“Abusos y corrupción” en Morelos

Señor director:

Deseo dar a conocer públicamente un acto de abuso de autoridad en mi contra ocurrido en este mes de diciembre.

La noche del martes 18 entré al restaurante-bar Harrys, en la calle Carlos Salazar de Cuernavaca, Morelos. Después de haber consumido y pagado seis cervezas, un mesero me exigió pagar “lo que debía”, a lo cual le respondí: “Ya te pagué”. Él insistió un par de veces, sin poder precisar la cantidad que supuestamente adeudaba y sin presentar ningún comprobante de consumo. Mi respuesta fue la misma.

En ese momento, un sujeto me tomó del cuello por la espalda y, junto con el mesero y otra persona, me sacaron a jalones del lugar. Los tres me entregaron a igual número de policías estatales de Morelos, quienes, a su vez, me subrieron a una camioneta pick-up blanca. Fui trasladado a la delegación de policía cercana al mercado López Mateos, y allí se me pidió entregar mis pertenencias. Me negué. A golpes, me arrojaron a una celda.

Pateé la reja exigiendo mi liberación hasta que me arrojaron una cubetaza de agua fría. A la mañana siguiente, aproximadamente a las 8:00 horas, grité llamando a unas personas vestidas de civil que entraban al edificio. Al acercarse, les expuse brevemente mi caso. Me preguntaron cuánto traía y les dije que 400 pesos. Me sugirieron entregar ese dinero  al personal de la delegación y se marcharon. Minutos después llegó uno de los guardias. Al decirle: “Ya déjame salir”, me extendió la mano a través de la reja. Le dí 70 pesos, se fue y, en unos minutos regresó, abrió la cerradura y, junto con otras personas que estaban en la celda vecina, me condujo con un tal licenciado Ávila.

Este licenciado, tras despachar a las otras personas, me dijo que yo debía pagar 350 pesos como multa. Así lo hice, pero enseguida me dio a firmar un papel de conformidad donde se asentaba que no me habían despojado de mis pertenencias. “No voy a firmar eso”, le expresé, y él respondió: “Entonces no te puedes ir”. Salí corriendo de la delegación mientras él daba instrucciones de perseguirme.

Antes de que me aprehendieran de nuevo abordé un taxi que me condujo al primer cuadro de la ciudad, donde había dejado mi automóvil. Fui a casa a asearme y, finalmente me dirigí a las oficinas de Proceso con el fin de denunciar públicamente estos acontecimientos, que constituyen un abuso de autoridad y un acto de corrupción.

Atentamente:

DAVID VIVEROS REYES