“Carmen” De Andalucía a Zacatenco

España ha producido tres grandes mitos en el sentido de figuras universales adaptables a todas las épocas y todos los países. A la Celestina, don Quijote y don Juan debe sumarse desde hace mucho tiempo a Carmen.

Año tras año hay representaciones operísticas, ballets, películas, teledramas que conservan lo esencial de su arquetipo y lo adaptan a las más diversas circunstancias. Por fin ha llegado nuestro turno. La Orquesta Sinfónica del Instituto Politécnico Nacional dirigida por Gabriela Díaz Alatriste acaba de estrenar la inagotable obra de Georges Bizet (1838-1875), ahora situada en la realidad mexicana de estos días.

Bajo la dirección escénica de César Piña, la Carmen Politécnica  respeta la música y el libreto originales. Se propone acercar a la comunidad estudiantil a la ópera y demostrarle que el género tiene mucho que decir y enseñar acerca de lo que ocurre aquí y ahora.

La plaza de toros de Sevilla se convierte en la Plaza Lázaro Cárdenas de Zacatenco. La taberna del segundo acto se transforma en un antro. Las montañas andaluzas se vuelven el cerro del Chiquihuite y todo termina no en el coso sevillano sino en el Estadio Olímpico de la Ciudad Universitaria durante un encuentro clásico entre los equipos de futbol americano del Politécnico y la Universidad.

La Carmen de 2012 no es una gitana sino una estudiante del IPN. Don José no aparece como un oficial vasco sino como un guardia del Poli. Hechizado por Carmen, renuncia a su cargo y se une a la banda a la que pertenece esta joven darketa. El torero Escamillo se transfigura en el quarterback de los burros blancos.

Las emperatrices y “La paloma”.

 

El éxito inconmensurable de Georges Bizet empezó paradójicamente con el gran fracaso de Carmen cuando se estrenó en París 1875. La mala recepción aceleró la muerte de Bizet a los 37 años. Unas semanas después la ópera se escenificó en Viena y empezó allí una carrera ascendente que no ha concluido en más de siglo y medio. Es tanto el poder de la música que la Carmen de Bizet ha sepultado casi por completo la novela que la inspiró.

Hay una tenue y oblicua relación entre Carmen y México. Para la célebre habanera del primer acto, Bizet empleó una melodía de Sebastián de Iradier, el compositor de “La paloma”, canción predilecta de Carlota que está para siempre asociada a ella. La idea de un pseudo imperio mexicano, apoyado por el ejército francés, provino de Eugenia de Montijo, esposa española de Napoleón III e hija de la señora que le contó a Prosper Mérimée (1803-1870) la anécdota en que basó su novela corta Carmen (1845).

Otra curiosidad: la Carmen del Poli está ligada a un grupo de chavos banda. Según el breve tratado de la lengua zíngara con que Mérimée concluye Carmen, el término romané chave se usa para designar a los jóvenes gitanos y en el argot de París se volvió romanichel.

En el Hotel Victoria

 

En 1906, a los 20 años, el rey Alfonso XIII de España se casó con Victoria Eugenia de Battemberg, nieta de la reina Victoria. Para celebrar el acontecimiento Madrid levantó sus dos grandes hoteles, el Palace y el Ritz, y un tercero menos lujoso. Llevó el nombre de la reina y se construyó frente a la Plaza de Santa Ana, junto a la Plaza del Ángel y a un paso del Callejón del Gato en cuyos espejos deformantes el Valle Inclán de Luces de Bohemia vio reflejada la realidad esperpéntica de España. (¿Qué hubiera dicho hoy de este nuestro México?)

El Hotel Victoria ocupa aún hoy después de su transfiguración el lugar donde estuvo la casa de Madame de Montijo, muy visitada por sus amigos Mérimée y Stendhal. Ambos escritores desarrollaron un inmenso cariño por las dos hijas de la condesa: Paca de 9 años y Eugenia de l0, quien más tarde gracias a  su enlace con Louis Bonaparte, el así llamado Napoleón III, se convirtió en emperatriz de Francia.

Otra inesperada conexión literaria: el día de las bodas reales llegó a Madrid un estudiante estadunidense de 21 años. Su nombre era Ezra Pound e iba a especializarse en Lope de Vega. A este muchacho le tocó atestiguar el atentado del anarquista Mateo Morral que mató a muchas personas pero dejó ilesos a los contrayentes. Pound abandonó de inmediato España y jamás quiso volver. De haberse quedado allí muy otra hubiera sido la historia de la poesía en el siglo XX.

El Hotel Victoria no compitió con el Palace ni con el Ritz. Se hizo el sitio predilecto de los toreros y de los recién casados provincianos. Ocupó un lugar central durante el sitio de Madrid (1936-1939). De ello dan amplio testimonio casi todas las novelas y memorias de la guerra, entra ellas las de Elena Garro, y otro tanto Piedra de sol: “Madrid 1937:/ en la Plaza del Ángel las mujeres/ cosían y cantaban con sus hijos,/ después sonó la alarma y hubo gritos,/ casas arrodilladas en el polvo…” Cómodo y  barato el Victoria fue después el sitio de arribo de los hispanoamericanos pobres hasta que llegó su transformación hacia 1990.  Antes de modernizarse el Victoria parecía detenido en el tiempo. Flotaba en sus recintos un aire como del 18 de julio de 1936. Ahora es un lugar como hay miles. Si pocos reparan en que Carmen salió de un texto de Mérimée deben de ser menos aun quienes la relacionen con madame de Montijo.

El poder salvaje

 

Es difícil encontrar alguien a quien no le encante esta  ópera. Por eso sigue siendo desconcertante la opinión de A. W. Raitt que en su biografía de Prosper Mérimée (1970) afirma: “Para apreciar Carmen en su verdadero valor, desde luego es necesario olvidarlo todo acerca de Bizet. Sean cuales fueren sus méritos musicales y dramáticos, en su esquema básico no es sino una visión castrada y petrificada del relato de Mérimée. Lo que escribió Mérimée tiene un poder salvaje que no puede igualar la adaptación pintoresca y convencional de Bizet”.

En el curso de un viaje arqueológico para localizar el sitio exacto de la batalla de Munda, la última librada por Julio César, el narrador sin nombre a quien podemos o no identificar con Mérimée, encuentra al bandido don José y más tarde, a orillas del Guadalquivir, conoce a la propia Carmen. El núcleo del relato es lo que don José cuenta al narrador mientras espera ser ejecutado por el asesinato de Carmen.

Don José es un oficial vasco a quien se encarga de llevar a prisión a la gitana. Fascinado por ella, le permite huir y por eso lo degradan y lo castigan. Entonces va en busca de Carmen, hiere por celos a otro oficial, deja todo para unirse a ella y se vuelve primero contrabandista y enseguida ladrón y asaltante. Los celos lo orillan a matar a otros dos hombres y por último a la propia Carmen al darse cuenta de que jamás podría ser sólo suya.

Carmen “era de una belleza salvaje y extraña, una cara que asombraba al pronto, pero que ya no se podía olvidar. Sus ojos, sobre todo, tenían una expresión a la par voluptuosa y fiera que no he encontrado después en ninguna mirada humana”. (Traducción de Enrique Díez-Canedo, Editorial Leyenda, 1946.)

La gitana le advierte a don José que ella es un demonio, trae la desgracia a quienes se le acercan y lo ha querido sólo por gratitud. Él le propone huir a América para llevar una vida honesta. Carmen, harta de sus celos, anhela recobrar su libertad. Cuando Carmen se enamora de un torero triunfante don José le ruega que lo deje salvarla y salvarse con ella. Carmen responde: “Me pides lo imposible. Yo ya no te quiero; tú me quieres todavía, y por eso quieres matarme.  Podría decirte una mentira; pero no quiero tomarme el trabajo. Todo acabó entre nosotros. Eres mi rom y tienes derecho a matar a tu romi; pero Carmen será siempre libre. Callí nació, callí morirá… Seguir queriéndote es imposible. Vivir contigo no quiero”.

Raitt termina su estudio biográfico con la afirmación de que las narraciones de Mérimée son producto de algo mucho más complejo que la maestría de la forma: dan testimonio de una concepción muy personal de nuestra humanidad: frágil, amenazada, incierta, contradictoria, en inútil lucha por controlar sus oscuras fuerzas interiores y mantener una pretensión de superioridad civilizada por encima de nuestras ocultas motivaciones e impulsos insospechados.  l

JEP