Hace unos días los diputados panistas María Joann Novoa, Paz Gutiérrez Cortina y Óscar Saúl Castillo Andrade hicieron la propuesta de que se instituya en México el 25 de marzo como el Día del Niño por Nacer. Al final de sus consideraciones queda claro que su objetivo es que se reconozca el derecho a la vida desde la concepción, para impedir que se realicen interrupciones legales de embarazos. Al igual que la propaganda antiaborto de los grupos fundamentalistas, los diputados panistas que suscriben la iniciativa a favor de los “no nacidos” no distinguen entre un óvulo fecundado, un embrión y un feto, ni reconocen que todas esas formas de vida humana requieren de la mujer para desarrollarse y para que nazca un ser humano.
Si realmente les preocuparan las criaturas por nacer, los diputados panistas deberían proponer que los gobiernos estatales otorguen suplementos alimenticios para las embarazadas, así como servicios perinatales de calidad, incluyendo partos sin violencia. La celebración que impulsan tiene un tinte acendradamente antiaborto, como en todos los países donde se ha instaurado.
Vale la pena recordar qué fue El Salvador el primer país latinoamericano donde El Vaticano logró que se instituyera ese Día en 1993. A esa celebración aparentemente inocente le siguieron reformas dirigidas a cancelar el derecho de las mujeres a decidir sobre sus cuerpos. La legislación de El Salvador permitía el aborto cuando el embarazo era producto de una violación sexual, cuando la vida de la mujer estaba en riesgo y cuando se detectaba una malformación grave en el feto. En abril de 1997, por la presión de grupos católicos de derecha, se derogaron esas excepciones al aborto, aumentaron las sanciones por abortar y se introdujo el delito de “inducción o ayuda al aborto”.
El retroceso no quedó ahí. En febrero de 1999, como producto de una campaña masiva liderada por la Iglesia católica salvadoreña, se aprobó una reforma constitucional en la que se reconoce como persona al óvulo fecundado desde el momento de la concepción. Y también se introdujo la tipificación penal de “lesiones en el no nacido”, que penaliza a quien “cause lesiones o enfermedad a un feto, perjudicando su desarrollo o provocando una grave tara física o psíquica”. Así, lo que empezó como una celebración del “Día del No Nacido” desembocó en la eliminación de derechos.
La absurda estrategia antiaborto de El Vaticano está centrada en América Latina, donde se encuentra su mayor clientela. Durante la IV Cumbre Iberoamericana en Cartagena (junio 1994), el entonces presidente de Argentina, Carlos Menem, propuso a los presidentes latinoamericanos firmar una condena al aborto. Eran vísperas de la IV Conferencia de Desarrollo y Población de El Cairo, y el Vaticano tenía como objetivo impedir que se aceptaran los señalamientos formulados en las reuniones preparatorias sobre no penalizar los abortos. Aunque Menem fracasó en su propósito, recibió una carta de Karol Wojtlya agradeciéndole su iniciativa y poco después instauró el “Día del No Nacido” en Argentina. Esta celebración, fijada el 25 de marzo –día en que la Iglesia católica celebra la “Anunciación” a la Virgen María–, ya ha sido declarada oficial también en Costa Rica, Chile, Guatemala, Nicaragua y República Dominicana.
La bioética impide llamar “persona” a lo que nos plazca, y obliga a reconocer las etapas del desarrollo del embrión. De ahí se derivan, justamente, las reglamentaciones basadas en plazos. Los plazos límite para la realización de un aborto voluntario varían de las 12 semanas (como en la Ciudad de México) a las 20 semanas de muchos países, e incluso algunos fijan las 24 semanas; además, muchos países tienen regulaciones para abortos de tercer trimestre, cuando está en riesgo la vida de la mujer.
Bajo la estrategia de hablar de “niños por nacer” para referirse a embriones subyace la concepción del óvulo fecundado como un sujeto con derechos. El sentido último de dicha visión es impedir que las mujeres interrumpan embarazos no deseados y que la investigación científica experimente con embriones. Afirmar que, desde el momento de la concepción, el embrión tiene el mismo estatus (jurídico y moral) de un ser humano es un despropósito que tiene consecuencias negativas en las vidas de millones de mujeres.
Por último, hay una manera totalmente opuesta de interpretar la Anunciación y de celebrar el 25 de marzo. Mientras que la que proponen los diputados panistas niega la capacidad de decisión de las mujeres, la organización Católicas por el Derecho a Decidir ofrece una interpretación distinta del momento de la Anunciación. Ellas dicen que no hay que olvidar que primero el Ángel le pregunta a María si quiere ser madre. Justo ese detalle hace toda la diferencia. Por eso concluyen que decidir la maternidad es un derecho de toda mujer. Esta organización imprimió un cartel con la estampa del Ángel preguntándole a María y la leyenda: María fue consultada para ser madre de Dios. Decidir es derecho de todas. Aunque no me convence celebrar una creencia religiosa en el marco de nuestro régimen laico, de entrada prefiero que el 25 de marzo se vuelva el Día del Derecho a Decidir en vez del Día del Niño no Nacido o por Nacer.








