De Alfonso Huanosta Tera
Señor director:
Araíz de lo dicho por sus colaboradores Sabina Berman (Educación científica o religiosa) y Axel Didriksson (La verdadera reforma educativa), en artículos aparecidos en el número 1844 de Proceso, pongo a su consideración las líneas que siguen.
Respecto a la educación en México, Sabina Berman es contundente: “O creemos en la Biblia o creemos en la evolución de las especies. En México, o abrazamos dogmas religiosos o educamos en la ciencia. No puede haber de las dos, no son compatibles”.
En una época en que se está resolviendo el genoma de diversas especies vivas, incluida la humana; cuando sabemos cómo sustituir medios naturales para reproducir seres vivos; ahora que conocemos cómo está constituida la materia y cómo funciona el mundo submicroscópico; que hemos deducido leyes físicas (gravitación universal, conservación de la energía…) universales; que entendemos la química de una extraordinaria variedad de procesos; cuando comenzamos a entender cómo funciona el cerebro humano y se avanza en la creación de inteligencia artificial; ahora que el hombre está ante la opción de conquistar el espacio interestelar, y que, escudriñando sus confines, ha establecido cuál es el origen del universo y la edad que tiene; ahora que hemos cambiado las reglas que nos convertían en simples espectadores de los fenómenos naturales, resulta risible la pretensión religiosa, en México mayoritariamente la católica, de hacer creer que hay un ser superior, todopoderoso, un dios creador y regidor de lo que vemos y lo que somos, que hizo los milagros de resucitar a los muertos, de curar a los enfermos, de que el agua se convirtiera en vino, de que los panes se multiplicaran, etcétera.
Con el actual universo de conocimiento, se puede uno preguntar: ¿Realmente habrá alguien con la cabeza en su lugar que crea en la existencia de ese ser “todopoderoso, creador…”? En este mundo lleno de explicaciones, ¿dónde puede caber eso que las religiones llaman dios? No hay duda: Describir el origen de las especies fue un comienzo maravilloso; hoy en día vivimos en un mundo con un cúmulo de conocimientos avasallante: no hay lugar para dioses milagrosos, sólo para la ciencia.
Ahora, si alguien dice que el lugar de los dioses, su “existencia”, está en la literatura o en la poesía, perfecto, enhorabuena para los literatos. Pero que nadie quiera endilgarle a nadie, menos a infantes en proceso educativo, esa sarta de embustes con los que han sobrevivido y se han empoderado las estructuras religiosas.
Es preocupante observar que los actuales candidatos a la Presidencia de México no tienen propuestas que permitan avizorar un avance en materia educativa para el país. Sería interesante saber si los candidatos han leído los artículos que aquí se refieren y si tienen una opinión al respecto. Las anotaciones de los citados articulistas deberían ser de observancia obligada para los candidatos. En particular la propuesta de A. Didriksson: “Para ser secretario de Educación, no más improvisados y mediocres”. (Carta resumida.)
Atentamente
Alfonso Huanosta Tera
alfohuete@gmail.com








