Mireya Cueto, Medalla de Bellas Artes

Un reconocimiento a Mireya Cueto por sus 70 años como titiritera. Pionera de los títeres en México, perteneciente a una familia de titiriteros, artistas plásticos, reinventores de la realidad. Mujer incansable, vital y siempre comprometida con el público infantil, recibió el jueves pasado la Medalla de Bellas Artes en el teatro Orientación del Centro Cultural del Bosque, al mismo tiempo que se presentó el libro Época de oro del teatro guiñol en Bellas Artes, donde ella es una de las protagonistas.

Muchos amigos, seguidores y admiradores se reunieron para agradecerle y reconocerle su labor. Para Mireya Cueto, “el valor más importante que encierran los títeres es la exaltación del imaginario infantil en su estado más natural”. Y ella ha pretendido a lo largo de su carrera reflejar las emociones más íntimas del ser humano a través de la risa, el temor o la risa de los títeres.

Su primer títere lo construyó para la SEP a los 15 años, cuando participaba con sus padres Lola y Germán Cueto en el grupo Teatro del Muñeco Guiñol de la SEP en 1933. Luego creó su propia compañía, Teatro de títeres y actores Tinglado con su hijo Pablo Ridgell en 1981 y a la fecha mantiene vivo su grupo Espiral.

En su obras La boda de la ratita y más teatro, Cuentos y la cigarra, el chapulín y la hormiga, Viajes de Ozomatli y Don Armadillo por la que obtuvo el Premio de Literatura Infantil Juan de la Cabada 1978, entre muchísimas otras, muestra su afán por considerar la inteligencia de los niños y su intención de transmitir mensajes, reflexiones o apreciaciones, que van más allá de lo obvio o de lo que pueden enseñarles en las escuelas o en sus casas. A través de sus muñecos ella da a los niños llaves para desatar lo que ata su emotividad y lo que limita su creatividad. Porque para ella el teatro de títeres es un trabajo que inicia en la elaboración de ellos, en el trabajo artesanal que implica y las posibilidades que da el ir inventando las historias con el contacto y la evolución de un personaje. Tenemos, por ejemplo, su títere Nasrudín, el narigón, cargando de sabiduría inspirada en la filosofía sufí, y a través del cual mostraba caminos entre bromas, chistes y muchas risas.

Mireya Cueto obtuvo, entre múltiples reconocimientos, los premios Antonio Robles, Rosete Aranda del Museo Nacional del Títere en Tlaxcala, y en el 2006 el Gorgorito de España.

Entre sus montajes significativos están Leyenda de los Soles (Nahui Ollín) en teatro de sombras; San Juan de la Cruz, poeta místico que presentó en 1994 en el Festival Internacional de Títeres de Bilbao, España; y en 1995, la atractiva propuesta llena de ingenio Perséfone,dirigida por Juan José Barreiro, talentoso titiritero que en paz descanse.

Sus publicaciones son múltiples: teatro, narrativa o investigación, pero interesa resaltar su libro Apuntes sobre la experiencia artística, donde plasma sus reflexiones profesionales, comenta la obra de sus padres, analiza los cuentos de Bruno Bettelheim, el teatro clásico de marionetas y los espectáculos de sombras de China e Indonesia, defiende la libertad lúdica, la magia y el poder de los títeres y comparte sus divertimentos más famosos.

Mireya Cueto, a sus 90 años de edad, mantiene ese optimismo de siempre. Sus títeres son como un espejo donde los niños se pueden mirar y abrirse caminos a la libertad interior. El teatro de Mireya Cueto es un salto de felicidad, un clavado al mundo del juego y la fantasía.