El escritor y periodista Alejandro Páez Varela no acepta que haga narcoliteratura:
“El término lo acuña Élmer Mendoza, quien abiertamente se reconoce dentro de esa corriente. A mí me interesa narrar historias de amor y desamor, pero me salen balazos, ni modo…”
Con la editorial Planeta publicó su primera novela Corazón de Kaláshnikov. El amor en los tiempos del narco (2009), ubicada en los años ochenta en Ciudad Juárez (dónde nació en 1968). Aquí habla de una prostituta, de la viuda de un capo luego amante de un sicario, de un inexperto asesino, de un criminal que inicia una vida nueva, de un cadáver disuelto en ácido y de la desgracia de tres niños que jugaban alrededor de un auto.
Entonces la editorial le propuso una trilogía, pero Alfaguara compró los derechos. Y esa empresa hace unos días acaba de editar el segundo tomo, El reino de las moscas, donde el dinero de dudosa procedencia afecta a todos los personajes y donde se retrata a la colonia Zaragoza, “la cual es más miserable que el cinturón de la miseria”. En breve estará en todas las librerías. Para el año entrante el autor entregará el último volumen.
–¿Cómo compró los derechos Alfaguara sobre libros que no tenía en mano terminados?, ¿influyó el tema?
–Nunca hablamos de qué tema iba a escribir. Tuve un primer acercamiento con Alfaguara a mediados del año pasado. No definí el tópico cuando salí de Planeta, acordé entregar una novela distinta sobre el norte y tenía opción de continuar mi trilogía después.
Cuenta que fue reportero policiaco en Ciudad Juárez muchos años, y por tanto “la narrativa es casi una derivación” de ese trabajo, pues “los narradores escribimos sobre lo que sabemos”.
El entorno hostil
–¿Para usted escribir sobre Ciudad Juárez es casi de manera natural?
–Sí, no puedo escribir de lo que no sé. Había una especie de deuda personal con muchos casos que seguí y muchas cosas que vi, siempre vinculado con mujeres. Corazón de Kaláshnikov… es una obra de tres capítulos, donde hay tres mujeres. En El reino de las moscas existen tres capítulos de tres mujeres. No podría hablar de otra cosa cuando he sido un hombre rodeado por mujeres, en mi familia incluso.
–No hace narcoliteratura, pero en sus dos libros hay una combinación con el crimen organizado, la política, lo social, la corrupción, en fin… ¿cómo supo que iba a alternar estos temas en tres libros?
–No eran libros para venderse o exponerse por separado, también uno le hace caso a sus editoriales. Surge la trilogía como cuando uno hace un reportaje, tiene uno las piezas muy claras y se sabe en cuántas partes saldrá. Los dividí porque quería contarlos en tiempos distintos. Es un entramado que se tejió en muchos años. Un hilo de un personaje de Corazón de Kaláshnikov pasa a El reino de las moscas y luego a la tercera novela.
–Su primera editorial, Planeta, lo contrató por cinco años para esa trilogía, ¿no?
–Sí, bueno, no platicamos mucho de tiempos, y con Alfaguara sí acordamos cosas ya muy puntuales, por lo menos los tiempos de la entrega. No se me ubica ni siquiera como un escritor norteño.
La moda
–¿Alfaguara se interesó en las historias porque sí están enmarcadas en los tiempos del narco?
–Lo mío es un mal entendido, no estoy en el marco de la narcoliteratura, pero no puedo escribir de otras cosas si la mitad de los muchachos con los que crecí están muertos, si viví a un lado de la casa del comandante Camarena y El Greñas estaba a tres cuadras. Amado Carrillo se reunía en un hotel a cinco cuadras. Ese hotel era el centro de convenciones y de la policía federal también. Mi primer libro sí trae esta parte porque lo publiqué en 2009, y sí había la intención de que se vinculara eso. No lo veo mal.
Páez Varela, también responsable de los libros No incluye baterías, de crónicas de la vida cotidiana, y Paracaídas que no abre, opina que toda esta situación violenta del país debe ser contada:
“Las artes la van a reflejar. No fue un trauma menor este sexenio. El presidente Felipe Calderón declaraba una guerra que no iba a ganar y pensaba que pasaría, y no pasó. Esto va a quedar por muchas generaciones y va a marcar la literatura, la fotografía, la música, el cine, todo, todo. De hecho marcó al periodismo, todos estamos interesados en el tema y todos nos involucramos de una manera u otra, el que cubre política, aspectos sociales, la Secretaría de Salud, la de Educación, en fin.
–¿Qué opina de las editoriales que se aprovechan de este momento?
–Ojalá salgan muchas obras periodísticas sobre el narcotráfico y novelas sobre el narcotráfico, y se vayan a la mierda todos los volúmenes que no sirvan, que la historia o el tiempo nos diga en dónde hubo una narrativa, dónde hubo una intención de la editorial y dónde el autor valía la pena.
“El tema de la guerra es brutal. Qué bueno que las editoriales publiquen eso. En la literatura, el paso de los años debe mostrar qué es y no de calidad y qué sí y no quedará. Todos estamos apenas despertando.”
Cree que escribe más en la tradición del western.
–¿Qué aporta reflejar esas vidas del norte?
–No tengo idea. Creo que debo terminar de escribir lo que estoy haciendo porque es un testimonio que corresponde a mi generación y a lo que me he dedicado. No sé cuál será el efecto de esto, pero de que va a marcar a muchas generaciones, las va a marcar.








