Especialista en arte y epigrafía mayas, el historiador Erik Velásquez García ha investigado desde hace tiempo los jeroglíficos de esta antigua cultura y por ello dice, con toda certeza, que la idea del fin del mundo es ajena al pensamiento maya.
“Al menos al pensamiento maya prehispánico del periodo clásico, la época que va del 250 al 900 d.C. No hay ninguna descripción jeroglífica que siquiera sugiera o insinúe el concepto, por el contrario, el tiempo es profundo hacia el pasado y profundo hacia el futuro.”
No existe tampoco la idea del fin del calendario, cambios en la conciencia humana o fin de una era, todo es un mito de la modernidad. El mito, sin embargo, ha generado toda una industria a su alrededor que va más allá de los paquetes turísticos. La gobernadora de Yucatán, Ivonne Ortega, presume de la existencia de cerca de 3 millones de sitios en la red y difundió un programa de Discovery Chanel:
“¡Ah sí! Miles de sitios, de libros New Age (comenzando, dice, por el de Frank Waters, quien inventó que acabaría el quinto Sol y vendría el sexto), y de negocios redondos; programas de televisión amarillistas, y búnkers donde cobran 50 mil dólares por salvar la vida. Es un negocio redondo, la industria del fin del mundo. Pero es un negocio completamente capitalista, de los tiempos modernos, no tiene absolutamente que ver con el mundo prehispánico.”
Explica que los mayas tuvieron varios sistemas calendáricos simultáneos, cuentas de tiempo de diferentes periodicidades. Una de ellas se conoce como la cuenta larga, y es un cómputo ininterrumpido de días. No tuvo principio ni tendrá fin y “no hay en las escrituras mayas algo que diga principio de la cuenta larga, ni fin, lo único que tiene son periodos dentro de la cuenta larga, ciclos menores”.
Uno de esos periodos, prosigue, se llama baktún y equivale a unos 400 años, un poco menos, tiene 144 mil días. La cuenta larga se divide también en segmentos más grandes, tienen una duración de 5 mil 125 años. La última vez que se terminó un segmento así y comenzó uno nuevo fue el día 13 de agosto de 3114 a.C.
Para los antiguos mayas, los elementos que componen el mundo y el universo han existido siempre, pero cada cierto tiempo los dioses los reordenan. Entonces el año 3114 a.C., “es el origen de nuestra reordenación, donde vivimos nosotros, y es una fecha mítica de la religión maya, está expresada como la completación de 13 baktunes.
“Lo que va a suceder 5 mil 125 años después, en diciembre de 2012, es el complemento de 13 baktunes. Es un aniversario, pues, del ordenamiento inicial o de la creación, un jubileo, pero no hay ninguna inscripción que diga ‘fin del mundo’ ni ‘cambio de conciencia’, nada de eso que han inventado.”
Destaca entonces que en todas las inscripciones jeroglíficas mayas que se conservan, que son como 5 mil, nada más una menciona esa fecha, como el complemento de 13 baktunes. Es la que se conoce como el monumento 6 de Tortuguero, un sitio arqueológico de Tabasco, ubicado en el municipio de Macuspana (afectado por la explotación de minas de arena, según algunos medios).
Aclara, además, que fue en el siglo VII cuando, al hacer un templo, el gobernante de Tortuguero, Balam Ahau (Señor Jaguar), pidió que se decorara con una inscripción que rememorara el aniversario de la creación, “por eso se remite a tiempos futuros”, no al fin del mundo. De hecho, agrega que hay otras inscripciones referidas a tiempos muy posteriores a 2012.
Se le comenta que no obstante se ha aclarado que es un mito, el propio Instituto Nacional de Antropología e Historia se ha sumado a las actividades de 2012, organizadas con base en esas ideas, cuando además es una institución académica y de preservación del patrimonio, no de promoción turística:
“Porque representa una gran oportunidad para el turismo en México de atraer gente, llenar los hoteles, promocionar la imagen de México. No van a dejar pasar esta oportunidad la Secretaría de Turismo y esas dependencias.”
Relata que en 1999 fue a Cancún a dar un curso al Museo Arqueológico y desde entonces estaban agotándose los cuartos de hotel para diciembre de 2012, entonces “es una oportunidad como nunca se había dado a través de esta cuestión nebulosa: El INAH no se atreve a decir ‘fin del mundo’, pero tampoco se atreve a desmentir, si lo hace se le acaba el negocio de atraer realmente recursos y abrir fuentes de empleo y regenerar la economía en el sureste mexicano, en la llamada Riviera Maya”.
Para él es lo positivo: Que cuando menos mucha gente tendrá un empleo, aunque sea temporal y trabajando de botones en los hoteles. Aunque por desgracia no se está difundiendo el conocimiento serio académico y científico de la cultura maya, a los medios, dice, sólo les interesa el morbo, que los especialistas les aclaren si hay o no fin del mundo.
Cuando pase la fecha y no haya pasado nada, avizora, vendrá una ola de desprestigo contra los mayas, pues se dirá: “¿No que se iba a acabar el mundo? Se equivocaron esos mayas, esa bola de indios ignorantes, también los mayistas están mal, dijeron que los mayas habian predicho el fin del mundo y no pasó nada”.
“Pero es que los mayas no han dicho nada –insiste–, todo se basa en las calumnias que la ideología new age y el mundo contemporáneo les están haciendo a los mayas antiguos.”








