Hace un par de años, la crítica de artes plásticas Raquel Tibol, entregó a la Biblioteca Miguel Lerdo de Tejada, de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, un vasto y muy variado repertorio de materiales hemerográficos y monográficos, reunido a lo largo de más de medio siglo.
Ese trabajo lo había desarrollado junto con su esposo Boris Rosen, quien fuera uno de los más notables conocedores y estudiosos del siglo XIX mexicano.
Asiduo concurrente de esa biblioteca, debido a que en ella se conserva un amplio acervo de publicaciones hemerográficas de aquella época, Rosen creó poco a poco un vínculo con ese espacio, en el que él mismo recibió más de una vez reconocimiento por sus investigaciones sobre la historia política y cultural del país.
Por su parte, Raquel Tibol, fundadora y colaboradora de Proceso, también visitante frecuente de la Lerdo de Tejada aun antes de que ésta se llamara así y se encontrara en su domicilio actual: República del Salvador 49. Se llamaba Biblioteca de Finanzas de la Secretaría de Hacienda y se encontraba en el seno del Palacio Nacional. Allí trabajó Tibol a mediados de los años cincuenta, cuando redactaba el contenido del quinto volumen de la Historia general del arte mexicano.
Pero su relación con la Lerdo se ha extendido a lo largo del tiempo, y se intensificó a comienzos de los setenta –dos años después de que la biblioteca se mudara de Palacio Nacional al antiguo templo de San Felipe Neri– por un motivo relacionado también con su trabajo como crítica e investigadora de arte: los murales al fresco que el pintor ruso-mexicano Vlady realizó en la nave de lectura de la biblioteca entre 1973 y 1982, dos mil metros cuadrados que buscan recordar al espectador las diversas revoluciones que ha vivido la humanidad.
“Es una danza de colores y formas que vista global y superficialmente da una impresión de jocundidad, de algo floral –escribió ella en enero de 1977 (Proceso, 13), cuando Vlady entregó los primeros 600 metros cuadrados–. Su lectura es difícil. Deberá pasar mucho tiempo hasta que esa acumulación de símbolos, muchas veces torturados, entren al dominio del común. Pero la presencia misma de la gran decoración ha enaltecido el recinto. Su impacto es dignificante.”
Entre otras, estas son algunas de las razones que llevaron a Tibol a elegir esa biblioteca como depositaria de un legado compuesto por más de mil seiscientas piezas de impresos mexicanos y extranjeros (revistas, folletos, suplementos culturales, boletines) relacionados con la cultura y el análisis de los fenómenos sociales y políticos de nuestro tiempo.
Los materiales que lo conforman –debidamente ordenados y clasificados por Irma Celso García, y preparados para su encuadernación por Jorge Olvera, ambos del Departamento de Extensión Bibliotecaria– ya pueden ser consultados por el público. Lo que sigue ahora es el traslado de su registro a la base de datos general, como señalan José Ramón San Cristóbal, Director General de Promoción Cultural, Obra Pública y Acervo Patrimonial de la Secretaría de Hacienda, y Juan Manuel Herrera, director de la Biblioteca Lerdo de Tejada.








