De Martiniano Martínez Reyes

Señor director:

Le agradeceré conceder un espacio en la sección Palabra de Lector a mis observaciones sobre el Partido Verde y su propuesta de prisión perpetua.
Antes que nada vaya una felicitación para Consuelo Durán Acosta por su madura opinión al respecto, contenida en una carta publicada en Proceso 1844, página 96, del pasado 4 de marzo.
La propuesta del Partido Verde, voceada por el diputado verde Leobardo Vidal, es una tomadura de pelo: Ni la pena de muerte ni la prisión vitalicia contribuyen a nuestra comprensión del problema de la violencia, mucho menos a su solución, porque las causas son múltiples y de diverso orden. Éstas sí deben atacarse, como lo aseguran, entre otros, los conocedores de las neurociencias; así lo hace, por ejemplo, la doctora Feggy Ostrosky-Solís en su libro Mentes asesinas / La violencia en el cerebro.
El código penal federal de 1931, modelo de todos los códigos penales de la República, preveía prisión de ocho a 13 años para el homicidio (artículo 307), de cinco a 20 para el secuestro (artículo 366), de uno a seis para la violación si la víctima era púber, y de dos a ocho años si era impúber (artículo 265).
Desde entonces y en diversas fechas esas punibilidades han ido en aumento sin que los problemas se hayan resuelto; antes bien, se han disparado. Si se hubieran atacado la corrupción y la impunidad de los servidores públicos, y se hubiera puesto coto a la demagogia de la mayoría de los políticos, el panorama nacional no sería tan desastroso como ahora lo observamos.
Finalmente, ¿qué garantía da el Partido Verde de que la prisión vitalicia resolverá el problema? ¡Ninguna! Dado que los recursos para alimentar a los sentenciados de por vida no salen de los bolsillos de los miembros del Partido Verde ni de los gobernantes, como tampoco para pagar el tiempo de televisión con mensajes demagógicos, el diputado Liborio Vidal continuará con su cantaleta hasta que la ciudadanía decida poner un alto a tanta manipulación.
¡El Verde está… muy verde!
Atentamente
Licenciado Martiniano Martínez Reyes