“Traición”

Harold Pinter, con su obra de teatro Traición escrita en los setenta, propone un juego de tiempos que rompe con la linealidad y que ha servido de referencia a nuevas propuestas contemporáneas que incursionan con la fragmentación, la simultaneidad o la confusión del presente.

Traición en temporada en el Teatro Helénico y protagonizada por Marina de Tavira, Bruno Bichir y Juan Manuel Bernal, bajo la dirección de Enrique Singer, cuenta la historia de un triángulo amoroso que inicia con el final de la relación. Sabemos el término de la anécdota, pero el espectador se convierte en un testigo activo obligado a adivinar, deducir, descubrir las mentiras, las verdades o la ambigüedad en el hablar y comportarse de los personajes.

El realismo de Pinter resalta los claroscuros de los seres humanos y rompe con la idea de que en el escenario los personajes son sinceros y de una sola pieza. Armar el rompecabezas de la historia por parte del espectador es donde radica la tensión dramática de esta obra. Y esto lo permite la maestría con que el autor maneja el subtexto: lo que no se dice, los otros significados que las palabras expresan, lo que está detrás de un discurso, un problema, una situación. Por eso, los silencios, las pausas y las transiciones se convierten en Pinter en armas para transmitir emociones, disyuntivas y contradicciones. El silencio habla, piensa Pinter.

La analítica y penetrante dirección actoral de Singer y la capacidad de Bruno Bichir y Juan Manuel Bernal para complejizar sus personajes, permite dimensionar estas propuestas del autor, sobre todo en los momentos en que la relación se basa en la sinceridad confusa de los personajes, y no tanto cuando marcan y remarcan el fingir alegría o camaradería entre los amigos. Marina de Tavira crea una Emma poliédrica con múltiples niveles expresivos de sus sentimientos y de la forma de relacionarse. Sin duda, uno de sus mejores trabajos.

Traición está construida con nueve escenas y una introductoria que esta puesta en escena agrega aunque sea innecesaria. Aparentemente la trama va de atrás para adelante; es decir, inicia en 1977 y concluye en 1968 (nueve años), pero en realidad el autor la divide en tres momentos y se da la libertad de hacer escenas continuas y discontinuas. Las dos primeras escenas son lineales; después retrocede dos años, luego tres, hasta cuatro y ahí se detiene dos momentos más en ese presente que constituye el clímax de la obra,el mayor conflicto de la pareja. Finalmente regresa dos años atrás y otros más en una última escena donde vemos el momento en que él le declara su amor e inicia su relación secreta.

La puesta en escena que recientemente se estrenó cuenta con la escenografía de Auda Caraza y Atenea Chávez, basada principalmente en proyecciones que muestran virtualmente los espacios donde sucede la acción: una pared, una ventana, un tapiz. La propuesta es descriptiva, poco sugerente y con graves problemas en las transiciones de escenas que son resueltas con cambios de mobiliario constantes y en semioscuridad, lo que rompe el ritmo y ensucia la visual. El trazo escénico es atinado al comprometerse con la inmovilidad, los gestos mínimos, las actitudes casi imperceptibles que van definiendo a cada momento la situación en la que se encuentran los personajes.

El argumento de Traición está inspirado en la relación clandestina que el propio Pinter, Premio Nobel fallecido en 2008, mantuvo durante siete años con una periodista y presentadora de la BBC Televisión, Joan Bakewell, a quien la Reina de Inglaterra le otorgó el título de Dame en 2008 por sus méritos profesionales.

Traición, de Harold Pinter es una obra de teatro arriesgada que nos comprueba cómo el teatro hace que todos los tiempos se conviertan en un presente perpetuo donde la realidad es fragmentada y no sólo responde a lo verificable sino a nuestra construcción mental.