
Las ejecuciones en Jalisco se han incrementado desde hace dos años. En 2010 se reportaron 479 homicidios con esas características, más del doble que en 2009.
Asimismo la Procuraduría General de Justicia de Jalisco (PGJ) reconoce que los homicidios dolosos aumentaron en más de 300% entre 2007 y 2011, al pasar de 389 a mil 221. Y aunque la dependencia contabiliza mil 695 ejecuciones desde finales de 2006 a diciembre de 2011 –menos de una ejecución por día–, la Sedena informa que tan sólo en las primeras semanas de enero pasado se cometieron en el estado 174 crímenes ligados con la delincuencia organizada, es decir, un promedio de tres asesinatos diarios.
Además, entre octubre y noviembre de 2010 los narcos ejecutaron a 28 agentes de distintas corporaciones. Destaca el asesinato de nueve policías estatales el 28 de octubre, en el municipio de Jilotlán de Dolores, limítrofe con Michoacán. Las autoridades señalaron como responsables a miembros de La Familia Michoacana encabezados por El Chango Méndez (Proceso Jalisco 313).
En la misma zona sureste de Jalisco, en el municipio de Tecalitlán, tan el 10 de diciembre fallecieron 13 personas en un tiroteo entre presuntos miembros del CJNG y de La Familia Michoacana, cuando éstos intentaron asesinar a José Guadalupe Serna Padilla, El Zopilote, un cabecilla del cártel local.
Experimentados agentes de la Policía Estatal aseguran que a inicios de los ochenta toda una partida de uniformados fue acribillada por delincuentes. “Venadearon a nuestros compañeros desde distintos frentes”, dice uno de ellos. Aseguran que desde entonces están conscientes de que el límite de Michoacán con Jalisco es un área de alto riesgo.
Fuentes policiacas del estado señalan que desde el año pasado los cárteles del Milenio y del Golfo y Los Zetas unieron fuerzas para disputarle el control a la organización de El Chapo Guzmán y el CJNG. Escenario que, sumado al dato no confirmado de la presencia de El Z 40 en Jalisco, mantiene alerta a las autoridades, que ya reconocieron la fuerte presión de Los Zetas en la franja limítrofe con Zacatecas,
En junio de 2011, en un enfrentamiento con policías estatales, fallecieron seis zetas y ocho fueron detenidos, entre ellos una jovencita de 16 años. Se ha reportado que en la región Valles, por el rumbo de Tequila y los municipios limítrofes con Nayarit, entre ellos Vallarta, sujetos que se identifican como zetas se dedican a secuestrar, extorsionar y desde luego a distribuir drogas.
También es notable la actividad de Los Zetas en Lagos de Moreno desde 2008, cuando acribillaron a cinco efectivos de la SSP estatal en las inmediaciones de una gasolinera y después provocaron la huida de personal de la PGJ hacia Guadalajara, ante el temor de otro ataque. En esa ciudad, familiares del gobernador Emilio González tuvieron que reforzar sus escoltas al recibir una amenaza de supuestos zetas.








