¿Cómo hacer para que la gente lea más historia? Y no por aquello de que quien la conoce evita repetir los errores del pasado, sino porque en realidad su conocimiento abre un abanico de opciones, basadas en la experiencia, para que los ciudadanos puedan opinar o tomar decisiones.
Éste es uno de los propósitos de 20/10 Proyecto de Reflexión y Difusión de la Historia, encabezado por el editor Carlos González Manterola, que luego de la edición de 20/10 Memoria de las Revoluciones en México, que constó de 10 volúmenes con tiraje 150 mil ejemplares por edición a lo largo de 2010, inicia una nueva empresa con 20/10 El Mundo Atlántico y la Modernidad Iberoamericana, dentro del cual se conmemorarán los 200 años de la creación de la Constitución de Cádiz.
El proyecto lo dieron a conocer sus creadores, el propio González Manterola; José María Portillo, coordinador general; Roberto Breña, coordinador académico, y Rafael Estrada Michel, catedrático de Historia del Derecho, el jueves 1 en la Casa de la Cultura Isidro Fabela (Casa del Risco), ubicada en la Plaza de San Jacinto, San Ángel.
Días antes, el también director general de G. M. Editores explicó a Proceso los pormenores de su propuesta, en la cual colaborarán especialistas como Robert Darnton y Bernard Bailyn de la Universidad de Harvard, Jürgen Habermas de la Escuela de Frankfurt, Brian Hamnett de la Universidad de Essex, Pedro Pérez Herrero de la Universiad de Alcalá de Henares, Annick Lempérière de la Universidad de París, Miguel León Portilla de la UNAM y Joséfina Zoraida Vázquez de El Colegio de México, entre otros.
Indicó que en las conmemoraciones del Centenario de la Revolución y el Bicentenario de la Independencia, se hablaba de uno u otro suceso, pero se “brincó” un siglo fundamental para entender a cabalidad la historia de México: el XIX. Al comenzar a reunir un equipo de especialistas para elaborar una serie sobre esa etapa aparecía constantemente la palabra “modernidad”.
Así, decidió indagar sobre el origen de ésta. Y la ubica en dos momentos: El siglo XVI, con el Renacimiento, y la Ilustración, que “desencadenó los cambios tan importantes en Occidente y después en México y América Latina”. Al segundo da un peso significativo. Se explica en el folleto que resume al proyecto:
“Bastó un siglo para que Occidente se volviera moderno. Entre 1750 y 1850 ocurrieron las revoluciones que volvieron a los imperios, estados; a las monarquías, naciones; a los estamentos, clases sociales; a los súbditos, ciudadanos; al orden divino, contrato social, y a la legitimidad, contitucional. La Ilustración pensó lo que las revoluciones llevaron a cabo. 1776 fue sólo el primer estallido. Aquel año, los colonos ingleses de Norteamérica se independizaron para ser libres.”
Y continúa:
“Al igual que ellos, en 1789, la nación francesa afirmó su libertad a través de un nuevo instrumento político: la constitución. En 1804 Napoleón Bonaparte se coronaba emperador, mientras los afrodescendientes de Haití declaraban, también para ser libres, su independencia. Desde 1808 el proyecto imperial de Napoleón se extendió a la monarquía española. Esta crisis desencadenó un inaudito proceso de creación de constituciones en el Atlántico hispano: entre 1810 y 1825, este fue el laboratorio político más creativo de la modernidad occidental.”
A decir de González Manterola, el proyecto –apoyado por la Teléfonica México– se apega a la corriente historiogáfica llamada Historia Atlántica, pues explica lo sucedido en ambos lados del oceáno como un conjunto: la independencia de Estados Unidos tuvo que ver con la revolución francesa y ésta con la invasión napoleónica a España, que a su vez se relaciona con el cuestionamiento de las colonias a tener un rey que no era el de España, sino hermano de Napoleón.
Es un círculo –agregó–. Sin embargo, las tradiciones locales han explicado sus procesos históricos desde sus propias condiciones. México, por ejemplo, relata su independencia como si la “hubiéramos hecho solitos” y apenas se mencionan, “casi en el aire”, a la Ilustración francesa o a Voltaire. Pero en todo el mundo Atlántico hubo cambios, “los más famosos, que son los puntos de referencia más importantes, son evidentemente la revolución francesa y la independencia norteamericana”.
El proyecto se cuestiona también: ¿qué aportaciones hizo nuestra región a Occidente?, ¿hubo una Ilustración propia de los países hispanos?, ¿cuáles fueron las ideas políticas que animaron a las primeras constituciones latinoameicanas?, ¿qué grupos quedaron excluidos de la vida política?
“Cuando nos planteamos el tema y platiqué con los especialistas, me hablaban con mucha soltura, con mucho desenfado, de la modernidad y del liberalismo latinoamericanos. Yo decía, ¿cuál modernidad latinoamericana? Ambas palabras te sugieren la solución de problemas políticos, sociales, económicos que no exactamente hemos vivido en América Latina.”
Porque, a decir del editor, no se puede creer que las revoluciones del mundo atlántico fueron “bondadosas” como en Estados Unidos y Europa, pues para el caso latinoamericano trajo consecuencias lamentables a grandes grupos sociales como los indígenas, los negros, las castas.
Historia obligada
Tras las revoluciones se estableció un nuevo paradigma de organización social, política y económica. Su expresión en el papel fue, para el caso de Iberoamérica, la Constitución de Cádiz, promulgada el 19 de marzo de 1812. Para su redacción se convocó “por primera y única vez” a los representantes de los virreinatos y capitanías de América y no únicamente a los españoles peninsulares, destacó Manterola en la Casa del Risco, y subrayó:
“Tras esta primera experiencia liberal, los americanos continuaron debatiendo, de tal manera que América Latina ha sido el laboratorio político más prolífico de Occidente en cuanto a la redacción de constituciones.”
Le parece importante evocarla no sólo porque cumple 200 años, sino también porque en su opinión 2012 “es un año muy delicado para el proyecto liberal occidental”. Recordó las crisis financieras de Estados Unidos y cómo ahora las está padeciendo Europa, la denominada zona euro:
“Siempre es importante escribir de historia, pensar históricamente lo que nos sucede, tener esa referencia para tomar no ‘la decisión adecuada’, pero sí tener opciones… Creo que en 2012 es particularmente importante retomar el paradigma original del liberalismo occidental. La caída del sistema financiero norteamericano, a mí particularmente, me sabe a una especie de caída del muro de Berlín del capitalismo. De repente aquello se pervirtió, echó a perder economías, patrimonios, credibilidades, instituciones fundamentales de Occidente, los grandes bancos, el Tesoro de los Estados Unidos, la presidencia de Norteamérica, los negocios de Bush o no Bush, en fin.”
Y todo evento de la actualidad tiene referentes históricos. Citó aquí a John Tosh, autor del libro Why History Matters? (¿Por qué la historia importa?) y narró que el libro fue escrito luego de que en un discurso ante el Congreso de Estados Unidos, tras la invasión a Irak, el exprimer ministro británico, Tony Blair, anunció que se instauraría un gobierno apoyado por las fuerzas norteamericana e inglesa y destacó que era un hecho sin precedentes históricos:
“La Academia Inglesa entera se paró de manos y le dijo, ‘no, bueno, no sólo tenemos algo parecido, en 1914 invadimos Irak, lo bombardeamos y pusimos un gobierno iraquí que falló, ¿cómo no va a haber antecedentes?’ De ahí se echa a andar este señor Tosh para decir la importancia que tiene la historia y acuña el término historical thinking (pensamiento histórico).”
El desafío más grande para González Manterola es lograr que la historia sea más atractiva para la gente. De ahí que el proyecto será multimedia. Se editarán cinco libros: Las revoluciones atlánticas, Los proyectos ilustrados, Crisis y recomposición de los imperios, Orígenes del constitucionalismo y La formación de las naciones. Ya se publicó además una versión facsimilar de la Constitución de Cádiz.
También se prevé un sitio electrónico (2010historia.com) donde 20/10 publicará sus contenidos y estarán a disposición de los usuarios de manera gratuita no sólo los textos e imágenes sino también grabaciones en audio y video de coloquios, entrevistas, documentales y programas televisivos y radiofónicos que se producirán en torno al proyecto. Se hará uso de las redes sociales (Facebook y Twitter) y habrá materiales para Kindle e iPad. Asimismo se realizará un congreso durante tres días en la ciudad de Cádiz.
“El proyecto tiene, evidentemente, el análisis histórico de última, por decirlo de alguna manera, o sea, la puesta al día, lo último que se está publicando sobre estos procesos del siglo XVIII en el Atlántico, con una nómina de académicos realmente fuera de lo común (más de 200 pensadores e historiadores de América Latina, España, Estados Unidos, Inglaterra y Francia), pero eso no basta para que la gente realmente lea historia.”
Ya se ha avanzado con algunos textos, por ejemplo uno de Francisco Gil Díaz, exsecretario de Hacienda y Crédito Público, que a decir suyo permitirá a la gente pensar el pasado a partir de lo que dice alguien que aplicó políticas públicas con ese paradigma:
“Ver cuál es el origen y si tiene que ver con lo que se planteó en un principio en el liberalismo, en la versión de Francisco Gil, quien suele parecer muy riguroso pero tiene ideas muy claras sobre su origen: Adam Smith, David Hume, John Locke, toda esa reflexión sajona.”
El punto de vista de Gil Díaz, agregó, es muy particular y diferente de cómo ven al liberalismo los expresidentes Luiz Inácio Lula da Silva o Fernando Henrique Cardoso de Brasil, Felipe González de España, Jimmy Carter de Estados Unidos, Mário Soares de Portugal o Enrique Iglesias, exdirector del Banco Interamericano de Desarrollo:
“Lo que más quisiera yo es que la gente tomara un libro y leyera por lo apasionante que es la lectura y lo apasionante que es la historia. El pasado es un repositorio de la condición humana, de tramas, pasiones, dignidad. Es un repositorio de una gran riqueza de la cual echamos muy poca mano.”
Hay tantos temas en los que la historia puede aportar información de primera mano, consideró: lo que está pasando con los candidatos en la República, la economía, la seguridad nacional.
Otro de sus propósitos es colocar de nuevo a México en el escenario de las grandes reflexiones sobre los temas latinoamericanos, recuperar el papel que tuvo hasta la última década, “a pesar de que lo impide este país o las autoridades que tenemos actualmente, por su falta de interés”.
En este sentido lamentó que a México le sea tan ajeno el liberalismo, lo cual hace más sorprendente que “un piquete de liberales como Juárez, Lerdo, Altamirano… ganaran en medio de un país de conservadores:
“Somos un país profundamente inmerso en su pasado y terriblemente ignorante de su historia. En pocas palabras no sabemos quiénes somos, ahí viene el problema serio de la identidad de México, porque esencialmente somos pasado.”








