Las autoridades financieras de Estados Unidos afirman oficialmente que, después de los ataques del 11 de septiembre, la actividad económica de ese país declinó de manera significativa. Pero hay quienes se frotan las manos: las grandes trasnacionales fabricantes de armamento reciben pedidos adicionales y tanto los precios de sus productos como el valor de sus acciones en la bolsa experimentan un explosivo crecimiento
WASHINGTON.- El miércoles 17 –poco más de un mes después de los atentados terroristas del 11 de septiembre-, el presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, Alan Greenspan, informó al Congreso que la actividad económica del país “declinó significativamente” tras los ataques.
Sin embargo, ese mismo día, los directivos de la compañía Raytheon Missile Systems Company estaban felices: el Pentágono informó que estudia la posibilidad de vender a Gran Bretaña 48 misiles Tomahawk en unos 87 millones de dólares. Raytheon no sólo produce estos misiles, sino que sería la empresa contratista en esta operación.
Las fuerzas militares inglesas ya cuentan con esos misiles, pero ahora buscan obtener un número “adicional” de los Tomhawk Blook IIIC, cuya propuesta de venta ya fue enviada por el Pentágono al Congreso de Estados Unidos.
El mismo miércoles 17, Raytheon anunció que los “trágicos eventos del 11 de septiembre” afectarían sus previsiones financieras, sobre todo para su filial que fabrica aviones, Raytheon Missile Systems Company se elevaron en 21%.
Los privilegiados
Los inversionistas se dieron cuenta de que en los próximos meses se registrará un incremento en los gastos militares de Washington debido a su guerra contra el terrorismo. Apuntan particularmente hacia los proyectos de armamentos ultramodernos que –tal como señaló el Pentágono- serían utilizados para una guerra con convencional de largo aliento. Sería el caso, por ejemplo, de los sistemas de vigilancia de avanzada diseñados por Raytheon y la compañía Northrop-Grumman Corp.
“La realidad del nuevo flujo de dinero será muy selectiva”, advirtió Jon Kutler, un banquero de Los Ángeles especializado en el sector de la defensa.
Los privilegiados de esta nueva etapa de la industria estadunidense de las armas, a la luz del nuevo tipo de conflicto que se asoma en Afganistán, son firmas como Raytheon y General Dynamics, las cuales, por cierto, se encuentran entre las principales empresas que aportan dinero a las campañas de los principales legisladores estadunidenses.
General Dynamics, que tiene en marcha un proyecto de 4 mil millones de dólares para desarrollar una nueva serie de tanques del futuro, mantiene difusa relación con el ministro de Defensa, Donald Rumsfeld. En 1999, Rumsfeld era director de la Gulfstream Aerospace, la cual tenía productos almacenados por 11 millones de dólares al momento en que fue comprada por la General Dynamics, competidora directa de la Norrhrop Grumman, según recordó la organización no gubernamental Center for Responsive Politics (CRP).
En los primeros días después de los atentados, la Raytheon –el tercer contratista del sector armamentístico del país- ya mostraba un aumento en el precio de sus acciones: pasaron de 6.65 dólares a 31.50, en especial por las buenas perspectivas de ubicación que tienen productos como sus sistemas de radar y los misiles Tomahawk, cientos de los cuales fueron lanzados sobre Afganistán en las últimas dos semanas.
Las acciones de General Dynamics, cuyo punto fuerte son los tanques de acción rápida y los submarinos con misiles, subieron de 6.93 dólares a 82.90 dólares.
Esta compañía anunció el miércoles 17 ganancias por 230 millones de dólares para el tercer cuatrimestre, en el marco de un total de ventas por 3 mil millones de dólares. Raytheon obtuvo ganancia de 4 mil millones en el mismo período.
“Éste ha sido otro muy buen cuatrimestre”, dijo el presidente de General Dynamics, Nicholas Chabraja. E informó: “Hemos obtenido nuevos trabajos significativos en todos nuestros grupos de negocios”.
General Dynamics forma parte del puñado de empresas que marcaba el camino de la nueva guerra y que ahora está recogiendo frutos en Afganistán.
En una operación clave, esta compañía ubicada en Virginia, a pocos kilómetros del Pentágono, completó durante este cuatrimestre la adquisición de la división de sistemas de información integrados de Motorola, que ahora se llama General Dymanics Decision Systems.
“Decision Systems expandió ampliamente la base de nuestros negocios”, dijo Chabraja, en referencia a las grandes ventas que se esperan de los productos relacionados con “comunicaciones, informática, inteligencia y reconocimiento”, todas palabras usadas hasta el cansancio para explicar las características de la campaña estadunidense en Afganistán.
Y es que estamos “la comienzo de la sexta más grande movilización militar en la historia de Estados Unidos”, comenta el analista Loren Thompson, experto en defensa del Lexington Institute, centro de estudios conservador que actúa en la capital estadunidense.
Thompson recordó que el presupuesto de defensa para este año era de 296 mil millones de dólares, pero “antes de que termine, estaremos hablando de un presupuesto que sobrepasará con creces los 400 mil millones”.
Los amolde la guerra
Pero e salto no es sólo cuantitativo, sino también cualitativo. “Venimos de pasar ocho años de atrofia en la infraestructura de nuestras Fuerzas Armadas”, dijo Paul Nisbet, analista de la JSA Research Inc., según el cual la nueva guerra “está despertando a todo el aparato, y ésa es la razón por la cual las acciones de la firmas de defensa van tan bien, como no lo hicieron, en cambio, durante la Guerra del Golfo o de Kosovo”.
Éste es el nuevo mundo de Raytheon y General Dynamics porque “la naturaleza de la guerra ha cambiado y los viejos modelos de la industria ya no son relevantes para los conflictos de estos años,” explicó Jeff Bialos, exconsejero para la Defensa durante la administración Clinton.
Bialos recordó que Bush solicitó al Congreso apoyos por 40 mil millones de dólares para esta nueva guerra. Según él, no solamente los proyectos de avanzada tendrán su porción de los nuevos fondos reclamados por Bush, ya que “el ambiente se hizo más pesado para aquellos que quieren recortar programas armamentísticos, incluso aquellos que realmente merecen ser suspendidos”.
En ese marco, los ejecutivos de las firmas de producción de armamentos declinaros señalar cuál de todos los proyectos serán los más beneficiados, pero admitieron que llevan adelante intensas gestiones con funcionarios del gobierno para analizar las posibilidades de incrementar la producción en ciertos sectores, como los sistemas de vigilancia y los misiles Crucero.
Ya a mediados de septiembre, “nos pidieron que empecemos a proporcionar información en ciertas áreas, en especial las de vigilancia, reconocimiento, inteligencia y ataques de precisión”, dijo al diario Washington Post un ejecutivo que pidió mantener el anonimato a causa del secreto en que se desarrollan las negociaciones con el Pentágono. Según el empresario, “obviamente, ya estamos trabajando en esos sectores”.
Fuentes del Pentágono citadas en el mismo reporte del Post señalaron que Washington está especialmente interesado en hacer negocios con Boeing –especializada también en misiles de lanzamiento aéreo- y con la estrella de estos días, la Raytheon, obviamente para reforzar los suministros de los Tomahawk.
“Estamos listos para responder a cualquier requerimiento de emergencia, en cuanto se nos haga llegar”, anunció Dave Shea, portavoz de la Raytheon
También la Lockheed Martin Corp, el mayor contratista militar de Estados Unidos, se declaró listo para satisfacer las necesidades del gobierno, en especial teniendo en cuenta que sus aviones F16 son otra de las presencias estelares en Afganistán. “Estaremos en condiciones de cumplir con cualquier cambio en los requerimientos de la Defensa”, dijo el vocero de la Lockheed, James Festig.
Al momento en que el portavoz hacía sus comentarios, las acciones de la compañía –que tiene su sede en Bethesda, también en los alrededores de Washington- subían de 5.63 dólares a 43.95.
En su número de la semana pasada, la revista The Economist, una de las biblias del mundo de los negocios, afirmaba que la de la defensa es “la única industria a la que se puede ver frotándose las manos frente a las perspectivas” tras los atentados y con la llegada de la guerra. El informe que cada cuatro años prepara el gobierno de Estados Unidos sobre sus políticas de defensa “está siendo reescrito”, para dirigir los fondos hacia los recursos que permitan enfrentar “amenazas no convencionales”, como los ataques de septiembre, afirmó la publicación.
A Estados Unidos se sumaron varios países europeos, entre ellos Italia y Alemania, en el anuncio de mayores gastos militares. Para las empresas contratistas las cuentas serán más complejas y dependerán en gran medida de su diversidad. En este caso, los mercados ya hablaron: firmas como Raytheon, Northrop Grumman, Lockheed Martin y BAE Systems, que se dedican exclusivamente o casi exclusivamente a la defensa –algunos de ellos muy especializados en el nuevo sector electrónico-, vieron crecer el precio de sus acciones. Otras, como la europea EADS –cuyos ingresos dependen en 80% de la aviación civil- y la Boeing –con el 60% de operaciones civiles- vieron hacer el valor de sus acciones.
El cabildeo
Las compras propuestas por el Pentágono y los paquetes financieros que el presidente Bush reclama para comprar más armas tienen que ser aprobadas por el Congreso, y dentro del cabildeo para lograr la aprobación- uno de los más poderosos y, a la vez, mas silenciosos- General Dynamics, Lockheed Martin y Raytheon, tienen ventaja, pues ocupan los tres primeros lugares en la lista de mayores contribuyentes a las campañas de los legisladores estadunidenses el año pasado, en especial aquellos con puestos clave en los comités de Defensa y de Adquisiciones.
Según las cifras recolectadas por el CRP, los otros privilegiados de la nueva guerra, como Northrop, ocupa el quinto puesto BAE Systems el séptimo. Entre todos, los de la nueva y los de la vieja guardia aportaron 2 millones 600 mil de dólares a un puñado de legisladores, en su mayoría republicanos. En cambio, se cuidaron especialmente de no dejar rastro de aportaciones en efectivo a las campañas presidenciales.
La fina tarea de cabildeo tiene una razón de ser ineludible, que toma la forma de enormes desembolsos de dinero. Según datos recopilados por la organización no gubernamental International Action Center, el gobierno de Estados Unidos gastó ente 40 y 100 millones de dólares en cada día de los bombardeos sobre Yugoslavia. La suma de esas cantidades tuvieron beneficiarios especiales: durante 1998, la Lockhedd Martin obtuvo contratos del Pentágono por 12 mil 300 millones de dólares, Boeing por 10 mil 900, Raytheon por 5 mil 700, General Dynamics por 3 mil 700 y Northrop por 2 mil 700 millones de dólares.








